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Gloria para Alonso en Le Mans tras una lección de pilotaje con el Toyota

Fernando Alonso
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Fernando Alonso

Pasadas las tres de la madrugada, mientras los mecánicos luchaban contra el sueño y la fatiga, saltó la comunicación de radio en el ‘box’ de Toyota. “Decidme si queréis otro relevo, ¿eh?, porque tengo el ritmo de la noche”. El tono de Fernando Alonso aparentaba más normalidad que cansancio, más franqueza que soberbia. Así que los ingenieros de la marca japonesa, estupefactos, tardaron en reaccionar. Lógicamente, todo siguió el plan previsto y Sebastien Buemi se subió al TS050 Hybrid, el coche que Fernando Alonso había hecho volar, rumbo a la gloria, en las 24 Horas de Le Mans.

Durante todo el fin de semana, en la tribuna Leonard, la 20 de la recta de meta, alguien reunió un tríptico con las banderas suiza, japonesa y española. Inmejorables presagios para Sebastien Buemi, Kazuki Nakajima y Fernando Alonso. El domingo por la mañana, sin embargo, un aficionado tomó su enseña rojigualda y bajó con ella a la segunda fila. Cuando pasó por allí Nakajima, nada más recibir la bandera a cuadros, la alianza hispano-nipona alcanzaba su cénit. Al otro lado del muro, en el ‘box’ de Toyota, Alonso apretaba los puños.

Se completaba, al fin, la segunda misión para la Triple Corona. Se trata de un paso hacia la leyenda de Graham Hill, demasiado solo hasta ahora en el Olimpo del Motor. Se desvanecía, al vigésimo intento, la maldición de Toyota, madre y creadora de un monoplaza arrollador. Únicamente el despiste final, a 96 minutos de la meta, enturbió la actuación global del Gazoo Racing. Pasó de largo Kamui Kobayashi cuando tocaba la manguera de la gasolina. El error en el repostaje aguó la emoción que merecían los casi 300.000 aficionados del Circuito de Le Sarthe.

Trabajo en equipo

En cualquier caso, el balance global para sus pilotos no admite más reproches. Nakajima abrió el telón el viernes con una ‘pole’ abrumadora (3:15.377) y lo cerró llevando el coche hasta la meta. Un verdadero gustazo tras su dramático adiós en 2016. Buemi, el más cuestionado tras su error de medianoche en una ‘slow zone’, se apuntó la vuelta rápida (3:17.658) en los albores para culminar la remontada en la matinal del domingo. Y Alonso… Lo suyo pertenece a otra categoría. La de un genio aferrado a una convicción.

“Había que recortar la distancia sí o sí”, confesó tras su cátedra nocturna, desde la bajada a Tertre Rouge a los imprevisibles pianos de la Chicane Dunlop. Nada menos que 96 segundos en 43 vueltas ante el gran Mike Conway y el angustiado José María ‘Pechito’ López. La remontada más emocionante de los últimos tiempos en Le Mans. Una obra maestra de la que siempre quedará memoria de las 24 Horas.

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