Cultura

Investigadores españoles logran descifrar cómo se elaboraba la preciada porcelana de la dinastía Ming

Expertos de las universidades de Barcelona y Toulouse han estudiado estas piezas con una nueva metodología basada en la luz de sincrotrón, que podría contribuir a dilucidar la tecnología de producción de otras cerámicas arqueológicas

La producción en China de su célebre porcelana azul y blanca se remonta al siglo VII, sin embargo, fue bajo la dinastía Ming, fundada en el siglo XIV por el emperador Zhu Yuanzhang, cuando se produjo un auge en su fabricación y sus piezas se exportaban a gran escala hasta el sudeste asiático, África oriental, Oriente Medio y Europa.

«Como en el caso de la seda, todo lo que rodeaba su producción fue siempre un secreto comercial muy bien guardado en el país asiático. Las porcelanas estaban consideradas como un artículo de lujo que daba un beneficio importante, no solo en el consumo propio sino como exportación. Los centros de producción cerámica eran muy importantes y estaban protegidos

por las diferentes dinastías y las autoridades», señala Josep Roqué-Rosell, experto de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Instituto de Nanociencias y Nanotecnología de la Universidad de Barcelona (IN2UB).

Esa ventaja competitiva guardada con sigilo «ha sido una constante con la cerámica a lo largo de la historia. Hay artesanos que tienen sus propios secretos de producción y de tecnología que les dan cierta ventaja sobre otros productores y sus piezas tienen unas características muy apreciadas. En el caso de esta porcelana era su color blanco y su pigmento azul, que era considerado raro y difícil de obtener», apunta este especialista.

Roqué-Rosell, junto con miembros de la Universidad de Toulouse (Francia) y el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, ha examinado, bajo la luz del sincrotrón ALBA, dos piezas encontradas en la antigua Ciudad Imperial en Pekín originarias de los reinos de Xenghua (1464-1487) y de Hongzhi (1468-1505), dentro del área de Jiangxi.

Reconstruir el pasado

Las piezas de cerámica son las más comunes de encontrar en los yacimientos arqueológicos. «Es un material muy estable y su abundancia nos permite ir más allá y no sólo ver cómo se ha distribuido geográficamente a lo largo de la historia sino también cómo ha sido producido; cómo se ha dispersado el conocimiento. En qué momento se ha ido transmitiendo», indica el principal autor del estudio, cuyas conclusiones se han publicado en la revista científica ‘Ceramical International’.

Para ello, han aplicado un enfoque que Josep denomina ingeniería inversa: «Ante la ausencia de documentación escrita u oral en los materiales de arqueología, una línea muy interesante que siguen en Toulouse es caracterizar estas piezas desde el punto de vista de la ciencia de los materiales para intentar deshacer el camino y entender qué proceso tuvieron que seguir para conseguir ese resultado final», precisa este especialista.

Siguiendo esa filosofía, los investigadores pensaron que, a partir de la caracterización de los pigmentos presentes en la porcelana china, se podía obtener una información muy importante para averiguar su proceso de producción. «Y ahí, una de las técnicas más avanzadas y adecuadas para estudiarlos es la espectroscopia de absorción de rayos X porque tiene mucha sensibilidad para registrar información química y estructural sin destruir la muestra», especifica Roqué-Rosell.

El trabajo determina la temperatura de cocción de los pigmentos de la porcelana y las condiciones de reducción-oxidación durante su producción

En este estudio «hemos tenido la suerte de contar con ALBA», apunta el experto. Se trata de la única fuente de luz de sincrotrón en España y se encuentra cerca del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona. «Está muy bien equipado y funciona muy bien, especialmente en la línea de absorción de rayos X -prosigue-. Pudimos estudiar directamente la cerámica bajo los rayos x de ALBA y cartografiar químicamente su decoración».

Precisión y altas temperaturas

Esta investigación resulta innovadora por una doble aproximación. «No solo se limita a los pigmentos, sino que también hemos podido analizar la matriz vítrea que los sustenta y hemos podido desvelar en qué condiciones fueron producidas las cerámicas», aclara este especialista.

Así, el estudio ha podido determinar que las distintivas decoraciones azules se conseguían con una única cocción que alcanzaba alrededor de 900 Cº, por lo que l0s hornos podían llegar hasta los 1.200-1.300 grados centígrados. «Lo interesante es que esas altas temperaturas necesarias para producir este tipo de cerámica requerían, ciertamente, de hornos muy especializados y un control de las condiciones de cocción muy preciso», puntualiza Roqué-Rosell.

Los datos obtenidos han permitido también esclarecer un debate acerca de esas condiciones. El proceso requiere una combustión que consume oxígeno. De acuerdo con la configuración del horno, éste se consume en su totalidad (condiciones reductoras) o bien cuenta con una ventilación y canalización de aires que permiten la circulación de este elemento químico (condiciones oxidantes).

Mientras unos expertos mantenían que existía un ambiente reductor, esta investigación ha podido precisar que había procesos marcadamente oxidantes en los hornos, gracias la luz de sincrotrón. Su sensibilidad ha permitido determinar el estado de oxidación del hierro de la matriz, que se encuentra mucho más diluido que en los pigmentos.

Transmisión de conocimiento

Roqué-Rosell cuenta que seguirán esta línea de investigación abierta sobre la porcelana china en otros períodos históricos: «La idea es ver cómo se ha trasmitido el conocimiento de los ceramistas. A través de estudios de ingeniería inversa podemos ver cómo esa tecnología se fue propagando a través de la geografía y a lo largo de la historia. De esta manera, se pueden entender los contactos que se establecieron entre las diversas culturas en diferentes momentos, porque cuando ha habido transmisión de conocimiento en el tiempo y en el espacio quiere decir que ha habido movimiento de personas».

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