Ciencia

Descubren qué provoca la furia del volcán más explosivo del mundo

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Patricia BioscaABC

Shiveluch, en la península de Kamchatka, al noreste de Rusia, ha tenido más de cuarenta eruopciones en 10.000 años. La última en 2015, llegando a afectar a Estados Unidos

En la remota península de Kamchatka, en el noreste de Rusia, se encuentra el volcán más explosivo del mundo: Shiveluch. En los últimos 10.000 años se han registrado más de 40 erupciones violentas: la más grande de la que se tiene constancia fue en 1964, cuando una enorme mancha de magma de casi cien kilómetros cuadrados cubrió la zona. Pero no es la única que se recuerda: Por ejemplo, en febrero de 2015, arrojó restos que llegaron hasta los 6.000 metros de altitud y su nube de cenizas alcanzó a los estados de Oregón y Washington, en la vecina EE. UU. Y aunque todos estos episodios nos hagan pensar inmediatamente en fuego y llamas, lo que puede llevar

alimentando miles de años toda esta furia puede ser todo lo contrario: el agua.

Los elementos volátiles del magma, principalmente el agua, provocan erupciones volcánicas muy explosivas como las anteriormente descritas, tal y como han apuntado diferentes estudios. Es decir, el magma contiene agua. El problema es que determinar cuánto contenido volátil -o agua- estaba presente antes de que ocurriera la erupción es muy complicado, más aún teniendo en cuenta que los científicos trabajan con los restos de la explosión, que literalmente desintegra a todos los volátiles.

Pero ahora, un equipo de Investigadores de la Universidad de Washington en St. Louis (EE. UU.) han encontrado una manera de medir la «humedad» del magma en el interior de Shiveluch, hallando unos resultados increíbles. En su estudio, recién publicado en la revista « Contributions to Mineralogy and Petrology», señalan que este volcán ruso «esconde» entre un 10 y un 14% de agua por peso en su magma, lo que está muy por encima del 1% de agua de media que suelen encerrar los volcanes en zonas de subducción, e incluso lejos del ejemplo más «hidratado» en su especie (conocidos como «volcanes superhidro»), que apenas llega al 8%.

Anfíbol y olivino: cápsulas minerales del tiempo

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Michael Krawczynski, profesor asistente de ciencias terrestres y planetarias en Artes y Ciencias, junto con la estudiante de posgrado Andrea Goltz, estudiaron el magma de Shiveluch y encontraron pequeños nódulos de magma primitivo que quedó atrapado y rodeado por otros materiales. Algo así como los fósiles quedan atrapados en ámbar. «Los minerales en estos nódulos conservan las huellas de lo que estaba sucediendo al principio de la evolución del magma, en lo profundo de la corteza terrestre», explica Goltz en un comunicado. Es decir, que estos nódulos cristalizados de magma primigenia actúan como una suerte de cápsula del tiempo en la que los científicos pueden mirar para comprobar qué ocurría al principio de su formación en el interior del volcán y, efectivamente, cuánta agua existía en origen.

Entre los minerales que hallaron, encontraron dos muy interesantes: por un lado, olivino, que permite clasificar las rocas ígneas (el magma ya frío y sólido); y, por otro, anfíbol, que solo se crea en alta presencia de agua y a ciertas temperaturas y presiones, lo que ofrece casi una «fotografía» química de lo que ocurrió en el interior del volcán. «La única forma de obtener materiales primitivos y prístinos a bajas temperaturas como el anfíbol es agregar mucha, mucha agua- explica Krawczynski-. Añadir agua a la roca tiene el mismo efecto que echar sal al hielo: estás bajando el punto de fusión. Y, en este caso, hay tanta agua que la temperatura se tuvo que reducir hasta un punto en el que los anfíboles pudiesen cristalizar».

«Cuando se convierte la química de estos dos minerales en temperatura y contenido de agua, tal y como lo hemos hecho, obtenemos resultados tan increíbles como los que hemos registrado en nuestro estudio», resume Krawczynski. Es decir, a partir de esos dos minerales, los investigadores han podido «rebobinar» la historia del magma hasta llegar a su primitiva formación, desde la que evolucionó dentro de la tierra antes de su erupción.

Nuevas implicaciones para el ciclo del agua

Y no solo eso: aparte de nuevas pistas acerca del funcionamiento de estos volcanes tan explosivos, esta investigación puede arrojar luz hacia los ciclos del agua, que parecen ir más allá del círculo esquemático que aprendimos en los libros de la escuela.

Existen muchos estudios que prueban que bajo de nuestros pies, más profundo que el fondo de nuestros mares y océanos, hay grandes reservas de agua, incluso más que en la superficie. Muchas son las evidencias de que el líquido elemento se encuentra «incrustado» en los minerales del manto, sobre todo en la zona de transición, entre los 400 y los 700 kilómetros de profundidad, si bien existen investigaciones que apuntan a que el núcleo también es rico en agua. El hecho de que se estime tal cantidad en el magma del volcán Shiveluch puede apuntalar más aún la teoría de que las reservas líquidas de nuestro planeta son mucho más ricas de lo que podemos ver. A pesar de las apariencias.

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