Bienestar

Walter Riso: «Ante una situación límite afloran destrezas que no sabíamos que teníamos»

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Raquel Alcolea  – ABC

El psicólogo Walter Riso revela en «Más fuerte que la adversidad» cómo afrontar los acontecimientos estresantes, aprender de ellos y salir fortalecidos

Que se acabe, que pase ya, que sea solo un recuerdo o que un día despertemos y todo haya sido un mal sueño… Parece haber en las miradas, en las conversaciones y hasta en el ambiente una necesidad vital por encontrar un fin definitivo o un borrón y cuenta nueva para esto de la pandemia. Pero no sabemos cuándo va a suceder eso (llámese final, llámese principio) que añoramos y por eso en muchos casos estamos viviendo los efectos de una ansiedad anticipatoria, según explica el psicólogo Walter Riso. No hay mejor combustible que la incertidumbre para la ansiedad. Y de eso, de incertidumbre, vamos sobrados.

En su última obra «Más fuerte que la adversidad» (Planeta), el experto en terapia cognitiva aporta herramientas precisamente para enfrentar la incertidumbre, aprender a desarrollar la confianza en uno mismo, tomar el control de lo que sí depende de nosotros y aprender a gestionar la ansiedad, la tristeza o la ira. ¿Acaso nos quiere convencer de que los infortunios son capaces de activar nuestro instinto de supervivencia y hacernos crecer? Veamos…

Defiende que la confianza en uno mismo no se obtiene gracias a profundas reflexiones espirituales y filosóficas, sino a través de la acción. Pero en este contexto tenemos más excusas que nunca para no salir al ruedo…

Ahora es cuando más tenemos que salir al ruedo. Mis pacientes me dijeron durante la pandemia que no sabían que eran tan fuertes y que ante las situaciones límite han descubierto capacidades, habilidades, destrezas y resistencias que ni siquiera sabían que tenían. Pero el sentido de esa frase en torno a la confianza y las reflexiones filosóficas tiene que ver con que la experiencia ayuda más que la convicción.Hay que salir y sudar la camiseta… La transpiración es más eficaz que la inspiración.

Nos habíamos mal acostumbrado a vivir en una posmodernidad en la que lo habitual era mirar para otro lado, vivir con el piloto automático y practicar la multitarea y la falta de tiempo para todo… Pero entonces todo se paró y nos empezó a sobrar tiempo y a preguntarnos por el aburrimiento y por otras cosa que no sabíamos manejar.

En ese contexto la mirada ha cambiado y en vez de mirar a otro lado nos estamos mirando a nosotros mismos y a nuestra ralidad inmediata. Hay más autobservación.

 

Con esa autobservación de todas formas nos invita a que no nos quedemos ahí, que actuemos, que probemos y que nos retemos…

Psicológicamente seguimos en confinamiento. Pero la mente no puede resistir tanto tiempo en la montaña rusa en la que nos encontramos (ilusión, cima, decepción, toparse con la realidad, desilusión, esperanza, subir, cima, ilusión de nuevo, bajar de nuevo…). Cuando este «subir y bajar» se hace muchas veces, tal como está pasando ahora y como probablemente seguirá pasando durante un tiempo, la mente entra en desesperanza, que es la prima hermana de la depresión. Cualquier sujeto frente a un estrés incontrolable tiende a vivir esa desesperanza. Y eso es lo que se está llamando ahora agotamiento emocional, fatiga emocional o fatiga pandémica. Algo que, por cierto, tenemos todos.

 

«Muchas personas se han dado cuenta en la pandemia de que no estaban preparadas para tener una vida propia»
Walter Riso

 

Sobre la acción nos plantea que «valiente no es quien no tiene miedo sino quien lo enfrenta aunque le tiemble hasta el alma», ¿en qué medida estamos desvirtuando hoy este concepto?

He escrito un libro motivacional, que empuja a intentarlo, a seguir, a sacar el guerrero interior y a ponerse a prueba. La valentía es una virtud pero debe estar acompañada de un fin noble porque un valiente también puede ser, qué se yo, un narcotraficante. Por eso la auténtica valentía ha de tener un fin noble. Como decía Aristóteles, en el término medio está la virtud, pero con la valentía no hablamos de no tener miedo. Una persona que no tiene miedo o es un psicópata o está enferma. De lo que hablamos es de la necesidad de enfrentar la situación, aunque tengamos miedo. Puedes enfrentar el miedo como tú quieras pero debes enfrentarlo y no dejarte vencer por el miedo para que, cuando te encuentres en una situación límite, afloren en ti destrezas y capacidades que no sabías que tienes.

