Bienestar

Mario Alonso Puig: «Ir al pasado para lamentarse o al futuro para angustiarse es lo que genera más ansiedad»

Mario Alonso Puig
Mario Alonso Puig

Raquel AlcoleaABC

En su libro ‘Resetea tu mente’ el doctor Mario Alonso Puig revela aspectos sorprendentes y desconocidos de la relación entre el cerebro, la mente y aquello que nos sucede

«Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro». La célebre frase del médico y científico Santiago Ramón y Cajal no figura por casualidad en la portada del último libro del doctor Mario Alonso Puig. En ‘Resetea tu mente’ el autor muestra aspectos sorprendentes y desconocidos de la relación que existe entre el cerebro, la mente y aquello que nos sucede. Además sostiene que si deseamos aumentar la autoestima y potenciar capacidades como la inteligencia, la memoria, la intuición, la creatividad, el liderazgo o el espíritu emprendedor necesitamos saber cómo despertar nuestro gran potencial dormido.

Ahora, más que nunca, todos nos enfrentamos a desafíos ante los que es preciso actuar con calma, entusiasmo y confianza si queremos convertirlos en oportunidades de aprendizaje crecimiento personal. Y para averiguar cómo hacerlo nos invita a recorrer a través de sus 49 capítulos los caminos que siguen el cerebro y la mente para crear esa realidad que vivimos. ¿El objetivo? Aprender a influir en aquellos procesos que impactan en nuestra manera de percibir, pensar, sentir y actuar.

Asegura que hay un enorme potencial dormido dentro de nosotros, ¿cómo podemos desarrollarlo en un contexto tan duro como el que estamos viviendo?

Todos tenemos una experiencia curiosa y es eso que hace que en determinadas situaciones altamente complejas salga una capacidad de decisión, de resolución, de creatividad y de espíritu emprendedor que nos deja completamente descolocados. Sin embargo, vemos que otras veces ante otro tipo de desafíos nos ponemos irascibles, nos sentimos impotentes, nos bloqueamos o, sencillamente, huimos. Hay ciertas situaciones que tienen la capacidad de impactar a un nivel muy profundo y desplegar algo que está dormido que sería imposible que surgiera de otra manera. Lo tenemos dentro. De lo que se trata es de saber encontrar el camino para llegar a ese centro donde está ese potencial y poderlo despertar.

En su obra ha hecho un esfuerzo de síntesis para ayudarnos a entender cómo funciona el cerebro a través de sus cuatro sistemas operativos, ¿cuál es la función de cada uno?

La tendencia en Occidente es a dividirlo todo y a olvidar que inicialmente era una unidad y por eso en ‘Resetea tu mente’ he hecho este trabajo de síntesis donde conecto conceptos como cerebro, mente y trascendencia o parte espiritual. Los cuatro sistemas operativos son los que están gobernando nuestra vida física, mental y espiritual.

El hipotálamo (un núcleo del tamaño de un guisante) es un elemento clave en nuestra supervivencia y es el que alberga el primer sistema operativo. El segundo está en el sistema límbico, que está enfocado en el mundo afectivo, es decir, en la importancia de generar vínculos y conexiones. El tercer sistema operativo está localizado físicamente en el hemisferio izquierdo, que es el que ha permitido el avance científico y tecnológico, pues es el que nos permite utilizar el lenguaje y los números. Y el hemisferio derecho, que es el gran desconocido, es la parte del inconsciente, que es la puerta a la vida del espíritu. Sobre él está el cuarto sistema operativo, con la capacidad de captar realidades profundas que van más allá del lenguaje, los números y la razón.

Además describe cinco maneras de conocer la realidad (tanto exterior como interior): razón, sentimientos, sensaciones, intuición, imaginación… ¿pueden estar estas maneras de conocer la realidad más o menos presentes en cada persona?

Todos tenemos estas cinco maneras de conocer la realidad, pero aquellos que ponen todo el peso en el intelecto y se descuelgan de las sensaciones, la corporalidad o los sentimientos no pueden penetrar en la información que existe en estos mundos. Son personas intelectualmente impecables, pero que tienen un gran analfabetismo a la hora de entender el mundo afectivo tanto propio como del resto. A las personas que han desconectado de su cuerpo, lo cual es frecuente tras grandes traumas afectivos, les cuesta tener sensaciones corporales. Aquellos que consideran que la intuición es una tontería y jamás prestan atención a esa sensación que te dice lo que tienes que hacer, pero que no te dice por qué dejan de ser sensibles a esos mensajes que vienen del inconsciente. Y los que no han cultivado la imaginación, que es una cualidad inherente del ser humano, pueden llegar a confundirla con la fantasía. Pero la fantasía es una especie de elucubración (que puede ser entretenida) que no tiene la capacidad de conectar con relaciones profundas ni de manifestar cosas que existen en el mundo del fondo, tal como sucede con la imaginación.

