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Una remodelación para frenar a la nueva izquierda tras el fiasco del 4M

Los socialistas reconocen que sacaron lecciones de esa derrota y buscan votos tentados por otras izquierdas

Unidas Podemos cree que se trata de un Gobierno electoral para no dejar espacio a Yolanda Díaz e Íñigo Errejón

La dura derrota del PSOE en las elecciones del pasado 4 de mayo en la Comunidad de Madrid es el elemento disruptivo que ha supuesto un cambio en la legislatura. No solo por la dimensión del batacazo socialista, sino por los hechos concatenados que lo produjeron: espacio alternativo a su izquierda y reagrupamiento en la derecha. La combinación de ambos es un peligro real para los socialistas.

En la sala de máquinas del socialismo nunca han considerado extrapolable el resultado madrileño al resto de España. Especialmente porque no en todos los territorios existe una fuerza alternativa de izquierdas a Unidas Podemos como Más Madrid. Pero la reagrupación de la derecha en dos siglas en lugar de tres sí

parece estructural. Y el consenso de sondeos publicados después de las elecciones autonómicas apuntan a que el Partido Popular ya sería la primera fuerza política y que incluso podría sumar mayoría absoluta con Vox.

Si los sectores más alejados de Sánchez están satisfechos por la incorporación de figuras como Isabel Rodríguez Óscar López, en el grueso del partido, que ya respaldaba sin fisuras al presidente, cunde la sensación de que está siendo «muy valiente» al tomar unas decisiones que han supuesto romper con su núcleo duro. «Estamos muy contentos con los cambios», señala una presidenta regional muy vinculada a los sectores más de izquierdas del PSOE.

Un importante dirigente socialista bien conectado con el poder de La Moncloa interpreta el movimiento como una apuesta por no descuidar el flanco izquierdo. El rejuvenecimiento de algunos ministerios y la apuesta por feminizar el Gobierno. Lecciones del 4-M e intento de no dejar espacios a sus competidores electorales.

Algo se está moviendo en ese sector político. Todo el espacio a la izquierda del PSOE se encuentra en una fase de corte casi refundacional. Primero con el reto de sobrevivir al adiós de Pablo Iglesias como su referente. Y a los hándicaps que supone su marcha, como la menor trascendencia mediática de sus mensajes. Algo que en el cuartel general morado ya están empezando a sentir en sus análisis sobre la información publicada.

En el entorno de Pedro Sánchez siempre pensaron que, pese a su desgaste, Iglesias era un anclaje fundamental para que ese espacio político tuviese tirón. Pero su marcha también les genera problemas. En los análisis socialistas estaba muy estudiada la mala valoración que el antiguo líder de Podemos tenía entre su electores. Eso garantizaba un blindaje a la base electoral socialista por efecto rechazo a Iglesias. Pero el 4M demostró que hay un sector de la izquierda descontenta y dispuesta a no ser fiel a las siglas del PSOE. Tocando las teclas adecuadas, puede haber agua en la piscina del descontento.

Y es ahí donde entra la figura del nuevo Unidas Podemos en torno a la figura de Yolanda Díaz. Los últimos datos del CIS ya con ella como vicepresidenta han corroborado lo que ya apuntaban los sondeos cuando solo era la ministra de Trabajo: tiene mejor valoración que Iglesias entre los votantes de Unidas Podemos, pero además aprueba entre los votantes socialistas. Una condición indispensable para que la formación pueda volver a atraer votantes socialistas. Algo que dejó de suceder desde 2018.

Podemos afronta un escenario novedoso en el que su dirigente, Ione Belarra, no es la líder del espacio electoral. Pero la apuesta para superar la etapa de Iglesias es una presencia masiva de mujeres en los puestos de mando. Con Belarra e Irene Montero como rostros más visibles. Aunque ninguna de las dos tiene el nivel de valoración de Díaz, la apuesta por visibilizar casi en exclusiva a perfiles femeninos es elocuente.

La nueva etapa de Unidas Podemos entra en colisión con el impulso que ha experimentado el espacio político de Íñigo Errejón. Más Madrid logró superar al PSOE en la comunidad con la candidatura de Mónica García. Y el resultado otorga una segunda oportunidad al experimento de Más País, que en la repetición electoral de 2019 no cumplió con las expectativas. Yolanda Díaz no ha solemnizado su aceptación de la candidatura. Pero la semana pasada ya dio muestras de ampliar ese espacio reforzando los lazos con los comunes y alimentando una posible llegada de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, a la política nacional. Pero a la vez mencionando por primera vez de manera clara a Mónica García. Aunque no se piensa en un acuerdo pronto, Díaz sí apostó por «trabajar para ir hacia una fórmula transfronteriza» sin «ningún miedo a mezclarnos».

Y es ante esa eventual unión en torno a una candidatura con fuerte presencia femenina contra lo que tiene que competir el PSOE. Diferentes fuentes de ese espacio político consultadas sí interpretan que el movimiento de Sánchez conforma «un Gobierno más electoral» y creen que es un cambio que «tiene mucho que ver con Yolanda Díaz». Pero también se señala a la necesidad de no dejar margen de crecimiento al espacio verde y urbano que representa la marca de Errejón. Aunque es precisamente su figura el gran escollo para un pacto natural.

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