Ciencia

«Soy astrobióloga y en una conferencia me pidieron una cerveza»

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Judith de JorgeABC

Explicaciones innecesarias, reuniones a las que no son convocadas e infantilización. Jóvenes investigadoras que destacan en campos tradicionalmente masculinos revelan cómo los estereotipos y prejuicios sexistas todavía se cuelan en las carreras científicas

En los comienzos de su carrera como bioquímica, la gran Margarita Salas tuvo muchas dificultades para abrirse camino. «Me ignoraban. Era invisible, me sentía muy discriminada», se lamentaba años después, recordando cómo sus colegas charlaban con su marido, el químico y biológo molecular Eladio Viñuela, sin que a ella le dirigieran la palabra. Nada sorprendente en la sociedad española de los 60, para la que una mujer en un laboratorio era una rareza, algo exótico. Hasta su director de tesis, Alberto Sols, admitió con el tiempo su escasa fe en que pudiera sacar los proyectos adelante… porque era una chica.

Desde entonces, la presencia femenina ha aumentado notablemente en las facultades de ciencias, aunque aún es anecdótica en

algunas carreras técnicas, y se ha abierto paso en ámbitos profesionales tradicionalmente masculinos. Con motivo del «Día de la mujer y la niña en la ciencia», que se celebra este jueves, cuatro jóvenes investigadoras con un currículo brillante, ambición y capacidad de liderazgo explican cómo, a pesar de sus logros, todavía es fácil encontrar algunos estereotipos y prejuicios en las profesiones STEAM. Saben lo que es el llamado «efecto Matilda», la tendencia a menospreciar los logros científicos llevados a cabo por mujeres, pero no están dispuestas a que les llamen por ese nombre.

Angélica Anglés, astrobióloga y científica planetaria:«Se sorprenden de que una mujer lidere una expedición extrema»

Angélica Anglés
Angélica Anglés

La historia de Angélica Anglés es impresionante. Esta valenciana de 37 años, licenciada en ingeniería, se doctoró en Astrobiología y Exploración Planetaria en la Universidad de Hong Kong. Ha liderado expediciones a la Cuenca Qaidam, en las montañas del norte del Tíbet, uno de los lugares más áridos del mundo, para estudiar cómo los organismos son capaces de vivir en condiciones extremas y buscar analogías con Marte. También ha formado parte del equipo de la NASA que eligió el lugar de aterrizaje de la misión Mars 2020, que llega a su destino la próxima semana.

« He tenido algunas dificultades por ser mujer -¡y femenina!- e incluso me llegué a cuestionar si podía seguir con los estudios en mi campo, pero a día de hoy lo veo como algo positivo, porque me gustaría cambiar el estereotipo de que los científicos son hombres», explica Angélica Anglés, que se ha encontrado con algunas situaciones insólitas: «Hace años me invitaron a dar una charla en Australia y un señor me pidió una cerveza. ¡Creyó que yo era una camarera! Cuando le dije que yo era la conferenciante no se lo podía creer… El resto de ponentes eran hombres», recuerda. «Lo que ocurre -explica- es que no se esperan que una mujer sea la líder de expediciones a los lugares más extremos del planeta».

Anglés se alegra de ver más rostros femeninos en las clases de ciencias planetarias y de ser un modelo para las niñas. «Es una satisfacción total cuando me escriben para decirme que he sido su inspiración», reconoce. «De pequeña mi sueño era encontrar vida en Marte y gracias a mi abuelo que me animó y me contó muchas cosas del espacio, supe que nada ni nadie se iba a interponer en mi camino. Mi consejo es siempre el mismo: no importa lo que te digan, no importa que alguien opine que no eres lo suficientemente buena o inteligente, ve a por ello. Quizás te cueste más o tengas que dar un rodeo, pero si es lo que deseas al final lo conseguirás», asegura. Además, «la emoción de encontrar vida y explorar otros planetas está en nuestro ADN. ¡Yo me levanto todos los días con unas ganas locas de ponerme a trabajar!».

