Cultura

La gran ilusión de Escher desembarca en Barcelona

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Una retrospectiva reúne en las Reales Atarazanas más de 200 obras del artista holandés

Las escaleras, ya ven, no suben o bajan, sino que suben y bajan, todo a la vez, y son al mismo tiempo ascendentes y descendentes, convexas y cóncavas, enredándose en una suerte de bucle infinito que salta de cuadro en cuadro y de grabado en grabado. «Mi obras en un juego, pero un juego muy serio», dejó dicho Maurits Cornelis Escher (1898-1972) en una de las muchas frases que salpican ahora las paredes de la Sala Grande de las Reales Atarazanas de Barcelona, escenario hasta el 26 de septiembre de la primera gran retrospectiva dedicada al artista holandés que puede verse en Barcelona.

No faltan, claro, esas escaleras que suben, bajan, juegan con la gravedad y confunden arriba con abajo, pero hay más. Mucho más. Hasta 200 obras que dan buena cuenta de la habilidad con la que el holandés desdibujó las fronteras entre arte, ciencia, naturaleza y geometría y se convirtió en uno de los pilares de la cultura pop del siglo XX. Esto último queda perfectamente encuadrado en un apartado final que, a modo de camión escoba, recoge la influencia de Escher en cine, música, cómic y diseño gráfico y en el que la huella del holandés aparece en capítulos de Los Simpson, una campaña publicitaria de Ikea, películas como ‘Origen’ y ‘Dentro del laberinto’, discos de Pink Floyd, videoclips de Red Hot Chili Peppers…

Antes de alcanzar tan reveladora coda final, sin embargo, hay que atravesar todas la membranas creativas del artista holandés; laberínticas capas de un universo en permanente transformación que empezó a cobrar forma a la vera del ‘art nouveau’ y de su maestro Samuel Jessurun de Mesquita y acabó enredándose en perspectivas infinitas, paradojas geométricas, asombrosas mutaciones y esferas reflectantes. «Sólo quienes intenten lo absurdo lograrán lo imposible», defendía un artista que, con un pie en la ciencia y el otro a las puertas del surrealismo, tuvo una suerte de revelación cuando visitó la Alhambra en 1936 y se entregó al estudio, meticuloso y concienzudo, de las teselaciones y las soluciones decorativas de la arquitectura islámica.

Ese flechazo granadino fue, junto con su formación en Italia y su fascinación por las formas geométricas y las superficies reflectantes, una de las piezas clave de un universo creativo que se manifiesta en Barcelona a través de dos centenares de xilografías y litografías y de una matriz original, una de las pocas que se conservan. «Su producción era muy limitada porque no tenía dinero. Cuando muere, casi todas las matrices desaparecen», explica el comisario de la muestra, Federico Giudiceandrea.

Metamorfosis

La exposición, que llega al Museo Marítimo de Barcelona tras reunir a 280.000 personas en Lisboa y cerca de 500.000 en Brasil, airea las pasiones científicas de Escher así como su amor por las leyes de organización molecular en el espacio y sus experimentos a partir de la idea de metamorfosis. Es así como surgen algunas de las piezas más espectaculares de la muestra, como ‘Metamorfosis II’, con ese tránsito pausado entre animales y un tablero de ajedrez; y ‘Verbum’, donde las teselas mutan en ranas, peces y aves.

En el apartado dedicado a las paradojas geométricas, se pregunta Escher si un suelo no puede ser también un techo, reflexión de la que nacen obras icónicas como el loop infinito de ‘Relatividad’, la absorbente cinta de Moebius de ‘Manos dibujando’, el ensalmo visual de ‘Cascada’ y ‘Belvedere’, la maestría del autorretrato de ‘Mano con esfera reflectante’…

Asombra también ‘Galería de grabados’, cuyo remolino central, ese enigmático nudo de perspectivas que dejó sin terminar en 1956, resolvió en 2003 el matemático Hendrik Lenstra. «Es muy difícil tener este elenco de obras, porque hay muy pocos coleccionistas de Escher», reivindica Jesús Rodríguez, director de Evolucionarte y de Arthemisia en España y responsable de una exposición a la que seguirán grandes muestras dedicadas a Chagall y Monet.

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