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Un Gobierno más presidencial: sin bandos, el gran pulso será la receta económica

Sánchez apuesta por una estrategia que le deja sin sus principales lugartenientes y que sitúa en la respuesta económica y social la clave de la legislatura

Pedro Sánchez ejecutó este sábado una profunda remodelación de su Consejo de Ministros en un terremoto con réplicas también en el gabinete de la presidencia del Gobierno y en el aparato del PSOE. Un movimiento con el que el presidente lanza varios mensajes. Pero uno por encima de todos: será un Gobierno más presidencial.

Hay decisiones que se vinculan con la necesidad de superar las fracturas de un PSOE que estaba plegado a Pedro Sánchez pero que mantenía vivo en su recuerdo los traumáticos momentos del periodo 2016-2017. Esas incorporaciones unidas a la celebrada marcha de Iván Redondo, por parte del aparato socialista, proyectan la interpretación de que «vuelve el PSOE»Hasta los más críticos con Sánchez están contentos.

 

¿Pero eso significa que estamos ante un Gobierno más político? Es un Gobierno más orgánico, que piensa también en los retos a corto y medio plazos del PSOE. Con la idea de revitalizar una marca que más que asociada a La Moncloa lleva tres años a su sombra. Pero difícilmente puede definirse como más político cuando abandonan la sala de mandos los dos ministros más políticos del Gobierno: Carmen Calvo y José Luis Ábalos. Al menos hasta que las nuevas figuras cojan vuelo y también eso se combine con más peso en el partido, la nueva estructura tiene menos experiencia y menos talla.

Esas dos salidas del Gobierno, unidas a la de Iván Redondo y la de Pablo Iglesias hace meses dejan a Pedro Sánchez sin los cuatro pararrayos que acumulaban buena parte del desgaste. Salvo en el caso de Iglesias, Sánchez apuesta por ese nuevo equilibrio por voluntad propia. Sin ellos, quitándole la portavocía a María Jesús Montero y sin ascender, todo lo contrario, a Miquel Iceta, ¿quién es ahora la segunda voz más autorizada del Gobierno en términos políticos? Tanto en el PSOE como en Unidas Podemos otorgan esa condición de número dos del Gobierno al nuevo ministro de Presidencia, Félix Bolaños. Y así será, pero su perfil es por el momento menos mediático de lo que se requeriría para jugar el papel de voz oficiosa del Gobierno. Necesitará algo de tiempo para calar.

Pero en cualquier caso, lo que es muy claro es que Sánchez ha priorizado la necesidad de transmitir un golpe de mano antes que cualquier otra consideración respecto a sí ahora está más o menos protegido que antes. «Isabel Rodríguez, Pilar Llop, Pilar Alegría y por supuesto Félix irán cogiendo altura como para conformar esa nueva red de seguridad. Los que se van tienen mucho peso, pero también estaban muy quemados», reflexiona un presidente autonómico socialista en conversación con este diario.

Sánchez ha priorizado la idea de proyectar un cambio de ciclo para cambiar una tendencia política y electoral que, por primera vez desde que llegó al poder, empieza a ser adversa para sus intereses. En esa necesidad se explican los cambios. En la intención de cambiar también los patrones de comunicación. Se prescinde del estratega y gurú comunicacional y de los principales rostros.

El presidente ha decidido además que las tensiones internas dejen de ocupar foco de atención. Con la remodelación de ayer desaparecen tres focos de tensión de golpe: el duelo Calvo-Redondo, la disputa entre la vicepresidenta primera y Unidas Podemos y las del socio minoritario con el ministro de Transportes. Además de la madre de todas las batallas: el pulso de Redondo con el aparato del PSOE. Una convivencia que era ya difícil de sobrellevar.

Los morados normalmente chocaban con Calvo. Ya no está. Con Juan Carlos Campo. Ya no está. Y por la cuestión de la vivienda con José Luis Ábalos. Pilar Llop y Raquel Sánchez les transmiten a priori una mayor comodidad. No obstante, la placidez total no va a llegar a la coalición. En UP reconocen que la figura de Ábalos no era el principal problema para alcanzar el pacto en materia de vivienda. Aunque era él quien ponía voz a las resistencias del PSOE.

Para Podemos el problema está en el dúo que conforman la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Sí en el caso de los equilibrios políticos en UP ven con buenos ojos la remodelación, en el área económica nada cambia. Y será ahora en este pulso, en la receta económica para la postpandemia, donde se va a sustanciar el principal pulso de la coalición. Nada que no sucediese ya. Pero ahora con mayor protagonismo ante la ausencia de viejas rencillas y por la determinación de Pedro Sánchez de poner el foco en la recuperación económica.

La prórroga de los ERTE, la profundidad en los cambios en la reforma laboral, la ley de vivienda, la subida del Salario Mínimo y la futura reforma fiscal que UP quiere ir avanzando y que los socialistas quieren abordar más adelante. Todo eso está en juego. Y será el nuevo campo de batalla de los socios de coalición. Ambos buscan un repunte en los sondeos que debe venir desde la acción de Gobierno. Mientras a la vez se miran de reojo porque, por encima de todo, PSOE y Unidas Podemos son competidores electorales.

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