Carmen Navarrón
Carmen Navarrón

Carmen Navarrón, neurocientífica: «Tienes que demostrar el doble que ellos»

Carmen Navarrón estudia el cerebro de personas fallecidas con alzhéimer en el Drug Discovery Institute del University College de Londres. Estos experimentos, que forman parte de su tesis, intentan trasladar a los seres humanos sus hallazgos previos en ratones, llevados a cabo en el Instituto de Neurociencias de Alicante. En concreto, investiga cómo funcionan las microglías, las células del sistema inmune del cerebro.

Natural de Socuéllamos (Ciudad Real), detecta cierto paternalismo en el ámbito de la investigación. «A veces a las mujeres se nos trata como a niñas, como si no supiéramos de lo que estamos hablando», dice. «Tienes que demostrar el doble para que tu trabajo se valore de la misma manera y no se da por garantizado que seas una persona trabajadora, inteligente, con una metodología y un razonamiento sólidos, mientras que se asume que ciertos compañeros llegan ya con todas esas virtudes», continúa. A sus 28 años, también ha observado ciertas situaciones incómodas como «reuniones a las que no eres invitada o que te interrumpan y te intenten explicar cosas cuando tú eres la experta en ese campo».

María Jesús Jiménez, astrofísica: «No alcanzamos los puestos de poder»

María Jesús Jiménez
María Jesús Jiménez

Recién estrenada la treintena, María Jesús Jiménez sabe que es afortunada. Desde el pasado mayo tiene un puesto estable como parte del cuerpo de astrónomos del Estado, con sede en el Observatorio Astronómico Nacional, y trabaja en tareas de investigación, observación y soporte para el Observatorio de Yebes (Guadalajara). Doctora por la Universidad de Heidelberg en Alemania, esta joven de Badajoz realizó antes una estancia en la de Harvard, donde se encontró un panorama muy positivo. «En EE.UU. siempre se han preocupado mucho por preguntarme qué ideas se me ocurrían para intentar atraer a más mujeres», afirma.

Lo que sí le inquieta es la escasa representación femenina en posiciones de poder en las instituciones y centros de divulgación. «No estamos en las comisiones de evaluación, en las que otorgan financiación o en las directivas. En los puestos de mando la situación no es de paridad», subraya. A su juicio, «sí hay un techo de cristal» que, en muchas ocasiones, sospecha que se debe a que las mujeres se quedan por el camino por la imposibilidad de conciliar su vida familiar con un trabajo investigador inestable que puede suponer «un cambio de país cada dos años».

Elisa Lorenzo
Elisa Lorenzo

Elisa Lorenzo, matemática y física: «A pocas les sigue su novio de país en país»

«No me sentía excluida cuando estudiaba, pero ahora me doy cuenta de que algo pasa cuando voy a una conferencia y soy la única mujer en la sala», reflexiona Elisa Lorenzo. Esta madrileña de 33 años, licenciada en matemáticas y física, es profesora en la Universidad de Rennes (Francia), aunque su curiosidad le ha movido a pedir una excedencia para trabajar durante tres años en la de Neuchateel (Suiza). Se reconoce afortunada, porque precisamente cree que es la inestabilidad que conlleva la carrera investigadora lo que provoca un «efecto tijera» que hace que las mujeres vayan desistiendo poco a poco. «Quizás se nos ha educado para que no seamos tan competitivas, pero en la investigación, con 30 años, lo normal es que vayas de un país a otro, y ese el momento en el que la sociedad te presiona para tener hijos y puede que quieras asentarte. Muchos hombres consiguen que su novia les siga, pero conozco a pocas mujeres a las que sus parejas les digan: ‘Claro, cariño, yo voy a donde quieras’. Muchas renuncian y dejan su sueño atrás para formar una familia», señala. Esto se traduce en que es habitual que las mujeres matemáticas se queden como profesoras de instituto mientras sus compañeros varones alcanzan metas más altas.

«Muchos matemáticos mayores no te hablan del mismo modo que a un hombre de tu edad, no te hacen el mismo tipo de ofertas y muchas oportunidades surgen de conversaciones informales en conferencias. Sin pensar en el machismo, quizás sea porque todos tendemos a acercarnos o a evaluar mejor al que se parece a nosotros», señala. Por eso considera muy importante que en los comités científicos haya paridad, de forma que ese sesgo desaparezca.

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