Todas estas capacidades se pueden entrenar pero dependerán de la dedicación que pongamos en su desarrollo.

Y también contamos con sensores, que es todo lo que ayuda a captar lo que hay a nuestro alrededor y en nuestro interior. ¿Qué sucede si falta alguno de los órganos externos como la vista, el oído o el olfato? ¿Se produce un desarrollo mayor del resto de los sentidos?

Sí, es algo que está probado desde el punto de vista científico. Cuando, por ejemplo, una persona no tiene el sentido de la vista, desarrolla el oído a niveles sorprendentes, de modo que algunas personas invidentes pueden escuchar una conversación a una velocidad mucho mayor que la del resto y son capaces de captar sonidos que no entienden otras personas. ¿Por qué sucede? Esto se debe a que las áreas del cerebro que no funcionan a nivel audiovisual son usadas por los otros sentidos, es decir, se produce un crecimiento real y una aparición de nuevos circuitos que les permiten ver como por ejemplo los táctiles, de modo que puedan ‘ver’ a través del tacto. Eso es posible porque las áreas del tacto, relacionadas con las sensaciones táctiles, ocupan áreas de la corteza cerebral que no pueden dedicarse a las funciones de la vista.

 

«Las personas que quieren manipular la mente de otros empiezan a secuestrar el lenguaje y a intentar cambiar las palabras para generar un impacto»
Mario Alonso Puig

Asegura que el hipotálamo es una estructura clave en el control del equilibrio interno del organismo…

Sí, es una estructura muy primitiva en sus reacciones y excepcionalmente hábil a la hora de tener los parámetros fundamentales que permiten la supervivencia y la procreación de una especie. Por ejemplo, es el encargado de regular el medio interno. Cuando hay alteraciones químicas peligrosas dentro del organismo, el hipotálamo inmediatamente ha de corregirlas. Es una especie de termostato químico orquestando la respuesta, tanto por ejemplo en relación a los niveles de azúcar como con lo que tenga que ver con la temperatura del organismo. Regula así el medio interno, pero también el externo, es decir, tiene que ser sensible a todo aquello que suponga una amenaza exterior. Y además ha de garantizar la procreación. En definitiva, se encarga de la vigilancia del medio interno y externo para proteger la vida y de proteger la procreación.

Para modular estas reacciones primarias del hipotálamo contamos con el sistema límbico que es el que está más vinculado con las emociones…

Bueno, desde el punto de vista absolutamente preciso el hipotálamo forma parte del sistema límbico, pero lo he separado (y así lo remarco en el libro) para no crear confusión pues el hipotálamo, aunque forma parte de este sistema dista mucho a nivel evolutivo de otras estructuras del mismo. Lo que sucede es que en cuanto se van añadiendo nuevas estructuras cerebrales sobre otras más antiguas las últimas tienen que ser capaces de controlar las que quedan debajo porque son más reactivas y abruptas en su comportamiento. Por eso hay varias estructuras en el sistema límbico como la amígdala, los núcleos amigdalinos y los núcleos del septo que sí que tienen la capacidad de controlar y modular el hipotálamo. No es que puedan hacer con él lo que quieran (porque el hipotálamo es bastante autónomo) pero sí que pueden modular su reacción para que no sea violenta o excesiva. Por ejemplo, un niño pequeño que aun no ha desarrollado suficientemente su sistema límbico tienen un hipotálamo muy desarrollado para controlar su medio interno. En el momento en el que tiene hambre grita desaforadamente. Pero cuando acaba de comer se queda completamente dormido. Eso es lo que media el hipotálamo. Pero cuando va creciendo no se pone a gritar sino que es algo más modulado. No está suprimiendo el hambre, pero sí lo está regulando para que la reacción sea más fluida.

La función del sistema límbico es generar esos vínculos sociales y afectivos, que son una ventaja competitiva en el desarrollo. Los mamíferos tienen una ventaja competitiva brutal sobre, por ejemplo, los reptiles porque sí establecen vínculos afectivos y la cooperación es un elemento primordial en la supervivencia. Los reptiles no establecen vínculos afectivos.

 

«Es necesario hacer ejercicio físico, porque este no solo protege el corazón sino también el cerebro»

A lo largo de la obra analiza las reacciones intensas que tenemos y se plantea si el origen es biológico, mental, social, cultural…

Inicialmente el fundamento es biológico, pero a medida que vamos creciendo y progresando los elementos mentales se van desarrollando y los elementos culturales van teniendo un mayor impacto. Entonces estos tres componentes, el biológico puro o sistema nervioso, el componente mental y el cultural empiezan a formar una unidad. Es como si se tejiera un tapiz con tres hilos. Llega un momento en que el tapiz dibuja una figura hecha por tres hilos y si quitas un hilo ya no puedes reconocer la figura. Y eso es lo que pasa con las reacciones. Se integran de una manera tan profunda que no se puede separar lo estrictamente biológico de lo estrictamente mental ni de lo estrictamente cultural.

