Deporte

Busquets coge sitio para disipar las dudas

El capitán, 123 partidos, regresa a tiempo para aportar su experiencia en el trascendental duelo ante Eslovaquia

España salta sin red al partido ante Eslovaquia, pero con la protección de Sergio Busquets. El capitán, recuperado del coronavirus y con varios entrenamientos a sus espaldas junto al resto del grupo, se perfila como una de las novedades en el once de Luis Enrique para el trascendental duelo que decidirá el futuro de la selección en esta Eurocopa. Llega justo a tiempo al último partido de la fase de grupos, un escenario donde se requieren más que nunca una experiencia y un aplomo que en el azulgrana abundan. Sus 123 partidos internacionales son su mejor aval. También, su convencimiento de que esta selección aún tiene mucha guerra que dar: «Estamos trabajando bien y con la seguridad de

que vamos a ganar, nos falta una pizca de suerte», afirmó ayer como acompañante de Luis Enrique en la rueda de prensa oficial. «Entiendo que haya dudas. He tenido la suerte de ganar torneos y varias veces nos la jugamos en los últimos partidos».

Busquets, que habla poco, no se prodiga en los medios ni en las redes sociales, e incluso con sus compañeros se expresa lo justo y necesario, le suelen delatar más los gestos. El pasado noviembre, con España jugándose el pase a la fase final de la Nations League, sufrió un golpe en la rodilla durante el partido ante Suiza en Basilea. Tuvo que ser sustituido en la segunda parte, y tras realizarle una primera exploración se determinó que tenía un esguince que le impediría jugar el último y decisivo partido ante Alemania. Luis Enrique habló con él y le dio libertad para marcharse a Barcelona. «Llevas muchos días fuera, vete a casa con los tuyos», le dijo. Busquets, sin embargo, prefirió seguir en la concentración y viajó junto al resto del equipo a Sevilla. Vivió en la grada el espectacular 6-0 a los germanos y participó de esa alegría.

Si algo ha definido su carrera es la solidaridad con sus compañeros, tanto en el campo como fuera de él. Y no es poca cosa para alguien que heredó el brazalete de capitán tras el bombazo de la no convocatoria de Sergio Ramos. Busquets garantizaba un relevo sereno y sin estridencias, aunque todo saltó por los aires tras aquella infausta noche de domingo en la que se conoció su positivo, un contratiempo que trastocó todos los planes de la selección a pocos días del debut, y que a él le mantuvo confinado en Barcelona hasta el día antes del partido ante Polonia. Nunca se sabrá hasta qué punto influyó todo ese episodio en lo que está ocurriendo ahora. Durante la cuarentena trabajó según los planes del preparador físico y se mantuvo en contacto a diario con Luis Enrique, un firme defensor de su labor oscura. «Yo es que veo a Busquets en el campo y me da tranquilidad», ha dicho en alguna ocasión el seleccionador, ansioso como el que más por tener cuanto antes al capitán. «Cuando era jovencito ya era muy maduro. Su presencia impone respeto en el vestuario».

Último campeón del mundo

Con la salida de Ramos, Busquets se convirtió en el único superviviente del Mundial de Sudáfrica. El último campeón del mundo en el equipo. De hecho, él fue uno de los señalados tras la derrota inicial ante Suiza, pero Del Bosque mantuvo la confianza en él hasta el final. Si en ese duelo fue sustituido a falta de media hora, en el resto jugó todos los minutos, incluidos los 120 de la final,

Once años después, corrobora el mediocentro los males que aquejan a España, esa falta de contundencia en las áreas que debe ser la primera tarea a corregir si se quiere continuar en la Eurocopa: «Tenemos que mejorar ante el gol, pero sería más preocupante que no creáramos ocasiones. Y hay que ser más contundentes en defensa». En ambas tareas, su aportación resultará fundamental.

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