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El socio del FC Barcelona se entrega en masa a Joan Laporta, nuevo presidente del club

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FRANCISCO CABEZAS – El mundo

El ex mandatario, gracias a un apoyo masivo, recupera una década después la presidencia del club azulgrana y borra del escenario el ideario ‘nuñista’. Supera a Víctor Font y Toni Freixa, segundo y tercero

«Me levanté y llovía. Fui a votar y salió el sol». Habrá perdido cosas por el camino, pero no la retranca. Joan Laporta, a sus 58 años y más de una década después de haber dejado la poltrona azulgrana (2003-2010) en busca de un sueño político que no fue, volverá a presidir el Barcelona. Con el 100% de los votos escrutados en unas elecciones en las que la pandemia no impidió una masiva participación (55.611 votantes, el 50,42% del censo electoral), Laporta cumplió con los pronósticos. Con 30.184 votos (el 54,28%), borró a Toni Freixa (4.769 votos, el 8,58%) y con él al tradicional poder del nuñismo, y dejó lejos a Víctor Font (16.679 votos, el 29,99%), engullido por la pulcritud de sus organigramas de power point y condenado por el apoyo psicofónico de Xavi Hernández desde Qatar. Quien sí salió a escena fue Leo Messi, aunque fuera simplemente ejerciendo su derecho a voto. Era la primera vez que lo hacía. Pero fue algo más que un gesto. A menos de cuatro meses de que concluya su contrato, no le servía cualquier candidato.

Los socios de este Barcelona arrastrado por la cúpula directiva y ejecutiva de Josep Maria Bartomeu a la miseria deportiva, económica, institucional y moral, con el Bartogate como decrépito fin de fiesta, han ofrecido el encargo del rescate a Laporta. Sin vacilar. Quizá recordando que bajo su presidencia el primer equipo de fútbol vivió los mejores años de su historia (12 títulos, incluidas dos Champions y cuatro Ligas). Del Barça de Rijkaard Ronaldinho pasó al de Guardiola Messi. Y también dejando a un lado el votante aquellos excesos de fin de trayecto que precedieron al largo dominio del bartorosellismo (2010-2020).

Laporta fue el candidato más eficiente en una campaña eterna y de perfil bajo. «Cero errores, cerro correcciones». Un mantra que trató de seguir al pie de la letra. Pero los comicios ya los había ganado. Lo hizo el mismo día en que desplegó una lona junto al Bernabéu que tapó a sus adversarios, convenció a a los escépticos y reafirmó a sus incondicionales. Pero ahora tendrá que demostrar que, más allá de su puesta en escena en los debates, puede ser también el mejor presidente en el peor escenario posible.

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Para imponerse en las urnas supo seguir al pie de la letra la campaña tramada por sus asesores, basada en una cuidada contención y el optimismo en los mensajes. Todo lo dijo con una sonrisa. Laporta se pasó cuatro meses recitando una y otra vez las mismas frases. Sin perder nunca ni el hilo ni la compostura. «Su capacidad para interiorizar, memorizar y recitar discursos es increíble», admite uno de los miembros de su equipo. Ello le sirvió para alejarse de posiciones extremas y arrimarse al centro, suprimir la tecnocracia de Font e incluso hacerse con votos de corte más ochentero y que en otros tiempos le hubieran repudiado. Laporta nunca cargó contra sus antecesores. Ni hizo leña de los escándalos judiciales, ni se recreó en los escándalos de Bartomeu, el martes en el calabozo, el domingo frente a la urna en el Camp Nou.

Convencido independentista y buen amigo del ex president Carles Puigdemont, si Laporta habló de política fue sólo para decir que su Barça «es el de todos». El imaginario político en la escenografía de la campaña fue nulo, sin banderas que no fueran las azulgrana y sin presencia pública de las asociaciones soberanistas. Si habló del área deportiva fue para dar confianza a los que ya están, no a los que podrían llegar. A Messi prometió convencerle para que no huya en junio. Aunque sea «con un asado». Laporta sólo tuvo que ser algo más explícito en el aspecto económico, anunciando una doble emisión de bonos que debería permitir al club poder pagar las nóminas en mayo. Con el fantasma de los fondos buitre siempre en la tramoya.

El votante quizá recordó que Laporta, en 2003, ya permitió la resurrección y posterior construcción del mejor Barcelona de la historia. Era aquel un club que entre Joan Gaspart y Enric Reyna tambien habían dejado al borde de la bancarrota. Aunque existen diferencias. Antes de que los lazos del entorno se resquebrajaran y se diera inicio a nuevos años de lucha subterránea por el poder, Laporta había activado aquel círculo virtuoso con Ferran Soriano -de quien Víctor Font es heredero- o Sandro Rosell -cuyos postulados recoge Toni Freixa-. Los principales compañeros de viaje de Laporta en esta nueva etapa serán su íntimo Rafael Yuste, llamado a volver a ser el vicepresidente deportivo, Mateu Alemany, quien fuera director general del Valencia y ex presidente del Mallorca que ahora se encargará del área ejecutiva de fútbol, o Jaume Giró, ex director general de la Fundación Bancaria La Caixa y en quien recaerá la responsabilidad económica de la entidad. Maria Elena Fort, la única mujer de su junta, será otra de las grandes referencias de su mandato. Fue directiva en el último mandato de Laporta y diputada de JxCat en la pasada legislatura.

«Ho tornarem a fer» [«Lo volveremos a hacer»]. A Laporta le inspiraron las palabras pronunciadas por Jordi Cuixart, presidente de Òmnium, en el juicio del procés. Tendrá tiempo para demostrarlo hasta el 1 de julio de 2026, fecha en la que expirará el mandato que abre una era.

Laporta, visiblemente emocionado en su trayecto hacia el Auditori 1899, pronunció un primer discurso como presidente electo en el que reclamó la unidad de todas las familias del barcelonismo. Él mismo ya se había abrazado a Víctor Font y Toni Freixa en una imagen inaudita en un club tan dado al cainismo. Recordó, por supuesto, a Johan Cruyff. Y cerró la noche homenajeando a Kennedy: “No os preguntéis qué puede hacer el Barça por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por el Barça”.

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