Bienestar

Las tres frases que nunca debes decir si te confían una preocupación

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Raquel AlcoleaABC

Cuando una persona querida nos cuenta sus problemas solemos caer en la tentación de decir cualquier cosa para cambiar de tema y evitar el momento incómodo, pero se puede hacer mejor

No es fácil comprender al otro en tiempos de pandemia. Ese «¿Qué tal estás?» que pronunciábamos a modo de saludo hace poco más de un año es hoy una pregunta obligada cuya impredecible respuesta aguardamos con un sentimiento que camina de forma difusa entre el temor y la esperanza. Los problemas de los otros nos perturban, nos cansan y nos agobias y preferimos anestesiarnos emocionalmente haciendo scroll infinito en las redes sociales, viendo series en bucle o incluso atracando la nevera. «¡Y ahora me viene con sus problemas! ¡Bastante tengo yo con los míos!», dice nuestro monólogo interno. Por eso ahora cuando alguna persona querida o cercana se abre y nos cuenta sus preocupaciones no siempre reaccionamos de la mejor manera posible y decimos cualquier cosa para que pase el momento incómodo y podamos cambiar de tema.

Una manera de responder de manera acertada a esa persona cercana que confía en nosotros pasa por sustituir los «lugares comunes» o las «frases hechas», que pueden suponer una nueva losa para ellos, por expresiones de apoyoacompañamientocomprensión cariño, tal como propone Ixi Ávila, coach de Inteligencia Emocional.

1. «No exageres, no es para tanto»

Así, en lugar de decirle «no exageres, no es para tanto. Hay gente que está peor que tú y no se queja», Ávila propone que validemos los sentimientos de esa persona buscando entenderlos, en lugar de juzgarlos o desacreditarlos. Una frase que iría en este sentido sería: «Te entiendo, no estás solo o sola. Estoy aquí si necesitas hablar».

2. «No pienses en eso, relájate»

Otra frase tentadora que solemos decir cuando alguien cercano nos cuenta lo que le preocupa es decirle cosas como «no pienses en eso, relájate ya». Pero ante esta circunstancia la experta plantea la siguiente cuestión: «Si te digo que no pienses en un elefante rosa probablemente te resultará difícil dejar de visualizar un elefante rosa en tu mente, ¿verdad? Pues con las preocupaciones sucede lo mismo. Es importante entender que esa persona no se está preocupando a propósito y que lo está haciendo lo mejor que puede», aclara. Por tanto, si lo que deseas es apoyarle y ofrecer tu ayuda sincera pregúntale: «¿Hay algo que pueda hacer por ti?». De este modo será esa misma persona la que te diga lo que necesita. A veces solo queremos que nos escuchen.

3. «No hagas dramas, vámonos de fiesta»

También es tentador ofrecer una vía de escape con frases como «No seas dramático, esta noche nos vamos por ahí y te olvidas». Sin embargo, tal como recuerda Ávila un problema de ansiedad no se puede solucionar con una noche de distracción. Lo que puede ayudar a esa persona es sentirse comprendida con frases como: «Puedes contar conmigo, no hay nada malo en pedir ayuda, todas las personas necesitamos ayuda en algún momento y eso está bien», propone.

 

Acompaña, sin juicios ni consejos

Una persona se siente comprendida y escuchada si le acompañamos sin juzgar y si preguntamos sin predecir. Tal como explica la coach de inteligencia emocional, empatizar es escuchar con los cinco sentidos. «A veces nos adelantamos y aconsejamos, consolamos o aleccionamos sin que se nos haya pedido opinión e incluso evitamos los silencios porque nos incomoda el dolor ajeno», argumenta Ávila. Pero en realidad solo se trata de escuchar porque si de verdad se escucha, podemos saber si lo mejor es ofrecer un abrazo, unas palabras de ánimo o compartir un rato en silencio.

Cuando la ecuación se complica

Llevamos casi un año de pandemia caracterizado por mucha incertidumbre y eso ha hecho que los niveles de ansiedad hayan subido significativamente, pero nuestro sistema no está preparado para estar en un estado de alerta o ansiedad constante.

Las señales de la ansiedad varían dependiendo de la persona. Cuando sentimos ansiedad, nuestro sistema se pone en modo de supervivencia y prioriza sobrevivir por encima de otras funciones, por eso cuando este estado se alarga en el tiempo puede desencadenar síntomas físicos (dificultad para concentrarse, problemas de digestión, presión en el pecho…).

La llamada «fatiga pandémica» y otros factores propios de este contexto como la falta de contacto físico con otras personas, los confinamientos o la necesidad de contacto con la naturaleza pueden dificultar la gestión de la ansiedad. Aún así y pese a las circunstancias, la experta asegura que es posible sentirnos mejor si nos educamos emocionalmente. «Las emociones se contagian, tanto la ansiedad como cualquier otra emoción y el hecho de que tantas personas estén sintiendo fatiga emocional y estrés o ansiedad convierten en un reto mayor la posibilidad de actuar frente a la ansiedad de nuestros seres queridos o allegados», explica. En cualquier caso, la mejor opción siempre es, según revela, es pedir ayuda profesional para cuidar nuestra salud mental y la de nuestros seres queridos como se merece.

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