Ciencia

Detectar el Covid en el aliento y más genialidades

La octava edición de las prestigiosas becas Leonardo de la Fundación BBVA impulsa este año 59 proyectos científicos y culturales. Muchos de ellos tendrían serias dificultades para salir adelante sin estas ayudas

Eduardo Gil-Santos (37 años, Lugo) patentó hace dos años una tecnología que le permite detectar la presencia de bacterias por su vibración. Cuando el microorganismo cae en el sensor mecánico desarrollado en su laboratorio, vibra con una frecuencia especial, de forma que constituye una huella única. Cada bacteria tiene la suya. Ahora, el investigador quiere ‘escuchar’ al Covid-19. Es mucho más difícil, porque los virus son diez veces más pequeños que las bacterias y vibran miles de millones de veces más rápido, pero el ingeniero lo cree posible. El objetivo podría ser revolucionario: identificar el coronavirus, y otros virus, en el aliento de una persona de una forma rápida, fiable y barata. Sin PCR ni pruebas invasivas.

Este proyecto

es uno de los 59 reconocidos este año con las prestigiosas Becas Leonardo de la Fundación BBVA, que ya van por su octava edición. Las ayudas pretenden respaldar a investigadores y creadores culturales de entre 30 y 45 años, en un estadio intermedio de sus carreras, con logros ya acreditados e iniciativas de gran interés.

Un comité de 123 expertos se encargó de escoger las propuestas entre 1.200 solicitudes en áreas que van desde la investigación básica, la biomedicina, el medio ambiente y el desarrollo de aplicaciones tecnológicas, hasta las ciencias sociales, las humanidades, la música y la literatura. Las becas están dotadas con 40.000 euros para llevar a cabo los planes en un plazo de entre 12 y 18 meses. Muchos tendrían dificultades o directamente no podrían salir adelante sin estas ayudas. Así lo reconoce Marta Cortés, doctora en Bioquímica, que intenta encontrar la relación entre las enfermedades cardiovasculares y el alzhéimer en fases preclínicas. O José María Lahoz, que prepara un diccionario online de la lengua de signos.

Para el ingeniero José Rodríguez Martínez, que trabaja con materiales impresos en 3D, «estas becas hacen algo que en España brilla por su ausencia: apoyar ideas de ciencia fundamental radicalmente transgresoras y con recorrido».

De la galaxia al Mar Menor

Otros estudios interesantes intentan descifrar la evolución de nuestra galaxia, la Vía Láctea; conocer cómo se desarrolla un tumor; identificar los mecanismos genéticos que dieron lugar a la aparición de las alas de los insectos; crear avatares digitales de personas en 3D utilizando solo fotografías o vídeos hechos con el móvil o con una webcam; encontrar soluciones para reducir la contaminación de la castigada laguna del Mar Menor; detectar a tiempo fallos estructurales que puedan poner en peligro la estabilidad de un puente; o distinguir el potencial neuroprotector del bilingüismo. En el ámbito de las artes, un proyecto llevará el flamenco a la ópera a partir de ‘Bodas de sangre’, de Federico García Lorca. Y entre otros creadores, la escritora Elena Medel, ganadora del premio Francisco Umbral al Libro del Año en 2020, contará con este respaldo para escribir una nueva novela.

Los 59 seleccionados formarán parte de la Red Leonardo, una «comunidad de excelencia» que con la nueva edición alcanza ya un total de 482 miembros.

«Intentamos ‘escuchar’ a los virus y reconocerlos»

Eduardo Gil Santos

Físico. Instituto de Micro y Nanotecnología, del CSIC.

Sensor para detectar el coronavirus en el aliento.

El equipo de Eduardo Gil Santos desarrolla un sensor mecánico para detectar el Covid-19 y otros virus en el aliento. El dispositivo, que ya ha demostrado su potencial con bacterias, se basa en que todos los cuerpos vibran de forma única, una frecuencia que puede ser medible con altísima precisión. «Es como la cuerda de una guitarra, como ‘escuchar’ a los virus, aunque, por supuesto, en realidad no les escuchemos», explica el físico. Lo que sí se detectan son sus vibraciones, únicas e inconfundibles. Así, el SARS-CoV-2 tendrá un ‘tono’ específico. «Y si está en el aliento de un paciente, lo vamos a identificar», dice.

Para Gil Santos, este resonador puede tener grandes ventajas frente a los test de diagnóstico actuales del Covid-19, como las PCR. «Estas pruebas detectan una secuencia de ADN específica del virus, pero los virus mutan constantemente. Si ocurre una gran mutación, las PCR podrían no funcionar durante un tiempo hasta que se adapten de nuevo», explica. Además, el nuevo sensor supondría un diagnóstico inmediato en vez de tardar horas. Y sería «muy barato».

«Antes de la pandemia ya existía la necesidad de elaborar nuevas pruebas para detectar enfermedades infecciosas. Las técnicas actuales están hechas para una bacteria o un virus concreto y muchas veces hay que hacer varias hasta saber qué le pasa al paciente, que puede no ser tratado a tiempo. Pero la nuestra es universal, no solo serviría para el Covid-19», indica.

El ingeniero, investigador Ramón y Cajal, dice que la beca Leonardo ayudará «significativamente» a la creación de esta tecnología. «Crearemos la prueba de concepto y si es un éxito buscaremos más financiación para llevar el producto al mercado y a los hospitales», anuncia.

«Tengo 44 años y sigo sin un contrato estable»

Marta Cortés Canteli

Dra. en Biomedicina. Centro de Inv. Cardiovasculares (CNIC).

Conexión entre la enfermedad cardiovascular y el alzhéimer.

