Cultura

Reabre en Roma la Domus Aurea con una exposición dedicada a Rafael

Las grotescas de la villa de Nerón inspiraron al artista en sus frescos de las logias del Vaticano

La Domus Aurea ha reabierto con una exposición de Rafael y las grotescas, y un nuevo ingreso mediante una pasarela, que ofrece la sensación al visitante de estar suspendido entre las ruinas de la grandiosa residencia de Nerón. Desde la entrada se desciende por la pasarela iluminada, que conduce hasta la legendaria sala octogonal, a seis metros de profundidad, la obra maestra de la arquitectura romana y de la suntuosa villa de Nerón, construida entre el 65 y 68 d.C., después del gran incendio de Roma en el 64. La pasarela, proyectada por el arquitecto Stefano Boeri, permite adentrarse en un ambiente sugerente, entre ruinas imperiales, no solo las de la faraónica residencia de Nerón, sino también

de las espectaculares Termas de Trajano. El primer emperador de origen hispano, que reinó desde el 98 hasta su muerte en el 118, las construyó sobre los cimientos de la Domus Aurea, para restituir esos terrenos al pueblo romano y hacer olvidar a Nerón y su residencia, que, por su grandes dimensiones y fastuosidad, pasó a la historia con el nombre de Domus Aurea (casa de oro).

Era mucho más que un palacio. La faraónica villa de Nerón incluía diversos edificios, jardines, bosques e incluso un lago. Entre sus salas, la más bella y espectacular era la sala octogonal, corazón de la exposición multimedia titulada ‘Rafael y la invención de las grotescas’, dedicada al redescubrimiento de la pintura antigua, enterrada en las ‘grutas’ de las ruinas olvidadas del inmenso palacio imperial de Nerón, y que salieron a la luz por primera vez en 1480. La exposición fue concebida para la celebración de los 500 años de la muerte del pintor renacentista, que tuvo que ser pospuesta por la pandemia.

La estrella de la instalación es la estatua ciclópea del ‘Atlas Farnese’, copia romana de mármol del siglo II de una escultura helenística, conservada en el Museo Arqueológico de Nápoles. Desde el globo de mármol del Atlas, parecen originarse imágenes astrológicas que se proyectan sobre la cúpula de la sala octagonal, girando como una bóveda celeste (se evoca así la hipótesis de un mecanismo de rotación original en la sala en tiempos de Nerón).

La proyección de las imágenes astrológicas en la cúpula se acompaña de música renacentista. Aquí el arte de Rafael y el palacio de Nerón se entrelazan en un viaje multimedia. Se juega con la animación tecnológica de monstruosas criaturas para comprender la influencia que ejercieron las famosas figuras ‘grotescas’ sobre artistas surrealistas como Dalí, Ernst, Miró y Tanguy.

La historia del redescubrimiento de las ‘grotescas’ comenzó casualmente cuando un joven romano cayó en una cavidad de la colina de Opio. Alrededor de 1480, algunos pintores (entre los primeros, Pinturicchio, Lippi y Signorelli) descendieron con la luz de sus antorchas para admirar las decoraciones pictóricas. Creyeron que eran frescos de las termas, pero estaban descubriendo, sin saberlo aún, las ruinas olvidadas del inmenso palacio imperial de Nerón.

En 1496 apareció por primera vez impreso el término ‘grotescas’, probablemente acuñado por los mismos artistas para definir estas figuras decorativas enterradas en las grutas o estancias subterráneas. Será el genio de Rafael, en la segunda década del siglo XVI, quien entendió a fondo la lógica de estos sistemas decorativos, que le inspiraron las pinturas grotescas de las logias del Palacio Apostólico en el Vaticano.

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