Cultura

La misteriosa desaparición de Connie Converse, el eslabón perdido de la canción americana

Connie Converse
Connie Converse
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Nacho Serrano – ABC

Fue una de las cantautoras más originales y ‘outsiders’ de la música estadounidense, que luchó hasta que el fracaso comercial y los prejuicios sexuales la llevaron a huir de Nueva York, desvaneciéndose sin dejar rastro en 1974: desde entonces nadie sabe qué fue de ella

En los años cincuenta, cuando Karen Dalton, Joan Baez, Norma Tanega, Judee Sill, Buffy Sainte-Marie o Joni Mitchell aún iban al colegio, la canción de autora en Estados Unidos tuvo una suerte de eslabón perdido con nombre propio: Connie Converse.

Nacida en Laconia (New Hampshire) en 1924, Elizabeth Eaton Converse era hija de un pastor baptista, y pronto demostró ser una estudiante modélica. Fue la primera de su promoción y ganó una beca académica para la Mount Holyoke University en Massachusetts, pero a los dos años lo dejó todo para perseguir sus sueños artísticos mudándose a Nueva York, donde se sumergió en la vida nocturna de los clubes de Greenwich Willage. Sus padres estaban destrozados por su decisión,

pero ella no cedió y empezó a escribir relatos cortos, a pintar cuadros y a grabar temas en su apartamento con una tosca grabadora en 1950. Su primera composición original fue ‘Down This Road’, inspirada en sus propias excursiones por carretera al más puro estilo Kerouac (quien publicaría ‘En el camino’ un año después).

En sus madrugadas de música y alcohol en los locales de música en directo del Village conoció a Pete Seeger, y también a un artista gráfico llamado Gene Deitch que quedó completamente fascinado con ella, que ya se hacía llamar ‘Connie’.

Aunque era un portento bebiendo chupitos, era extremadamente tímida y apenas hablaba de su vida personal. Aun así se hizo muy amiga de Deitch, quien poco después la invitó a pasar una temporada en su casa para grabar más canciones con un magnetofón. De aquellas sesiones, improvisadas en la cocina de su primer fan, salieron algunas de las tonadas más bellas del cancionero norteamericano como ‘Talking like you (two tall mountains)’, una pieza de poesía desbordante que transmite una sensibilidad afligida por la frustración y la añoranza del amor. Sus melodías y sus rimas, deliciosas e imaginativas, arrebatadoramente penetrantes, son el acompañamiento perfecto para esos días en los que se necesita una colleja para darle la espalda a la ansiedad.

Las grabaciones de otros temas como ‘Father Neptune’, ‘How Sad, How Lovely’, ‘Trouble’ o ‘I Have Considered the Lilies’, en los que reinterpreta la tradición country y blues con un notable nivel de sofisticación técnico (su ‘fingerpicking’ es soberbio), y cuyas letras plasman un talento insólito y genial para el costumbrismo, evidencian que Converse personificó una generación intermedia entre las artistas de canción rural de los años treinta y cuarenta, y las folkies urbanas que surgieron a mediados de los sesenta. Su ‘mecenas’ Deitch estaba convencido de que estaba ante una estrella, y peleó para brindarle oportunidades en el mundo del espectáculo. Consiguió que actuara en el programa de televisión ‘The Morning Show’ de Walter Cronkite en 1954, pero después se encontró con un muro de negativas entre los promotores de conciertos, que la veían poco femenina e incluso insinuaban que era lesbiana, teoría que su hermano Philip Converse daría por verosímil años después. En cualquier caso, Connie nunca pudo atenerse a las convenciones sociales, ni mucho menos a las mercantiles que imperaban en el mundo de la música. «Teniendo una personalidad compleja e introspectiva, siempre me ha resultado difícil darme a conocer», le diría a su hermano por carta en una ocasión.

Connie Converse

Connie no se encontró cómoda ni siquiera en el progresista barrio de Greenwich Village, que por entonces tan sólo empezaba a atisbarse como refugio para los primeros cantautores beatniks. Así que en 1961, frustrada por no haber llevado su carrera musical a ninguna parte, se marchó a Ann Arbour a trabajar con su hermano Philip en el departamento de Políticas en la Universidad de Michigan, donde publicó su primer trabajo académico, un ensayo sobre las relaciones internacionales estadounidenses en el Pacífico titulado ‘The Far Eastern Survey’. Según avanzaba la década de los sesenta, Connie se involucró en el activismo político e intentó escribir una novela, pero no pudo salir de la rutina burocrática universitaria mientras veía cómo la nueva generación de cantautoras arrasaba entre la juventud, lo que terminó haciéndola a caer en una terrible depresión. En 1974, una semana después de cumplir cincuenta años, escribió una carta a su familia, que decía: «Dejadme ir. Dejadme ir si puedo. Dejadme no ser, si no puedo. La sociedad humana me fascina y me asombra y me llena de alegría y de dolor; simplemente no puedo encontrar mi lugar para conectar». Tras echar el sobre en el buzón, hizo las maletas, cargó su Volkswagen escarabajo, cogió la carretera y desapareció. Para siempre. Nunca más se supo de ella, y aunque su hermano Philip cree que pudo suicidarse tirándose con el coche a un lago, muchos sostienen que se trasladó a lugares como Oklahoma o Kansas, donde se encontraron rastros de una tal Elisabeth Converse en las guías telefónicas.

Connie Converse

Medio siglo después de su desaparición, en enero de 2004, el periodista neoyorquino David Garland invitó a Deitch a su programa de radio Spinning On Air, donde reprodujo una breve grabación inédita de Connie llamada ‘One By One’. Aquello llamó la atención de los productores Dan Dzula y David Herman, que pidieron a Deitch que les dejase acceder a su colección personal y también contactaron con Phillip, el hermano de Connie, que tenía otras grabaciones sin divulgar, para reunir todo el material en un CD titulado ‘How Sad, How Lovely’, que fue publicado en 2009 con el sello Lau derette Recordings.

En 2015, otro sello creado ad hoc, Squirrel Thing (cuyo nombre está inspirado en la letra de ‘Talkin’ like you’), reeditó la colección en vinilo añadiendo un tema más (hasta 18), relanzando el mito de Connie y atrayendo la atención de muchas músicas jóvenes que hicieron versiones propias, como esta maravilla de Cat Clyde.

En 2014 la soprano Charlotte Mundy y el pianista Christopher Goddard grabaron ‘Connie’s Piano Songs’. Ese mismo año, el cantante británico Nat Johnson organizó un evento llamado ‘Connie Converse Tribute Night’ dentro del festival de cine y música Sensoria, en Sheffield, donde se estrenó un documental de 40 minutos sobre Connie, dirigido por Andrea Kannes y financiado mediante Kickstarter. Y en 2017, Tzadik Records publicó ‘Vanity of Vanities: A Tribute to Connie Converse’, un disco de versiones en el que participaron artistas como Mike Patton, Karen O, Jeff Tweedy o Laurie Anderson. Connie, que hoy estaría cerca de cumplir 98 años, sería muy feliz si supiese cuánto la admiramos. Quién sabe. Quizá esté viendo todo esto, desde algún lugar solitario entre dos altas montañas.

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