Bienestar

Lo que tu cuerpo no dice de ti

Hoy en día, la edad es solo un número

Con quince años uno se siente invencible, nos cansamos poco, dormimos a pierna suelta y en general pensamos que nosotros sí seremos diferentes. Tenemos algo que los demás no. Estamos convencidos de nuestra singularidad. En un abrir y cerrar de ojos, te aparece alguna arruga o la primera cana. A veces pasa a los treinta, en los casos más afortunados igual hay que esperar a los cincuenta, pero es cuestión de tiempo. Si eres un adicto o adicta al fitness y estás en plena forma, es normal que te sientas inmune a este proceso. Cuando paso revisión médica a mi maltrecha rodilla tengo que dar parte al traumatólogo de mis ligeras a moderadas molestias al entrenar. Él siempre repite la misma frase, que yo he hecho mía porque me parece gloriosa: ‘El deporte sin  molestias es algo que ocurre entre los veinte y los veintitantos’.

Hay que tener en cuenta que, desde un punto de vista comercial, la industria nos vende una imagen de plenitud atemporal en la que el de sesenta hace lo mismo que el de veinte. La base del negocio se fundamenta en que podrás tener el cuerpo deseado aplicando una fórmula mágica. Pero todos los sabemos, no digas lo contrario: la promesa de un cuerpo perfecto o en constante progresión es una mentira con mala intención y un mito insostenible.

La promesa de la juventud eterna

Si miras fotos antiguas, las personas de cuarenta años tenían un aspecto de anciano. Influyen cuestiones que nada tienen que ver con el ejercicio físico. La esperanza de vida, una manera de vestir y de vivir convertían a personas todavía jóvenes en auténticos ‘señores y señoras’. Hoy en día hay personas muy mayores que por su vitalidad, fuerza y resistencia, bien podrían ser personas de treinta, pero eso no quiere decir que no puedas intuir la edad que tienen. Llegados a ese momento no podemos reducir todo a mensajes como entrenar más, esforzarte más… todo más. Sobre todo si eso implica pagar o gastar más, que es lo que muchas veces ocultan estos mensajes. Y no funciona de esta manera, igual hay que gastar más dinero, pero es así porque necesitas incorporar criterio a tu manera de hacer ejercicio, programar descansos, medir intensidades y contar con un profesional que supervise tus esfuerzos.

Todos lo sabemos, pero parece que se nos olvida. Las mujeres están sometidas a la dictadura de modelos inalcanzables de belleza, pero los hombres no están menos sujetos a estereotipos de fuerza y masculinidad. La industria de los gimnasios y la suplementación está orientada principalmente a lo estético en lugar de a la funcionalidad y al bienestar. Las redes sociales no han hecho más que acentuar el lado negativo de todo esto, no solo necesitamos esa dedicación al ejercicio, sino que además queremos que nos miren mientras lo hacemos. Querer un cuerpo mejor no te convierte en un ser narcisista, pero la fuerza, la potencia y la definición muscular están limitadas por las leyes naturales.

Entonces, ¿por qué intentarlo?

En el lado opuesto está el bando que cogiendo nuestra naturaleza mortal por bandera, esgrimen que no merece la pena el esfuerzo, que hay que vivir la vida entregado a sus placeres y que eso del ejercicio es una pérdida de tiempo. Además, es desagradable y cuesta esfuerzo. Nada más lejos de la realidad, tu objetivo ha de ser el de llevar una vida plena y autosuficiente hasta el último de tus días. Enfrentarte a un entrenamiento, a la larga, es enfrentarte a tu derrota. Es cuestión de tiempo que no puedas mejorar tu velocidad o tu fuerza, llegados a este punto, aprenderás a afrontar dicha ‘derrota’, a ser humilde.

Supongamos que estás muy fuerte, físicamente eres imponente y todo te sonríe. Bien, tienes que tener en cuenta que a casi nadie le importa eso un bledo y, en segundo lugar, no eres tu cuerpo. Tu auténtico ser se oculta tras él. Sugerir que eres lo que pareces es como proponer que te define la ciudad o el barrio en el que vives. El lugar donde vivimos cambia a lo largo de la vida, de la misma manera, nuestro cuerpo es temporal.

Desecha lo superfluo

Una sensación de bienestar pleno, requiere un equilibrio. Todo lo que tiene que ver con el crono, tus medidas, la famosa ‘tableta’ abdominal, etc. Tiene un recorrido concreto. La evolución natural hacia el envejecimiento nos puede ayudar a encontrar una definición mucho más acertada de lo que somos. Digamos que toda nuestra manera de vivir será la que consiga que seamos ancianos felices, pero para ello hay que llegar con los deberes hechos. El cuidado de tu cuerpo es uno de ellos. Aprende a entrenar con otra perspectiva. Y que la fuerza te acompañe.

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