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Revelan en Praga la existencia de un campo de trabajos forzados junto al antiguo monumento a Stalin

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Poco después de que los comunistas tomaran el poder en Checoslovaquia en 1948 tras el Golpe de Praga, las autoridades encargaron la construcción de un gigantesco monumento a Stalin, que con su más de 15 metros de altura y 14.200 toneladas de granito fue el más grande construido en homenaje al dictador fuera de la URSS.

Titulado oficialmente como «un monumento al amor y la amistad», fue inaugurado en 1955, dos años después de su muerte, en una colina estratégica con vistas al centro de la ciudad y demolido en 1962. Los investigadores siempre sospecharon que fue construido por cientos de miembros del denominado «ejército correccional» formado por personas «políticamente no fiables». Sin embargo, no se había encontrado ninguna prueba porque los rastros fueron borrados por completo antes de la inauguración oficial de la estatua.

Ahora, un equipo de arqueólogos liderados por Jan Hasil, del Instituto de Arqueología de la Academia Checa de Ciencias, está llevando a cabo una investigación antes de que se instale allí un lago artificial para el Parque de Letná en el que se enclavaba el monumento.

Los resultados, recogidos por la Radio Checa, han revelado la existencia de un campo de trabajo forzoso en el que residían aquellos que participaban en la construcción de la gigantesca escultura. Durante los preparativos para la excavación, Hasil descubrió los planos originales de la instalación de Praga y fotografías aéreas que confirmaban su existencia en los archivos del distrito municipal. «No ha sobrevivido casi nada. Este tipo de instalaciones, si eran liquidadas por el mismo régimen que las construyó, las autoridades tenían mucho cuidado de borrar cualquier rastro», ha apuntado Hasil al citado medio.

Voladura del monumento a Stalin en 1962

Los investigadores han determinado que allí se alojaron unos 120 hombres, en tres barracones de apenas 10 metros de ancho y 18 de largo. De acuerdo con ‘The Observer’, el diseño revela una plaza central, común a los campos de concentración de la época, para pasar lista diariamente, en un proceso que, según los historiadores, se utilizaba con frecuencia para intimidar y humillar a los reclusos. «Por lo que sé, las condiciones habrían sido más o menos las mismas que las de los prisioneros de los países occidentales que tenían los nazis», ha señalado al citado medio Hasil.

Otakar Švec, diseñador de este monumento a Stalin, horrorizado por su propia creación, se suicidó días antes de su inauguración oficial. La escultura se convirtió rápidamente en un lastre después de que Nikita Khrushchev, sucesor de Stalin como líder soviético, denunciara los crímenes de su predecesor. Finalmente, voló por los aires en 1962.

 

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