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Un español, especialista en difundir mensajes de Daesh, detenido en la cárcel de Murcia por captar yihadistas

Centro Penitenciario de Murcia II
Centro Penitenciario de Murcia II

Pablo MuñozABC

Es la segunda operación en este centro penitenciario desde marzo contra individuos que intentan reclutar muyahidines también entre los presos comunes. Prisiones ha sido clave en las dos investigaciones

Es español, tiene 31 años y residía en Ceuta cuando fue encarcelado en 2017 tras una operación de la Comisaría General de Información de la Policía en la que se le acusó de ser un ‘informante’ o ‘reportero’ de la yihad, un perfil que utiliza Daesh en todo el mundo para hacer atractivos a sus captadores y convertirlos en ejes de acopio y distribución de su propaganda. En la actualidad cumple condena en la prisión de Murcia II, en Campos del Río, donde ayer por la mañana volvió a ser detenido por agentes antiterroristas de esa unidad acusado de reclutar yihadistas dentro del centro penitenciario, siguiendo así de forma fiel las instrucciones de Estado Islámico, al que ha jurado fidelidad.

Es llamativo que esta sea la segunda operación de este tipo que hacen las Fuerzas de Seguridad desde marzo en ese centro penitenciario, aunque no están relacionadas. La anterior fue realizada por la Jefatura de Información de la Guardia Civil, que detuvo a tres individuos por formar una célula de reclutadores para Daesh. El cabecilla, M. F., delincuente sexual, fue arrestado en la cárcel de Zuera (Zaragoza) y sus dos compinches, M. A. y K. B., ambos argelinos y el primero de ellos con condenas por homicidio, en la citada prisión murciana.

La investigación que desembocó en la detención del jueves comenzó en 2019, cuando los agentes tuvieron conocimiento –gracias al trabajo desarrollado por los profesionales penitenciarios en el ámbito de la prevención, detección y control de los procesos de radicalización de naturaleza yihadista en los establecimientos penitenciarios– de las actividades de un recluso muy radicalizado que se encontraría realizando labores de captación entre el resto de los internos.

El perfil de este sujeto, que cumple condena por hechos similares, hizo que se redoblara la vigilancia sobre él. Como miembro que fue del aparato de propaganda de Estado Islámico, el sospechoso era un profundo conocedor de la estrategia de difusión y comunicación mediática de la organización terrorista y había adaptado su «modus operandi» al entorno penitenciario. En su día se le intervinieron decenas de miles de vídeos que subía a plataformas y disponía de programas informáticos muy profesionales para la edición de imágenes. Aunque ahora no disponía de esas posibilidades técnicas, sí utilizaba la palabra y los actos como método de captación. Se trata de un tipo algo tosco, pero como su voluntad de reclutar a nuevos combatientes para Daesh se mantuvo firme también entre rejas, los expertos consideran se trata de alguien especialmente peligroso.

Este individuo está considerado por los agentes como un ‘mindhunter’ o ‘cazador de mentes’, y su intención era manipular la voluntad y adoctrinar a otros presos –incluso a personas condenadas por delitos comunes y ajenos a las doctrinas yihadistas-, con el objetivo de captarlos y adherirlos a la causa de la organización terrorista.

Como ya se ha adelantado, el detenido fue arrestado por primera vez a principios del mes de noviembre de 2017 durante una operación contra el terrorismo yihadista llevada a cabo por la Policía en Ceuta. En aquella ocasión, actuaba como distribuidor de material a modo de ‘informante de Daesh’, una figura clave en la obtención, almacenamiento y difusión de contenidos radicales procedentes de los canales oficiales de la organización terrorista. Así, se encargaba de distribuir en tiempo real cada una de las novedades y noticias publicadas por ésta.

Además, los agentes de la Comisaría General de Información demostraron que el detenido formaba parte de una red de captación, adoctrinamiento y reclutamiento con influencia en jóvenes asentados en el barrio ceutí de El Príncipe. En concreto, formaba parte del grupo de media docena de individuos la mayoría de los cuáles viajaron en torno a 2014 a zonas de yihad, especialmente a Siria, para unirse a las filas de Daesh. Prácticamente todos murieron en combate y si él no se unió a sus compañeros fue, probablemente, porque su constitución física –se trata de un tipo muy corpulento–, le dificultaba mucho poder seguir los cursos en los campos de entrenamiento de los yihadistas.

« Gracias al trabajo de los funcionarios de prisiones hemos actuado pronto y este individuo no ha conseguido hacerse con un grupo de seguidores dentro de la prisión», explican las fuentes consultadas por ABC. «La coordinación de la Policía con Instituciones Penitenciarias es absoluta, y como este Cuerpo es el que ha detenido a más de un 80 por ciento de los yihadistas encarcelados los mecanismos de trabajo están muy engrasados. De hecho, cada vez que alguno de los arrestados en operaciones antiterroristas es encarcelado se envía a la prisión un historial de las características del recluso, lo que permite seguir con ellos estrategias eficaces», añaden los mismos medios.

Las directrices de Estado Islámico dirigidas a sus adeptos en prisión van específicamente orientadas a concluir el proceso de adoctrinamiento y captación sobre afines a la organización y a detectar otros presos susceptibles de asumir su ideario. La neutralización de este potencial peligro es objetivo prioritario de la Policía e Instituciones Penitenciarias en el marco de la lucha contra la radicalización en prisión y evidencian el compromiso común para la detección precoz como eje vertebrador de su estrategia preventiva.

Además de las dos operaciones en la cárcel de Murcia desde marzo, en este periodo hubo una tercera operación, en este caso de la Guardia Civil, con epicentro en la cárcel de Botafuegos, en Algeciras.

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