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«La cultura cristiana ha producido a los genios que nos contemplan, desde Dante hasta Victor Hugo»

Juan Manuel de Prada
Juan Manuel de Prada
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Jaime G. MoraABC

Juan Manuel de Prada valora en su nuevo libro las mejores obras de la literatura católica

Sostiene Juan Manuel de Prada que lo que hoy conocemos como literatura católica, hasta el siglo XIX era simple y llanamente literatura española. Solo en estos últimos doscientos años de la historia de la cultura es cuando la literatura católica ha pasado a convertirse en literatura de la resistencia. «Hoy es casi marginal, de hecho es una etiqueta que se usa con un cariz denigrante. Es algo aberrante y contrario al sentido de lo que ha sido nuestra tradición cultural –reflexiona–. Es empobrecedor. La cultura cristiana ha producido a los genios que nos contemplan, desde Dante hasta Victor Hugo. La desaparición del arte cristiano es una amputación fundamental».

En su nuevo libro, ‘Una biblioteca en el oasis’, el escritor y colaborador de ABC trata de advertir de los peligros de esta amputación. «Nuestra época es la primera que reniega de lo sobrenatural y las cuestiones espirituales, la primera que decide excluirlo de la vida pública, del debate intelectual y de la reflexión artística. En la literatura actual las cuestiones de orden religioso han dejado de abordarse, se esconden aun sabiendo que forman parte de nuestra vida. La realidad es que nuestra cultura siempre ha reflexionado sobre estos temas».

En los sesenta artículos del libro, publicados durante estos últimos cuatro años en la revista ‘Magnificat’, De Prada propone un particularísimo canon de literatura católica que incluye a todo tipo de autores, desde clásicos como Cervantes hasta autores contemporáneos como Flannery O’Connor, pasando por supuesto por el escritor católico por excelencia, Chesterton. Es el que más veces aparece en estas páginas: «Es el único escritor que en un contexto ya hostil mantiene cierto predicamento. Misteriosamente, porque es un escritor declaradamente católico. Es una especie de anfitrión hacia la cultura católica, aunque yo me identifico más con Leonardo Castellani».

Todos los autores clásicos –Tirso, Calderón, Lope, Quevedo, Góngora…– son escritores católicos, señala De Prada, «pero es absurdo hablar de ellos como tal porque el espíritu de aquella época era totalmente católico». Pero esa visión también se percibe en escritores como Joseph Roth, judío: «Escribió obras con una mirada católica sobre el mundo. Es algo muy interesante: se puede escribir literatura católica sin serlo. Esto plantea una visión muy bonita sobre hasta qué punto la visión católica es una visión universal».

Es decir, la conciencia de lo trascendental como algo que forma parte de la naturaleza humana: esa fusión entre lo espiritual y lo corporal que ha alcanzado en la literatura una de sus expresiones más gloriosas. «Quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural», decía Chesterton. De Prada propone su ‘Biblioteca en el oasis’ como «una suerte de templo improvisado donde podamos entablar coloquio con Dios». Al fin y al cabo, señala, ¿no tiene una biblioteca algo de religioso, no es un lugar donde el hombre puede encontrar abrigo en su andadura terrenal?

El autor de ‘Las máscaras del héroe’ añade que otra de las consecuencias de esta amputación de lo cristiano en el arte contemporáneo supone negar el drama. «Hasta la aparición de Cristo, si leemos a los maestros latinos o griegos, tenemos la tragedia y la comedia, pero no está presente el drama. La encarnación de Cristo introduce en la historia de las artes el concepto del drama: la lucha contra los instintos y las inclinaciones perversas, que a veces se logra y a veces no… Este es el misterio de la redención, la maravilla del ser humano: la libertad que uno tiene para elegir su salvación o su condenación».

Negar esta herencia, afirma, es algo «propio de majaderos». Su libro es un alegato por lo que considera que «es la gran aportación del cristianismo al arte: el drama, la razón de que el arte occidental haya sido durante siglos la expresión más elevada de la cultura humana». Hoy ya no se dice, asegura, y no solo eso: «Muchas cosas de las que suceden hoy tienen que ver con la supresión del drama». Por ejemplo la eutanasia: «Propone al ser humano amputar el último acto de la vida humana. La visión cristiana indica que la vejez y la enfermedad es la etapa decisiva, porque es cuando se resuelven todos los dilemas que se han planteado en las etapas anteriores, cuando se resuelve el camino que se toma. Es cuando se resuelve el drama. Es lo más propiamente humano: esa tensión que tienes con las contrariedades que se presentan en la vida. Es algo propiamente cristiano y artístico».

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