¿En qué medida nos podemos comunicar con nuestro propio cerebro para progresar y potenciar nuestras capacidades a través del poder del lenguaje?

El lenguaje es uno de los grandes misterios con el que nos encontramos. Hay una parte superficial que son las simples palabras descriptivas (taza, libro, papel…), que es una dimensión utilitaria del lenguaje que nos sirve para describir las cosas. Pero también hay una parte del lenguaje que no es simplemente descriptiva sino creadora y capaz de generar cambios. Por ejemplo, en mi opinión, la diferencia entre un libro y un gran libro es que el primero explica algo y el segundo te cambia. Entonces, si ambos están hechos con palabras, ¿cómo es posible que uno me transforme y el otro no? La explicación está en que el gran libro utiliza un lenguaje transformacional que genera una serie de imágenes y sensaciones que tienen un impacto a nivel inconsciente. ¿Qué ocurre? Que en el momento en el que el lenguaje atrapa o conecta con el inconsciente esa persona empieza a experimentar una serie de transformaciones. Así, al igual que sabemos que hay prosa y poesía y que la prosa es un lenguaje dirigido fundamentalmente al intelecto y la poesía está más orientada al corazón, también existen otros lenguajes como la metáfora, el lenguaje del trance, el lenguaje pictórico, el lenguaje escultórico, la danza y todo el que se usa en el arte que pueden generar un impacto profundo. Una de las dimensiones del ser humano es profundamente lingüística. Por eso las personas que quieren manipular la mente de otros empiezan a secuestrar el lenguaje y a intentar cambiar las palabras para generar un impacto. Por eso hay que ser tan preciso y cuidadoso con el uso del lenguaje.

«Dormir menos de siete o de ocho horas al día es someter al cerebro a un desgaste brutal»

 

Desde el inicio de la pandemia ha aumentado la incidencia de accidentes cerebrovasculares, ictus y problemas relacionados con la salud del cerebro, ¿cómo se pueden prevenir? ¿cómo podemos mimar nuestro cerebro?

Es importante hacerlo. Cuando se habla de un infarto de miocardio todo el mundo menciona la palabra urgente pero a los accidentes cerebrovasculares o a los ictus a veces no se les da la importancia que se debe, aunque requieran la misma urgencia que un infarto. Lo primero que se debe hacer para prevenir los ictus o aquello que pueda producir daño cerebral es escuchar al cuerpo. Cuando una persona note algo raro como una mínima dificultad al hablar o mover un miembro, o empiece a ver cosas raras o a tener visión borrosa o a ver lucecitas, no debe pensar que son tonterías, sino que debe consultar inmediatamente en las urgencias de un hospital. Muchos ictus graves se pueden prevenir, pero lamentablemente, no se da importancia a cosas como un hormigueo en el brazo que aparece de la nada. Cuando un ictus se manifiesta con síntomas más graves ya es más difícil de tratar. Conviene responder de forma adecuada cuando el cuerpo nos avisa.

Pero además conviene prevenir en tres dimensiones, en la biológica, en la espiritual y en la mental. Por un lado sabemos que lo que comemos tiene un impacto en el cerebro y que la dieta mediterránea es la mejor del mundo para proteger la salud y el cerebro. Pero además es necesario hacer ejercicio físico, porque este no solo protege el corazón sino también el cerebro. Con el ejercicio físico se desarrollan vasos sanguíneos en el cerebro de modo que si se obstruye una arteria haya otros caminos accesorios (como cuando se atasca una autopista pero es posible circular por carreteras aledañas). Pero, si no se hace ejercicio físico no se desarrollarán esas vías accesorias y habrá riesgos de colapsos.

El descanso también es fundamental. Dormir menos de siete o de ocho horas al día es someter al cerebro a un desgaste brutal. Hay que cuidarlo porque la falta de descanso sí que tiene repercusión en el funcionamiento del cerebro y por supuesto en la posibilidad de desarrollar un ictus.

Y otro aspecto importante es la dimensión mental. Detrás de todas las enfermedades conocidas hay un trasfondo de ansiedad. Puede tener una mayor o menor importancia pero en todo lo que tiene que ver con los infartos cerebrales hace su aparición el estado de ansiedad. Mentalmente qué es lo que nos genera más ansiedad: ir al pasado para lamentarnos o ir al futuro para angustiarnos. ¿Qué hay que hacer? Vivir en el presente y esto se trabaja con la práctica del mindfulness.

Y a nivel espiritual sabemos que todo lo que sea la gratitud, la solidaridad con los demás o el contacto con la naturaleza genera un estado de equilibrio en el organismo que hace más difícil que se pueda padecer un ictus.

 

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