Ciencia

¿Hibernaban en invierno los humanos de Atapuerca?

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José Manuel Nieves

Un estudio en el que participa el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga sugiere que existen signos que apuntan a esa posibilidad, jamás observada hasta ahora en humanos

Hace medio millón de años, nuestros lejanos antepasados de la sierra de Atapuerca, en Burgos, podrían haber conseguido sobrevivir a la crudeza del invierno gracias a una estrategia que nunca antes había sido observada en humanos: la hibernación.

En un polémico artículo recién aparecido en la revista “L´anthropologie” Antonis Bartsiokas, de la Universidad Demócrito de Tracia, en Grecia, y Juan Luis Arsuaga, codirector de los yacimientos de Atapuerca, sugieren sin embargo que esa es la mejor explicación para la deficiencia de vitamina D y los signos de raquitismo encontrados al analizar los numerosos restos fósiles juveniles de Homo heidelbergensis de la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos de Atapuerca y entre los lugares más importantes

del mundo para estudiar la evolución humana.

Allí, en efecto, acumulados en el interior de una sima de 15 metros que se encuentra en lo más profundo de una cueva, Arsuaga y su equipo han logrado recuperar ya más de 7.500 fósiles de una treintena de individuos diferentes de esta antigua especie humana, considerada precursora de los neandertales. Todo un tesoro de información que permite abordar investigaciones y estudios no sólo sobre individuos, sino sobre poblaciones prehistóricas enteras.

Raquitismo

Sin embargo, según explica Bartsiokas, ninguno de los estudios llevados a cabo hasta ahora había tenido en cuenta algo de suma importancia: muchos de los huesos muestran signos de una serie de enfermedades asociadas con la poca disponibilidad de vitamina D, como la osteodistrofia renal o el raquitismo. En conjunto, esas patologías, asociadas a las etapas de desarrollo, sugieren que los humanos antiguos pasaban, de forma rutinaria, largos meses al año en ambientes oscuros en los que, sin acceso a la luz del Sol, sus cuerpos no podían generar vitamina D.

“En Atapuerca llevamos ya muchos años tratando de averiguar las causas de esas patologías -explica Arsuaga en conversación telefónica con ABC-, que curiosamente también se dan en los osos del mismo yacimiento y que no se encuentran en el registro fósil en ninguna otra especie humana. Se trata de signos muy interesantes de trastornos metabólicos, que son únicos y que podrían deberse a la hibernación, pero también a otras causas”.

Según Arsuaga, en efecto “Bartsiokas, que es un genio y que ha estudiado a fondo la hibernación, está convencido de eso. Yo, sin embargo, no llego a tanto y prefiero dejarlo en una posibilidad”.

“Al principio -confiesa el propio Bartsiokas- me encontraba perdido”. De hecho, nunca hasta ahora se había diagnosticado falta de vitamina D en humanos tan antiguos. Pero a medida que fue profundizando en la cuestión, el investigador se dio cuenta de que el mismo conjunto de enfermedades detectadas en los fósiles de Atapuerca se observa a menudo en otras especies de animales que hibernan en cuevas, como osos o murciélagos. Para Bartsiokas, por lo tanto, la hibernación es la única forma de explicar de qué forma esos humanos antiguos pudieron haber pasado en la oscuridad el tiempo suficiente como para desarrollar esas deficiencias de vitamina D.

“La idea -dice Bartsiokas refiriéndose a la célebre cita del físico Niels Bohr- puede parecer una locura, pero es lo suficientemente loca como para ser verdad”. El investigador también señala que algunos de nuestros parientes primates, como los lémures, son capaces de hibernar durante días. Por otra parte, los humanos de la Sima de los Huesos, de unos 450.000 años de antigüedad, vivieron durante uno de los periodos glaciares más severos del último millón de años. Lo cual lleva a Bartsiokas a pensar que esas durísimas condiciones podrían haber ejercido una presión selectiva extrema que llevó a esos homininos a una rápida adaptación, en el transcurso de unos 50.000 años, hacia un estilo de vida que incluía la hibernación.

Período de reposo

“Desde luego -explica Arsuaga a ABC- se trata de algo que afecta a los individuos durante el desarrollo. Y lo que dice Bartsiokas no es que los humanos hibernaran exactamente igual que hacen los osos, sino que se refiere a un mecanismo desconocido similar a la hibernación, algo que tiene ver con un período de reposo y bajo metabolismo durante el periodo invernal.”

“Llevo 30 años mostrando estos signos a todos los colegas que vienen a Atapuerca -prosigue Arsuaga-, y contándolo en congresos científicos. Se trata de unas finísimas capas porosas en los huesos. Todos dicen que nunca habían visto algo así, pero nada más. Ahí hay algún tipo de déficit de vitaminas, y hay signos de raquitismo. Desde luego se trata de algún tipo de perturbación durante el desarrollo. ¿Pero qué la produce? Yo no lo se”.

Para Arsuaga, “la de Bartsiokas es una hipótesis atrevida y valiente. Yo lo que pretendo es llamar la atención sobre esos signos únicos y que no aparecen en ningún otro registro fósil del mundo. Para mí, este artículo es la presentación formal de algo que llevamos estudiando mucho tiempo, y estaré encantado de escuchar cualquier hipótesis alternativa. La hibernación, desde luego, es una posibilidad, pero creo que es una cuestión abierta a discusión”.

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