Eso es justamente lo que está pasando ahora. No creo que, a nivel social esta pandemia traiga cambios fundamentales. No se volverá menos egoísta ni más solidaria ni más bondadosa después de esto. Pero sí que se van a producir cambios a nivel individual. Cada uno de nosotro está descubriendo cosas que antes ni se planteaba. Desde la posibilidad de vivir prescindiendo de cosas que antes nos parecían necesarias, la capacidad de discernir entre lo que nos importa y lo que no o la importancia de manejar el fenómeno de la espera…

Entonces, ¿es la pandemia una oportunidad para retarnos a hacer cosas que tal vez nunca nos hubiésemos atrevido a hacer?

Si, la necesidad te empuja. Pero también la acción viene del hecho de exigirse y de poner a trabajar el esfuerzo. No solo hemos descubierto destrezas o habilidades que desconocíamos. También hemos descubierto que queremos a algunas personas más o menos de lo que creíamos, hemos sido conscientes de la importancia del contacto físico y hemos aprendido a seleccionar las amistades. Hemos hecho un trabajo de discernimiento.

Y también muchas personas se han dado cuenta en la pandemia de que no estaban preparadas para tener una vida propia. Se levantaban a las siete de la mañana y se acostaban a las doce de la noche, pero no tenían tiempo para ellos. Iban sin parar, sin pararse a pensar.

«A veces la sociedad nos quiere así, productivos y perdidos en una colmena donde pasemos desapercibidos. Pero somo seres singulares, cada uno con su individualidad»

Es doloroso pensar que alguien no esté preparado para tener «una vida propia»

Sí, hay gente que no lo está, pero quiero que quede claro que no es culpa de esas personas. A veces la sociedad nos quiere así, productivos y perdidos en una colmena donde pasemos desapercibidos. Pero somos seres singulares, cada uno con su individualidad. Esa vida propia implica hacerse cargo de un mismo y apropiarse de su ser. Si estaba todo el día trabajando o metido en las redes sociales era imposible tener tiempo para mí. La vida no te pertenece si no haces con ella lo que deseas hacer.

En «Más fuertes que la adversidad» invita a tener presentes dos conceptos: la autoeficacia y la competencia personal percibida. ¿Cómo integrarlos en nuestra vida?

La autoeficacia apela a la capacidad que se siente de alcanzar una meta específica. Pero, ¿cómo puede saber una persona si es capaz si no lo intenta, y lo vuelve a intentar y lo vuelve a intentar? La clave está en lo que decía Michael Jordan, que explicaba que podría hacer frente al fracaso pero no se perdonaría no haberlo intentado. La autoeficacia tiene que ver con una cierta persistencia en los intentos y con la capacidad de no escapar ante los obstáculos. Las personas con alta autoeficacia confían en sí mismas.

En cuanto a la competencia personal percibida es una variable de la personalidad. Algunas personas se sienten capaces de hacer frente a muchas cosas pues tienen una fuerte autoconfianza. Pero el principio de esto es exactamente igual que el de la autoficacia: se desarrolla actuando. Por eso digo que muchas personas piensan que la confianza o la autoeficacia tiene que lograrse pensando, aunque en realidad solo se consigue actuando.

¿Cuál debería ser el papel de los psicólogos en esta pandemia?

Creo que los psicólogos no están, como creo que deberían estar, opinando sobre muchas cosas relacionadas con la pandemia. Ese lugar lo ha ocupado la filosofía y la sociología. Los psicólogos, como pensadores y especialistas en la mente, deberían estar presentes en el gran debate que hay hoy en el mundo pues las dos grandes consecuencias de lo que están viviendo serán: crisis económica y problemas de salud mental. Debemos estar preparados para la adversidad mediante la prevención y la promoción de la salud mental.

Pero la gente solo quiere tips o consejos. Y en realidad cuando alguien va a una terapia no va buscando la cura, sino un alivio porque la cura duele, transforma, rompe esquemas, implica un esfuerzo y un trabajo. Y por eso se suele buscar alivio. Pero más que poner fórmulas de alivio o tips o consejos, en realidad cada uno debe crear su propio espacio de reflexión para cambiar. Hasta ahora el guerrero interior ha sido el sistema inmunológico, pero se ha demostrado que no somos invulnerables como especie y que tenemos que ayudar al sistema inmunológico. Cada uno debe completar ese guerrero interior con el otro guerrero interior, que es el que nace de la toma de conciencia.

