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Por qué unas personas se aburren mucho y otras siempre inventan algo que hacer

Persona aburrida en el sillón
Persona aburrida en el sillón
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M. AlcarazABC

Aunque la creatividad juega un factor importante, el aburrimiento puede aparecer o desaparecer por otros factores

«Me aburro» o «No sé qué hacer», son posiblemente dos de las frases más repetidas por los niños durante los periodos de vacaciones. Y es que, acostumbrados a hacer tantas cosas a diario, cuando se presentan ante ellos los larguísimos días estivales sin obligaciones rápidamente aparece el aburrimiento. De adulto es más complicado aburrirse: la falta de tiempo libre hace que esas horas se llenen rápidamente de cosas que hacer. Incluso hay quienes dedican un rato meditado a disfrutar de ese aburrimiento elegido. Pero aun así a veces llega el aburrimiento y uno no sabe qué hacer.

«Todos los seres humanos nos aburrimos en algún momento pero hay personas que se aburren más que otras», afirma Rafael San Román, psicólogo de ifeel. Aunque comenta que no es fácil saber qué factores psicológicos influyen en esto, dice que normalmente está relacionado con la creatividad, la percepción de tener muchas cosas que hacer o valores que nos inculcan desde la infancia según los cuales aburrirse es algo malo o indeseable. Aunque potencialmente sí se relaciona el ser más imaginativo con aburrirse menos, comenta el profesional que es algo relativo. «Si las personas con capacidad para imaginar y fantasear pueden traducir esto en acción y creación, probablemente se aburran menos. Pero si ser imaginativas consiste simplemente en perderse en ensoñaciones inconexas no tiene por qué conducir a un menor aburrimiento», explica.

Incapacidad para el aburrimiento

Si cuando alguien se aburre siente malestar por ello, comenta el psicólogo que es probable que esto ocurra porque una persona, «al conectar consigo misma, sin distracciones o actividades que le permitan evadirse, conecta con cierta sensación de vacío que necesita cubrir a través de la actividad». Es común ese ‘agobio’ que produce el aburrimiento. Aunque todos, por lo general, necesitamos evadirnos de nuestro malestar a través de la acción, tal como explica el psicólogo es algo que se hace más evidente cuando no estamos pasando un buen momento y necesitamos no conectar con nosotros mismos. «Al parar de ‘hacer’ empezamos a ‘sentir’ y hay veces en que tenemos poca tolerancia a eso», puntualiza.

«El aburrimiento es una emoción normal, que aparece cuando no nos satisface ni motiva la actividad que tenemos que realizar», dice Rafael San Román. Por ello, es importante no agobiarse cuando uno no tiene nada que hacer, sino incluso aprender a disfrutar de la situación. «La ausencia de acción promueve la introspección, porque es una forma de silencio que se contrapone al ‘ruido’ que generan las múltiples acciones y actividades en las que nos enfrascamos en nuestro día a día», comenta el psicólogo, que añade que también el aburrimiento estimula la creatividad y el ingenio, «lo cual es magnífico para dejar de funcionar por un rato como robots y estimular nuestro cerebro».

«Al parar de ‘hacer’ empezamos a ‘sentir’ y hay veces en que tenemos poca tolerancia a eso»

Dice Rafael San Román que el aburrimiento aparece cíclicamente cuando se producen interrupciones en nuestra actividad normal y de repente sentimos cierto desconcierto porque, durante un rato, no sabemos qué hacer. «Eso puede ser incómodo pero no es tan grave: tarde o temprano se va a pasar, aparecerá algo con que ocupar nuestras manos», asegura. El problema es cuando ese aburrimiento pasa de ser algo puntual a un estado de recurrente y profunda desmotivación: el momento en el que no se da que no sepamos qué hacer, si no que tenemos opciones y no nos apetece ninguna. «Esta apatía y abulia, si se mantienen en el tiempo, son más problemáticas, porque nos hunden en el desánimo, nos aíslan y acaban siendo una pescadilla que se muerde la cola», advierte.

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