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Ciencia

Avi Loeb contraataca: Oumuamua sí que pudo ser creado por una civilización alienígena

Avi Loeb
Avi Loeb
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José Manuel NievesABC

Para el autor del libro ‘Extraterrestre’, editado recientemente por Planeta, a pesar del último estudio «la explicación más plausible sigue siendo que el objeto fuera creado por otra civilización»

Poco más de dos días ha tardado Avi Loeb, astrónomo principal de la Universidad de Harvard y firme defensor del origen artificial y extraterrestre de Oumuamua, en responder al último estudio que reivindica el origen natural del que fue, en 2017, el primer objeto interestelar observado por el hombre en el acto de atravesar nuestro Sistema Solar.

Hace apenas unos días, en efecto, ABC se hacía eco de la reciente investigación de dos astrofísicos de la Universidad Estatal de Arizona, Steven Desch Alan Jackson, en la que sostenían que lo más probable es que Oumuamua fuera un fragmento de hielo de nitrógeno originado en un planeta muy similar a Plutón, solo que situado en otro

sistema solar muy lejos del nuestro.

En su estudio, Desch y Jackson argumentaban que por fin, y tras largos años de trabajo, habían dado con «la idea correcta», una que explicaba todas y cada una de las extrañas características de Oumuamua (¿De qué está hecho? ¿Por qué brilla tanto? ¿Cómo consiguió cambiar su trayectoria y acelerar, en contra de lo que dictan las leyes de la gravedad?) sin necesidad de recurrir a civilizaciones alienígenas. El hielo de nitrógeno, en efecto, y a diferencia de otros materiales propuestos, mucho más exóticos y nunca vistos hasta ahora, sí que puede encontrarse en abundancia en las superficies de mundos como Plutón o Tritón, la mayor de las lunas de Neptuno.

Otros estudios anteriores ya habían intentado hallar una explicación natural para Oumuamua, pero según afirmaba el propio Loeb en una entrevista concedida a ABC el pasado 3 de febrero, «para hacer cuadrar las rarezas de Oumuamua todas esas soluciones eran, como mínimo, extravagantes. Como que está compuesto de hidrógeno sólido, o que se trata de una nube de polvo cien veces más ligera que el aire, pero con la suficiente cohesión como para permanecer unida… ¿Quién ha visto alguna vez algo así? Nadie. También se dijo que era una especie de esquirla de un planeta, pero no hay evidencia suficiente como para afirmar eso. Todo lo que hemos observado en Oumuamua no encaja con las explicaciones al uso, por eso hay que considerar seriamente el origen artificial».

Respuesta contundente

Ahora, el polémico astrónomo de Harvard ha respondido de forma contundente a la nueva investigación de los dos astrofísicos de Arizona: «Si Oumuamua fuera un objeto de origen natural hecho de nitrógeno, también contendría carbono, y el carbono no se detectó cuando el objeto nos rozó».

El propio Loeb amplía este concepto en un reciente artículo publicado el 19 de marzo en ‘ Scientific American‘: «Por lo general -escribe el investigador- el nitrógeno se genera mediante el ciclo CNO (carbono-nitrógeno-oxígeno) dentro de las estrellas, junto al carbono. Pero el Telescopio Espacial Spitzer acotó muchísimo la presencia de moléculas con base de carbono en las cercanías de Oumuamua, lo cual siembra aún más dudas si tenemos en cuenta que no se percibieron indicios de luz solar reflejada por un coma (la cola de un cometa)».

Para el investigador, además, «con la presencia de carbono se habría podido detectar desgasificación, que no se avistó en el caso de Oumuamua». De hecho, esa desgasificación, causada por la sublimación del hielo que normalmente contienen los cometas conocidos, causa ‘chorros’ de vapor que emanan de sus superficies y que, aparte de formar las características colas cometarias, son la causa de un característico ‘efecto cohete’ que puede hacer que los cometas aceleren. Sin desgasificación detectable, sin embargo, la aceleración de Oumuamua al dejar atrás el Sol y disponerse a abandonar el Sistema Solar, resulta muy difícil de explicar.

Jackson y Desch, sin embargo, consideran en su reciente estudio que el hielo de nitrógeno del que suponen que está hecho Oumuamua «sería mucho más reflectante de lo que otros habían supuesto, y eso significa que Oumuamua podría ser más pequeño de lo que se creía. El mismo efecto cohete, pues, le daría a Oumuamua un empujón más grande, mayor que el que suelen experimentar los cometas». Lo que explicaría su extraña aceleración.

¿Se ha explicado o no el extraño movimiento de Oumuamua?

Pero no terminan ahí las objeciones de Loeb. «La desgasificación -asegura el astrofísico- habría alterado el periodo de rotación del objeto y habría provocado oscilaciones, y tampoco se observó nada. Además, un iceberg de nitrógeno habría heredado el movimiento de su estrella de origen, a diferencia de Oumuamua, que no poseía un movimiento típico».

En efecto, el movimiento relativo de Oumuamua con respecto al fondo de estrellas, es decir, su velocidad con respecto a todo lo que le rodea, resulta de lo más inusual. Lo explicaba el propio Loeb en su entrevista con ABC del mes de febrero: «Todas las estrellas que vemos se mueven unas con respecto a otras. La media de la velocidad de las estrellas cercanas al Sol se conoce como ‘Sistema de Reposo Local‘, o LSR. Es algo similar a los coches de una autopista que se mueven a la misma velocidad y que parecen estar quietos unos con respecto a otros. Del mismo modo, una estrella en el LSR permanece relativamente quieta con respecto a las demás. Pero muy pocas estrellas, solo una entre 500, se mueven de ese modo. Pues bien, mientras se acercaba a nosotros, y antes de salir despedido tras su encuentro con el Sol, Oumuamua estaba en el LSR, algo realmente inusual para un objeto natural. Algo nunca visto hasta ahora».

Por último, tampoco la posibilidad de que Oumuamua estuviera compuesto, como sostienen Desch y Jackson, de hielo de nitrógeno, convence a Loeb, quien afirma sin tapujos que «nunca se han detectado icebergs de nitrógeno entre el sinfín de rocas que pueblan y recorren nuestro sistema solar; si el primer objeto interestelar estuviera hecho de nitrógeno congelado, esta clase de icebergs serían claramente habituales, cuando es obvio que no es el caso. (Loeb argumenta a fondo esta idea en su artículo de Scientific American). Por todos estos motivos, la hipótesis del nitrógeno no concuerda con los datos observados, y no contradice mi conclusión: la explicación más plausible es que el objeto fuera creado por otra civilización».

¿Quién tiene, pues, la razón? Puede que la única solución sea que los astrónomos consigan captar más objetos similares a Oumuamua y estudiarlos mucho más a fondo de lo que permitieron los escasos 11 días durante los que el enigmático objeto interestelar estuvo al alcance de los telescopios. La nueva generación de instrumentos, algunos a punto de ser desplegados, como es el caso del telescopio espacial James Webb, podrían, por fin, zanjar la cuestión, y aclararnos de una vez si hemos visto, o no, la primera muestra de tecnología construida por una civilización ajena a la Tierra.

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