Bienestar

Retos de 30 días ¿Realmente funcionan?

El formato del reto de un mes de duración se ha convertido en algo muy de moda. Analizamos sus fortalezas y debilidades

¡Reto de 30 días! ¿Te apuntas? Pensar a un mes vista elimina muchas barreras psicológicas. En general vamos con prisa para todo, pero cuando hablamos de ejercicio y más todavía si se trata de adelgazar, las prisas son tremendas y tienen que ver con la estacionalidad del calendario. Ya se sabe, la operación bikini, una boda, unas vacaciones… cada cual tendrá un motivo por el que necesita un plan que funcione y lo haga rápido. Treinta días es perfecto, todos sabemos lo rápido que pasa un mes y parece un esfuerzo asumible. Veamos qué puedes esperar realmente de unas «pautas» -prefiero llamarlo así antes que reto- con treinta días de duración.

Fortalezas del «30 días»

No lo dudes, si te lo tomas en serio treinta días, lo vas a notar. Sobre todo si empiezas a hacer ejercicio y cuidar tu manera de comer viniendo de una etapa de tu vida muy desorganizada y sedentaria. Las mejoras al principio son, simplemente, espectaculares. Hablo de una mejora global no de una pérdida de kilos en la báscula. De hecho perder en un mes una barbaridad de peso puede que no sea algo recomendable. Para profundizar sobre la velocidad de la pérdida de peso, os recomiendo este artículo del blog en el que analizábamos qué podía considerarse saludable para una persona obesa.

Por poner algunos ejemplos concretos, con treinta días bien aprovechados no sería raro que pierdas entre dos y tres kilos de peso, que lo notes en algunas prendas de ropa y que esas escaleras que antes te costaba subir, ya no te supongan ningún problema. Al margen de cuestiones tan objetivas como estas, te sentirás mejor, tendrás más energía, mejorará tu humor, dormirás mejor y sobre todo, cuando estés llegando al final, habrás generado una necesidad física real de tu dosis de ejercicio diaria. Una dependencia que tiene más que ver con un estado de ánimo que con la necesidad de lucir tableta. Esta adherencia a hacer las cosas bien es el gran beneficio de «darlo todo» en un plan a 30 días, porque si no nos vale para esto, aparecen sus puntos flacos:

Debilidades del «30 días»

Bueno, las cuotas suelen ser mensuales. Tu apúntate, que en treinta días te vamos a poner con un físico de calendario. Pues no. Con esas promesas vendrá la desilusión. Y posiblemente llegue antes de los treinta días, en cuando veas que requiere mucho esfuerzo y todavía te queda un largo camino para parecerte a ese o esa que ponían en la foto. Alguien que, básicamente, es una persona que se dedica a ello desde hace años de manera profesional. Si no caes víctima del desánimo y has cumplido con el plan, viene la segunda parte. Esto es peor si cabe.

Han pasado treinta días, a nivel de comunicación publicitaria el mensaje «pues ahora treinta más», ya no tiene tanta fuerza. De hecho si te dicen eso, quizás empieces a intuir la trampa, que no es otra que cualquier mejora de tu estado de salud o de tu apariencia estética, tiene más que ver con un estilo de vida sostenido en el tiempo, que con retos de un mes de duración. Tras esos treinta días, vendrán otros treinta y tienes que tener en cuenta que la velocidad con la que el cuerpo genera adaptaciones y adelgaza no es lineal. Al principio va muy rápido y muy bien, luego se ralentiza y hay que replantear la dieta y el volumen de entrenamientos. Ya no estás en medio de la ola de entusiasmo del grupo de personas que empezó el reto, porque algunas abandonaron y con el tiempo todo se diluye. Y todo cuesta más. Aquí es donde la fuerza de voluntad es más necesaria, todavía más que la de empezar, me atrevería a decir.

Si tuviese que decantarme por un «sí» o un «no» funcionan los retos a treinta días, en este caso voto por el sí. Funcionan porque lo más importante es empezar y si te cuestionas constantemente el método, nunca darás el primer paso. Recuerda que el mayor enemigo de lo bueno es lo perfecto. Lánzate a un reto de treinta días para empezar un nuevo estilo de vida, perfecto, pero solo te añadiría estas recomendaciones:

  • Entiende los treinta días como una excusa para empezar, pero debes pensar a más largo plazo.
  • No asumas retos irreales. Cualquier objetivo desproporcionado, ya sea en términos de pérdida de peso o de prueba deportiva, puede ser tremendamente perjudicial para tu salud.
  • ¡Por favor! Ni se te ocurra lanzarte a un reto que propone alguien en redes sin más información que el reto en si mismo (Ejemplo: «vamos todos a perder diez kilos, venga equipo, a por ello»). Que sea un profesional quien marque dicho objetivo y que esté personalizado.
  • Ojo con las comunidades online. Animarse unos a otros es fantástico. Empujarte más allá de tus límites simplemente por dejarnos llevar por el «éxtasis» del reto, puede llegar a ser muy perjudicial para algunas personas. Dentro de todo este maremágnum, debemos recordar siempre que hay personas con desórdenes alimenticios y otros problemas para quienes estos mensajes pueden contribuir a agravar sus circunstancias.

Como en todo, el camino requiere constancia y mucho más que treinta días. Piensa en cuántas cosas que merezcan de verdad la pena en tu vida las has conseguido en treinta días. Con la salud es exactamente igual. Empieza por treinta, pero piensa en una vida entera. Y que la fuerza te acompañe.

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