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Cultura

Simone Signoret: su lugar en la cumbre

Simone Signoret
Simone Signoret
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Rosa BelmonteABC

La legendaria actriz, ganadora de un Oscar en 1960, nació mañana hace cien años

En los Oscar de 1960 Rock Hudson leyó las candidatas a mejor actriz. Su Doris Day por ‘Confidencias a medianoche’, Audrey Hepburn por ‘Historia de una monja’, Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor por ‘De repente, el último verano’ y Simone Signoret por ‘Un lugar en la cumbre’, del británico Jack Clayton, la única película no americana. En ‘La nostalgia no es lo que era’, sus conocidas memorias, Signoret recordaba esa noche: «Literalmente rugió SIMAUAUAUNE SIGNORAY… Ni puedo olvidar cómo corrí entre las filas, ni cómo subí la escalera de la izquierda, para recibir la estatuilla legendaria que, con derecho o sin él, por buenas o malas razones, te consagra por todo un año en esta capital del cine

como mejor actriz». El primer ramo de flores que recibió fue el de Katherine Hepburn.

Simone Signoret nació el 25 de marzo de 1921 en Wiesbaden (Alemania) con el apellido Kaminker (Signoret es el materno y se llamaba Simone por la fascinante actriz Simone Simon).

La familia se trasladó a vivir a París, a Neully-sur-Seine, y ella se crio en un ambiente culto, estudió inglés, hablaba alemán, enseñó latín y era mecanógrafa en el ‘Les Nouveaux Temps’, hasta que un día de marzo de 1941, con París ocupado por los nazis, descubrió el Café de Flore y una vida nueva. Con 20 años, dejó su trabajo en el periódico y lo cambió por el de actriz. Llegó a trabajar de extra con Marcel Carné en ‘Los visitantes de la noche’ (1942). En ‘Teresa Raquin’ (1953), con el mismo director, ya era una estrella. Había hecho ‘La ronda’ (1950), con Max Ophüls. Y más tarde llegaría ‘Las diabólicas’ (1955), de H.-G. Clouzot. Un infierno de rodaje.

Enamoramiento fulminante

A Yves Montand lo conoció el 19 de agosto de 1949 en Saint-Paul-de-Vence, en el bar de la Colombe d’Or, sobre las 20.30. Ella estaba casada con Yves Allégret y tenían una hija, Catherine. El matrimonio seguía a Montand, una de las grandes figuras del music-hall. Sin embargo, Montand no había visto ninguna de las películas de Signoret (le dijo que si hubiera visto antes ‘Manéges’, hubiese dudado en enamorarse de esa ‘puerca’). El enamoramiento fue fulminante. Cuatro días. «Todo ocurre en medio de ardientes lágrimas y hay que amarse mucho para arrancar y tomar ese curioso vehículo de dos plazas que es una nueva vida en común». Signoret y Montand también compartían su compromiso político. Firmaron en 1950 el ‘Manifiesto de Estocolmo’ y se les cerraron las puertas de América. Era un texto pacifista de no a la bomba atómica, pero se criticó que fuera de inspiración comunista. También consideraban indispensable salvar a los Rosenberg «y era indispensable despreciar a la gente que no quiso firmar» por el matrimonio de presuntos espías. E intentaron evitar los últimos fusilamientos de Franco.

No eran comunistas, aunque estaban de acuerdo en casi todo con ellos. «No entramos en el Partido porque a menudo nos aterraban sus posiciones culturales». El rollazo de las películas soviéticas («no veíamos ni rastro del genio soviético»). Les decían: «C’est si bon’ es graciosa, ¿pero no creen que tiene un ritmo muy americano?».

Por su compromiso político se resignaron a no ir a los EE.UU. «Qué lástima, no veremos nunca Broadway, nunca veremos bailar a Fred Astaire, no conoceremos a Henry Fonda». Pero sí. Cuenta en sus memorias Jane Fonda que conoció a Signoret en 1959 cuando acompañó a Montand en su espectáculo en Nueva York. Henry Fonda y Jane cenaron con ellos en el Algonquin y Simone miraba a Fonda con adoración. Al Tom Joad de ‘Las uvas de la ira’. Fue Simone Signoret la que introdujo a Jane Fonda en el activismo político.

Mujer inteligente

También conocieron a Marilyn Monroe. La primavera y el verano de 1960, Signoret y Montand eran vecinos de Marilyn Monroe y Arthur Miller en unos bungalows del hotel Beverly Hills. Montand y Monroe rodaban ‘El multimillonario’ (1960). El título original es ‘Let’s make love’. Y vaya si lo hicieron.

Simone Signoret, mujer inteligente, se queja en sus memorias de la prensa: «No hubieran encontrado ni rubia destructora de hogares, ni un hombre bello y tenebroso, ni un ratón de biblioteca, ni una admirable esposa replegada en su dignidad, que eran los personajes que se nos atribuyeron».

De la rubia decía que sólo la vio disfrazada de Marilyn en tres ocasiones. Y necesitaba tres horas. Todos los sábados por la mañana los pasaban juntas. La decoloradora de Jean Harlow iba al bungalow de Marilyn para tintarlas. A Marilyn, platino, y a Signoret, caoba. Monroe pedía a Signoret que le contara historias de actores. «Es posible que por vez primera en su vida encontrara este ambiente en Montand, y eso explicaría muchas cosas».

Murió Simone Signoret en 1985 a los 64 años de un cáncer de páncreas. Montand está enterrado a su lado.

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