Ciencia

¿Alucinaban nuestros antepasados mientras pintaban las cuevas de Altamira?

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José Manuel NievesABC

Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv acaba de presentar una nueva y atrevida hipótesis sobre las razones que llevaron a los humanos del Paleolítico Superior a pintar sus obras de arte en las galerías más profundas de muchas cuevas europeas, especialmente en España y Francia.

Y es que los pintores, explican los científicos en un artículo publicado en ‘ The Journal of Archaeology, Consciousness and Culture’, podrían haber buscado deliberadamente los rincones con menos oxígeno en lo más profundo de las cuevas para crear sus obras bajo los efectos de la hipoxia y mientras tenían experiencias extracorpóreas y alucinaciones.

«Muchas de las representaciones de estas cuevas -escriben los investigadores- se encuentran en pasillos o pasajes

muy estrechos en el interior de las cuevas, transitables solo con luz artificial». ¿Pero por qué nuestros antepasados se habrían tomado la molestia de caminar por estrechos pasajes de cuevas para plasmar su arte?

Para responder a la pregunta Yafit Kedar, Gil Kedar y Ran Barkai decidieron centrarse en una característica común de las cuevas estrechas y profundas, especialmente de aquellas que necesitan luz artificial para avanzar: los bajos niveles de oxígeno.

Los investigadores hicieron simulaciones de cuevas con diferentes longitudes de pasillos que conducen a salas algo mayores y analizaron los cambios en las concentraciones de oxígeno al estar una persona dentro de la cueva con una antorcha encendida. El fuego, de hecho, es uno de los factores que pueden hacer que el nivel de oxígeno disminuya en el interior de una cueva.

Dopamina en el cerebro

Así lo explican los autores en su artículo: «Simulamos el efecto de las antorchas sobre las concentraciones de oxígeno en estructuras similares a cuevas paleolíticas decoradas y demostramos que el oxígeno descendió rápidamente a niveles que se sabe que inducen un estado de hipoxia. La hipoxia aumenta la liberación de dopamina en el cerebro, provocando alucinaciones y experiencias extracorporales».

En concreto, los científicos descubrieron que la concentración de oxígeno dependía de la altura de los pasadizos, y que los pasajes más cortos tenían menos oxígeno. En la mayoría de las simulaciones, las concentraciones de oxígeno cayeron de su nivel atmosférico natural del 21% hasta el 18% después de estar dentro de las cuevas durante solo unos 15 minutos.

Niveles tan bajos de oxígeno pueden inducir hipoxia, una condición que puede causar dolor de cabeza, dificultad para respirar, confusión e inquietud; pero que también hace aumentar la hormona dopamina en el cerebro, lo que puede provocar alucinaciones y experiencias extracorporales. Para las cuevas con techos más bajos o pasillos más pequeños, la concentración de oxígeno bajó hasta un 11%, lo que causaría los síntomas más graves de hipoxia.

La hipótesis de los investigadores es que los antiguos artistas se arrastraron intencionadamente hasta esos espacios profundos y oscuros. Y lo hicieron con la intención de experimentar estados alterados de conciencia.

Portales del inframundo

«Discutimos la importancia de las cuevas en las cosmovisiones indígenas -reza el artículo- y argumentamos que ingresar a estos entornos profundos y oscuros fue una elección consciente, motivada por la comprensión de la naturaleza transformadora de un espacio subterráneo sin oxígeno».

Según Kedar, las cuevas tenían un significado especial para nuestros antepasados del Paleolítico Superior, y probablemente eran vistas como «portales» conectados con el inframundo.

Por supuesto, también existen pinturas en cuevas mucho mejor ventiladas. Pero, según escriben los autores, esos estados alterados de conciencia «podrían lograrse en esos contextos a través de otros agentes además de la hipoxia». Ahora, el equipo de científicos se propone analizar cuántas personas pudieron estar juntas, y durante cuánto tiempo, en la profundidad de estas cuevas y con una cantidad tan limitada de oxígeno.

 

 

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