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Tres días en la oficina, dos en casa: volver al trabajo tras el Covid

Las empresas buscan modelos híbridos para ganar presencialidad sin dejar de lado el remoto

Muchos empleados no se ven preparados para trabajar de nuevo codo a codo con los compañeros

Desde hace unos días a Julia (nombre ficticio, porque quiere evitar ser identificada en su trabajo) le cuesta conciliar el sueño por las noches. En concreto, desde el pasado martes, cuando su empresa le comunicó que en las próximas semanas tendrá que volver presencialmente a la oficina, tras más de un año trabajando desde el despacho que montó al poco de empezar el confinamiento por la pandemia en su casa. «Compré un ordenador de sobremesa y una silla de oficina para no notar la diferencia y al final lo que he notado es que trabajo mucho mejor así y aprovecho más el tiempo», explica. Pero aunque sea más o menos productiva desde el hogar, sus jefes tienen claro que

 quieren que su negocio vuelva a ser el que era en época prepandémica, por lo que, aunque aún pueda alargarlo algo de tiempo, no le quedará más remedio que retornar.

«Nunca me había pasado esto. Es más, he cambiado de trabajo un par de veces y, aunque al principio sí me daba un poco de miedo el cambio, me adapté muy rápido a todo. Pero lo que me pasa ahora es diferente. Cuando pienso en volver, se me forma un nudo en el estómago». El clima en su oficina, dice, no es malo. Al revés, recuerda que se reía bastante con muchos de sus compañeros. Pero trabajar desde casa la ha hecho sentirse mejor, confiesa. «He ganado en calidad de vida. Antes tardaba casi una hora en ir y otra en volver y como llegaba cansada, no me apetecía ponerme a cocinar; acababa comiendo cualquier cosa. Ahora tengo tiempo para cocinar, hacer deporte y salir a dar un paseo cuando termino, cosas que antes no hacía», cuenta.

Ayuda psicológica

Sí añora algunos momentos con sus compañeros, contrapone, «pero -dice- seguimos todo el día hablando por móvil, por videollamadas, por el chat del trabajo… Al final la comunicación es la misma», afirma.

Es consciente de que va a volver y confía en que los pensamientos que ahora le impiden dormir bien se vayan a medida que se acostumbre de nuevo a la rutina, pero no descarta recurrir a la ayuda psicológica si ve que no avanza. Buscar un empleo en el que se le permita teletrabajar de manera permanente también se le ha pasado por la cabeza, pero de momento quiere ponerse a prueba a sí misma y ver si realmente su vida prepandémica era tan mala o tiene la actual algo «idealizada».

Como ella, muchos trabajadores ven cómo estas últimas semanas sus empresas vuelven a requerir su presencia en las oficinas. Con la incidencia en tendencia descendente y el avance de la campaña de vacunación, son mayoría las compañías que lo hacen. Incluso aquellas puramente tecnológicas, como es el caso de Apple, está pidiendo a los trabajadores que vuelvan a las oficinas tres días a la semana y trabajen desde casa los dos restantes, un extremo que no ha sentado muy bien entre los trabajadores de la empresa fundada por Steve Jobs, que prefieren seguir desarrollando sus labores en remoto.

Retroceden

En España también se está observando esta inercia. Después de más de un año de teletrabajo, son muchas las empresas que quieren que sus trabajadores regresen a las oficinas. Así lo explica Alberto Gavilán, director de talento de Adecco, agencia de colocación. «Muchas empresas decidieron alargar el teletrabajo todo lo posible, pero este año ya estamos viendo que muchas han retrocedido, incluso tecnológicas con grandes posibilidades de teletrabajo», dice.

Sin embargo, esta vuelta presencial no es permanente, pues vistos los beneficios que ha reportado trabajar desde casa tanto a jefes como a empleados, las compañías evolucionan hacia modelos mixtos. «El modelo híbrido es el que se va a imponer donde se pueda, combinando la presencialidad con el teletrabajo con, por ejemplo, dos o tres días a la semana de trabajo desde casa y el resto en la oficina», afirma Gavilán.

Y este modelo híbrido, expone Gavilán, es la manera de intentar combinar los beneficios que ofrece el teletrabajo con los que aporta la presencialidad. En suma, trabajar desde casa ha tenido riesgos, como el de eliminar la extensión interminable de la jornada laboral que, por norma general, sí existen en el modelo presencial cuando el trabajador sale por la puerta de la empresa. «El gran riesgo del teletrabajo es el límite horario porque estás en casa y no pones unos límites tan fijos. Se vio muy bien durante los meses más duros de la pandemia, cuando todo el mundo pensaba que podía llamar a cualquier hora a un compañero para abordar cuestiones de trabajo», señala el experto de Adecco.

Esa es la contra. El pro es que estar en el hogar también ha facilitado la conciliación al lograr, entre otras cosas, ahorrar mucho tiempo en desplazamientos. Además, aportó seguridad a muchos empleados que trabajaban desde casa en los momentos en que las cifras de contagios y fallecimientos no dejaban de crecer sin control alguno. Muchas compañías, además, han visto cómo, gracias a este sistema, podían confiar más en sus asalariados. «Los índices de productividad han sido buenos en épocas de teletrabajo. Las empresas han visto cómo sus empleados se comprometían y asumían sus responsabilidades, lo que les ha ayudado a darse cuenta de que pueden confiar en ellos», señala Gavilán.

Contacto continuo

A la hora de fomentar la labor en equipo, sin embargo, la presencialidad gana puntos. Cierto es que durante el último año se han impuesto las videollamadas grupales y aplicaciones para mantener un contacto continuo con el resto de la plantilla, pero nada puede sustituir al cara a cara. «En todo trabajo en equipo es positivo poder tener un contacto directo con los compañeros. Las reuniones presenciales facilitan mucho la comunicación e incluso sirven para ganar tiempo, pues con el remoto a veces hay exceso de reuniones o estas se alargan», dice Gavilán.

Es precisamente esta sociabilización que se da en las oficinas la que provoca que muchos empleados tengan ganas de recuperar su rutina preCovid. Otros, en cambio, se conforman con seguir viéndolos a través de las pantallas. «Hay personas que están deseando volver a las oficinas porque toda la parte social la tienen como vinculada al entorno laboral y les aporta mucha satisfacción. Pero hay otras que bien por miedo o bien porque tienen una casa estupenda para trabajar o viven muy lejos prefieren seguir desde casa», explica Elisa Sánchez, coordinadora del grupo de Salud Laboral del Colegio de la Psicología de Madrid.

En resumen, a quien más afectará la vuelta a la oficina, señala Sánchez, es a las personas «con más ansiedad tipo agorafobia o trastornos obsesivos compulsivos». Hay algunas que incluso necesitarán terapia, dice esta profesional. «Toda esta situación ha sido un detonante para personas que ya tenían vulnerabilidad previa. Lo que hace esto es incrementarlo», señala.

En la misma línea se posiciona Isabel Aranda, doctora en Psicología y vocal de Psicología del Trabajo del Colegio de la Psicología de Madrid, que añade otros motivos por los que hay trabajadores que no se sienten aún preparados para volver en persona. «Han visto que su vida ha mejorado y quieren seguir así». Pero el miedo al contagio, agrega, sigue presente, y los protocolos que llevan a cabo las empresas para que el virus no entre en ellas consigue reafirmarlo más. «Te enfrentas a una situación altamente estresante; es como empezar de nuevo en un sitio que te resulta desconocido y te preguntas si sigue siendo peligroso», sentencia.

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