¿Cómo distinguir las preocupaciones que nos sirven para sobrevivir de aquellas que nos conducen a la ansiedad? ¿Qué señales indican

La ansiedad es un miedo anticipado. ¿Cómo distinguir la ansiedad de una preocupación sana? Cuando te inmoviliza, cuando empiezas a dormir mal, cuando empiezas a tomar alcohol o a comer más de la cuenta, cuando empiezas a tener una sensación generalizada de que algo malo va a pasar, cuando piensas que si te pasa algo bueno seguro que después algo pasará malo… estás más cerca de la ansiedad.

Lo mejor para atacar la ansiedad es cambiar las anticipaciones catastróficas. Si la ansiedad te incapacita puede haber trastornos psicosomáticos (tu cuerpo se hincha o engordas, aparecen problemas de piel, se cae el pelo… ), te descompensa física y te desestabiliza emocionalmente. Por eso lo importante es que se puede vencer y que para ello hay que enfrentarse a esos miedos. Todas las técnicas que existen para vencer el miedo pasan por la exposición al miedo y el afrontamiento. Maquiavelo decía que los fantasmas asustan más de lejos que de cerca. Y eso es lo que suele pasar, que cuando te enfrentas a algo pensando en lo peor que puede ocurrir (hablando de miedos irracionales no de miedos objetivos, claro) lo normal es que descubras que lo que temías en realidad no es tan horrible.

 

«Para calmar la ansiedad hay que cambiar las anticipaciones catastróficas»

 

Es habitual que intentemos sacar la tristeza de nuestra vida. Sin embargo, revela que es una emoción básica que ofrece opciones de supervivencia…

Vivimos en una sociedad en la que envían al psiquiatra a una persona si está demasiado contenta, pero preguntan qué le pasa al que no parece siempre contento. La tristeza aparece cuando tienes una pérdida; cuando tienes un problema que no sabes resolver (la característica de la tristeza es que procesas todo más lento para que puedas buscar soluciones en tu experiencia o en tus datos); cuando necesitas un freno o un ancla cuando la vida te lleva muy rápido y cuando necesitas pedir ayuda (los gestos, la expresión fácil y corporal de la persona triste invitan a una conducta de aproximación).

La tristeza es una emoción primaria y por eso es tan importante que la separemos de la depresión. La primera viene, se queda poco tiempo, te hace funcionar a medio gas y al final se va. Cuando hay depresión no funcionas, ni a media máquina ni a medio gas. Así que cuando llegue la tristeza, lo que tenemos que hacer es meterla en el bolsillo y hacer que trabaje para nosotros.

 

Con el sufrimiento sucede algo distinto, pues nos avisa de que algo no funciona correctamente, ¿cómo podemos usar esa información en nuestro propio beneficio?

El sufrimiento por el sufrimiento es absurdo. Es una actitud casi masoquista, pero existe el sufrimiento útil y el inútil. El primero es necesario, el segundo no. Pongamos un ejemplo. Si tú estás con una pareja que te es infiel desde hace años pero sigues pensando que él va a cambiar (aunque sepas que nunca sucederá), ese sufrimiento es inútil porque te hunde. ¿Y cómo se podría cambiar ese sufrimiento en algo útil? Alejándose, rompiendo, marchándose de allí… Esa ruptura te hará sufrir pero ese sufrimiento será útil porque formará parte del duelo y el duelo te libera del sufrimiento.

El sufrimiento forma parte de la vida, solo hay que aprender a leerlo y a separar el que nos sirve del que no. Cuando uno es consciente de que el sufrimiento es necesario, duele menos y lo miras de otra manera.

No podemos cerrar el círculo sin hablar del afecto como protección. ¡Cuánto nos cuesta mostrar cariño!

Es cierto que algunas culturas son más inhibidas y algunas personalidades son encapsuladas. Pero por ejemplo los latinos (englobo aquí a España, Centroamérica, Latinoamérica, Grecia, Italia y Portugal) somos más emocionales, espontáneos y sentimos la necesidad de tocar, abrazar y mostrar afecto. Yo defiendo el «te recontraquiero» porque con cada nuevo «te quiero» el amor se reacomoda y adquiere fuerza, se revitaliza, refresca el arte de amar.

El contacto físico, el apoyo social y las muestras afectivas son factores que ayudan a crear resiliencia y son un factor de crecimiento post-traumático. Eso implica una conducta asertiva positiva necesaria. Me planteo que quizá haya que enseñar en la escuela la importancia de expresar afecto y amor como si fuese una asignatura más.

 

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