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Xavier Vendrell: Del terrorismo a la irrelevancia

El autor del documento que pone en jaque el plan de Sánchez con Cataluña es un producto de las sombras ‘indepes’

Xavier Vendrell empezó a ser alguien en 1992, cuando acudió voluntariamente a declarar ante el juez Carlos Bueren. Admitió haber sido miembro de la organización terrorista Terra Lliure entre 1989 y 1991, y haber cometido dos atentados, sin víctimas ni heridos. Uno de ellos consistió en tirar un cóctel molotov al interior de un furgón de la Policía Nacional. En la misma declaración, Vendrell aseguró que había abandonado la banda por haber llegado a la conclusión de que las acciones violentas no tenían ningún sentido. Impulsó la disolución de Terra Lliure e hizo de puente para la incorporación de los terroristas a las vías pacíficas. Ya en ERC, se convirtió en el secretario de Organización.

Durante el solo mes

en que fue conseller, de Gobernación, entre abril y mayo de 2006, dirigió una carta, llamada «financiera», a los que habían obtenido su cargo público por su cercanía a los republicanos, reclamándoles un 15 por ciento de su retribución para financiar al partido. En el congreso que ERC celebró en 2008, la militancia vetó su presencia en la ejecutiva con un severo voto de castigo. Desde entonces no ha vuelto a tener responsabilidades orgánicas.

Mientras fue consejero de Gobernación, conoció al entonces senador de la República de Colombia, Gustavo Petro, que como Vendrell tenía un pasado terrorista: había sido un guerrillero del M-19. En 2012, Petro se convirtió en alcalde de Bogotá y Vendrell tiró de su vieja amistad para crear el Barcelona Export Group, centrado en el ‘real estate’. El negocio consistía en aprovechar su relación con el alcalde para propiciar la inversión española en Bogotá.

Para llevar el negocio se asoció con Manel Grau, hijo de un empresario inmobiliario de Barcelona. Manel era el típico caso de un chico de buena familia que no quería que su padre notara sus inclinaciones y consideró una oportunidad marcharse a vivir a Bogotá. Gran aficionado a la ópera, pronto se hizo amigo de la esposa del alcalde, con quien solía tomar té con pastas. Y entre la relación de Vendrell con el alcalde y la de Grau con su señora, el BEG se abrió camino en Bogotá. Entre mordidas, el caos colombiano y el que propiamente acostumbra a generar Vendrell con las relaciones siempre peculiares entre sus ideas, sus proyectos y sus inversores, la obra más significativa que logró concretar fue la llamada Torre Barcelona, en el centro de la ciudad, que alberga una residencia de estudiantes.

A medida que el independentismo se iba aproximando a la culminación de su desafío, se implicó junto con David Madí y Oriol Soler (fueron conocidos como el ‘Estado Mayor’) en la organización del referendo ilegal. Los tres fueron los artífices de que urnas y papeletas llegaran a los colegios. El 3 de octubre, recomendaron a Puigdemont y a Junqueras que se encerraran en el Parlament y declararan la independencia. El ‘Estado Mayor’ dijo tener preparados cuatro olas de 50.000 personas que progresivamente irían a ‘defender’ el Parlament de la eventual entrada de la Policía, a la espera de que muchos más independentistas hicieran lo mismo, para forzar o bien ‘la rendición de España’ o bien una batalla campal con heridos y muertos hasta que la comunidad internacional forzara al Estado a negociar. Puigdemont les respondió: «No es el escenario que teníamos previsto».

A pesar de su militancia republicana, Vendrell influye más en Puigdemont que en Junqueras y en Pere Aragonès. En su ánimo siempre estará la independencia de Cataluña. Otra cosa es que esté en el ánimo de los catalanes, o de los dirigentes independentistas, hacerle caso.

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