El proyecto de Marta Cortés Canteli (44 años, Madrid), investigadora Miguel Servet en el CNIC, busca identificar posibles vínculos entre las enfermedades cardiovasculares y el alzhéimer años antes de que aparezcan los síntomas de ambos males. La conclusión es muy interesante, ya que alude a la posibilidad de intervenir sobre un trastorno modificable, como lo son los factores de riesgo vascular, para prevenir la evolución de una patología que aún no tiene tratamiento.

«Se sabe que los enfermos de alzhéimer tienen más factores de riesgo cardiovascular y, al mismo tiempo, una persona que, por ejemplo, es hipertensa, tendrá más propensión a desarrollar alzhéimer que alguien que no lo es. Ahora queremos saber qué pasa en las etapas asintomáticas, que pueden extenderse 20 años, que es realmente cuando podríamos intentar hacer algo», explica.

Cortés asegura que sin la beca Leonardo «no hubiéramos podido hacer esta investigación porque no había otra fuente de financiación». A su juicio, en España se tendría que invertir «muchísimo más» en ciencia. «Aquí se hace muy buena ciencia. Hay talento, conocimiento y ganas… Si tuviéramos el dinero que invierten en EE.UU. seríamos la primera potencia mundial», asegura. La investigadora pasó siete años en la Universidad de Rockefeller, en Nueva York. «Allí también es muy importante la financiación privada. Gente particular que llegaba al laboratorio y te daba 100.000 euros para tu proyecto. Eso aquí no pasa», señala. Otros problemas de la ciencia en España son «la enorme burocracia» y «la inestabilidad laboral. Con 44 años todavía no tengo un contrato estable».

«Sin esta beca no podría seguir investigando»

José María Lahoz

Lingüista. Universidad Complutense (Madrid)

Diccionario online de la lengua de signos.

El lingüista José María Lahoz (40 años, Algeciras se dio cuenta de que en los actuales diccionarios de lengua de signos se puede buscar una palabra en español y ver una imagen o un vídeo del signo correspondiente, pero «no puedes hacer la consulta al revés», indica. Su objetivo es «restaurar esa asimetría» creando un diccionario online que permita buscar un signo y averiguar su significado.

«Creo que sería una herramienta muy útil, sobre todo para formación de intérpretes. También podría servir para compañeros y profesores de alumnos sordos en los colegios de integración», explica.

El investigador ha recopilado el corpus de vocabulario durante varios años. Ha buscado las características de los signos que son esenciales para diferenciar unas palabras de otras: qué dedos se utilizan, qué movimiento tienen, hacia dónde apunta la palma de la mano… El usuario podrá ir acotando el signo mediante un serie de parámetros. Tras ese filtrado, dará con una representación gráfica del signo, un vídeo, una propuesta de transcripción alfabética y su significado.

«Por ejemplo, el dedo meñique con la palma mirando hacia atrás y los dedos mirando hacia abajo y en contacto con la palma de la otra mano, te daría como resultado ‘flojo’ o ‘débil’», dice. «Cuando estás hablando con una persona en lengua de signos y no has entendido uno, puedes pedir que te lo explique, pero no ocurre eso si, por ejemplo, lo estás viendo en televisión», comenta. El trabajo está planteado a un año y medio «intenso». Cuando se le pregunta si podría hacerlo sin la beca, Lahoz contesta rotundo: «Absolutamente no». El diccionario «debe convertirse en una aplicación web, y eso se va a llevar una gran parte de la financiación».

«Queremos demostrar la microinercia»

José Rodríguez Martínez

Ingeniero industrial. Universidad Carlos III de Madrid.

Metales resistentes fabricados con impresoras 3D para aviones y vehículos espaciales.

Los materiales metálicos fabricados mediante impresión 3D son de naturaleza porosa. Por ese motivo, hasta el momento se ha evitado utilizarlos en estructuras de protección frente a impactos, por ejemplo, en la producción de aviones, naves espaciales o trenes de alta velocidad. Sin embargo, José Rodríguez Martínez (39 años, Palencia) intenta demostrar que estos materiales son más resistentes de lo que se cree, precisamente debido a esos ‘agujeros’. Es lo que se llama la microinercia, postulada en los años 80 y que nunca ha sido probada.

Para lograr este objetivo, Rodríguez Martínez ha diseñado una metodología novedosa y multidisciplinar, que incluye experimentos de impacto a alta velocidad. «En nuestro laboratorio tenemos lanzadores neumáticos que son capaces de lanzar proyectiles hasta 500 metros por segundo, mucho más allá de la velocidad del sonido. Con ellos lanzaremos proyectiles contra metales fabricados con impresoras 3D, explica. Esta placas tendrán poros que serán capaces de caracterizar antes y después de impactarlas con tomografía de rayos X. «Así veremos cómo han roto. Hay muy pocos laboratorios en el mundo capaces de hacer estos experimentos», asegura.

Después, una simulación por ordenador de los experimentos rastreará el comportamiento de todos y cada uno de los poros. «Es un desafío científico», afirma.

El éxito de esta propuesta puede suponer una verdadera revolución en el diseño y fabricación de estructuras de protección para todo tipo de vehículos e infraestructuras civiles críticas ya que permitiría utilizar la impresión 3D para optimizar su resistencia, reduciendo su peso y de esta forma su coste de fabricación y mantenimiento. «La fabricación 3D es mucho más barata, no gastamos más material del que necesitamos e implica menos residuos. Además, se puede hacer ‘in situ’, sin gastos de transporte», recuerda el ingeniero.

Para el investigador, hacer ciencia en España «es muy complicado. La inversión, especialmente en ciencia fundamental, es muy escasa, y los mecanismos de reparto de la financiación no son lo meritocráticos que deberían ser».

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