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Tres años de Gobierno en archiminoría: Sánchez o cómo jugar con audacia las malas cartas del destino

Dirigentes del PSOE, el ministro Ábalos, Pablo Casado, Edmundo Bal y Mireia Vehí (CUP) hacen balance en el aniversario de la moción de censura a Rajoy.

A nadie debería sorprender que este tercer aniversario de la llegada al poder de Pedro Sánchez coincida con un mal momento en su carrera política. Porque, repasando la hemeroteca, ¿cuándo no? Diríase que ha querido el destino ponerle, una vez más, ante una prueba, esta vez nueva y distinta: “Soplas tres velas triunfales en Moncloa… pues ahora toca ver cómo lidias con que, por primera vez, las encuestas te pongan por detrás del PP de Pablo Casado“.

Lo demuestra el sondeo de SocioMétrica que publica este domingo EL ESPAÑOL: hay algo de trágico en el sino de Sánchez, siempre ha de remar a contracorriente.

Porque, después de ser secretario general en 2014 y ser despeñado por tu propio Comité Federal en 2016, te rehiciste, recorriste España en un Peugeot y venciste al aparato. ¿Quién te puede discutir en el PSOE?

Después de llegar al Gobierno el 1 de junio de 2018 con sólo 85 diputados -algo imposible– haciendo triunfar una moción de censura -algo inédito- contra Mariano Rajoy, y con dos investiduras fallidas de por medio -algo que habría hecho caer a cualquier líder-, ¿cómo pierdes el favor del público?

Has ganado dos elecciones generales seguidas, y redujiste al PP a sus peores resultados de siempre. Repetiste en las europeas, en las municipales y en las autonómicas… hasta ganaste unas catalanas por primera vez, ¿y sólo un ayusazo te va a descabalgar?

Estás superando la pandemia, España marca el mejor ritmo en vacunación de Europa y las cifras de hospitalización y muerte están en franco descenso. Los datos económicos empiezan a cuadrar, eras el único socialista de Europa y has convencido a conservadores y liberales liderando la emisión de deuda mancomunada en la UE. ¿Por qué esto ahora?

“Ni el virus ni la derecha”

Sánchez ha gobernado siempre en archiminoría. No ha habido un presidente con menos respaldo parlamentario en democracia. Pudo caer al perder los Presupuestos de 2019, pero no. Pudo hacerlo al fracasar su investidura con el segundo no de Podemos en 2019. Y tampoco. Pudo hundirse con las peores cifras de muertes y el encierro de tres meses en 2020. Pero, al menos él, salió más fuerte.

“Si algo ha sabido demostrar Sánchez es que sabe sobreponerse a la adversidad”, advierte un miembro de su Ejecutiva a este periódico cuando se le ponen esas malas cartas en la mano.

Esta crisis sanitaria, económica y social no es producto de su gestión, eso es indiscutible. A eso se agarra José Luis Ábalos, consultado por EL ESPAÑOL: “Son tres años de cambio, de apuesta por la justicia social, que se han visto condicionados por la pandemia”, reflexiona, esperanzado de que la cosa acabe y lo que ahora toque sea desplegar su programa.

El número tres del PSOE y ministro de Transportes toma la gestión de la Covid como impulso. “Hemos movilizado todos los recursos del Estado para atender a los más vulnerables y proteger el empleo y las empresas”. Y como acicate para lo que le queda a la legislatura de Sánchez: “Ni el virus ni la derecha van a impedirnos salir de la crisis, conquistar más derechos y reactivar la economía”.

Es cosa de la fatalidad, de un virus que ha invadido el mundo, y ¿no era que en este país los votantes premian al que le saca de las crisis? Quizá por eso, Pablo Casado lleva días, semanas, meses y años -él también cumple tres al frente del PP en breve- dándose cabezazos contra el muro del rostro impenetrable de Sánchez.

“La Legislatura entra en vía muerta”, insiste un portavoz de la dirección del PP, al repasar la efeméride para este diario. “El Gobierno de Sánchez ya no da más de sí, no sólo por su ineficacia, que también, o por la victoria del PP en la Comunidad de Madrid, sino porque los ciudadanos ya no se creen más la propaganda y la mentira que sigue imperando en este Ejecutivo”.

A su lado, Casado asiente y concluye para EL ESPAÑOL: “Seguimos adelante”. Porque “cuanto antes lleguemos, antes enderezaremos el rumbo de España y mejor será para los españoles”, apostilla su colaborador.

¿”Cambio de ciclo”?

Pero tanto empeño de los populares en percutir sólo ha logrado que Casado fuera presentado como un impaciente. Moncloa lo pinta como alguien desesperado por no encontrar cómo hacerle mella al presidente socialista.

“Hay un cambio de ciclo político evidente”, apuntan las fuentes del PP consultadas para este reportaje. “No podemos afrontar la situación actual con este Gobierno. Los españoles ya nos perciben como alternativa al sanchismo y nos presentamos con el aval de los anteriores gobiernos del PP y de los actuales en las CCAA y Ayuntamientos”.

 

¿Alternativa, acaso pasa algo? Al jefe del Ejecutivo se la han amontonado el desastre en cadena del murcianazo; el abandono de Iglesias, hasta ahora su pegamento con los socios parlamentarios; y los sondeos dados la vuelta por primera vez en tres años.

Además, una crisis brutal con Marruecos, que su entorno admite “gestionada con demasiada mano izquierda” y poca determinación. Un desencuentro con el vecino del sur comenzó con el desplante de Sánchez a Mohamed VI al tomar posesión y que reventó hace 13 días en Ceuta

…y todo a la vez que Esquerra forma gobierno por primera vez en Cataluña en el mismo mes en que se cumple el calendario de los indultos.

Ahora parece que sí puede zozobrar, y no lo dicen sólo los populares: “Son tres años de desgobierno que hoy, con la pretensión de indultar a los políticos presos del procés“, diagnostica Edmundo Bal, portavoz de Ciudadanos, “demuestran que Sánchez eligió a los peores socios posibles para España”.

Pero cuando parece que ya, a la vista de este lío monumental en el que los hados han colocado a Sánchez, la realidad es que la experiencia dicta a los analistas que lo siguiente no es cómo se va a despeñar barranco abajo el presidente, sino cómo va a salir -una vez más- de ésta.

“Lo que pasa conviene”

“Ante situaciones así, en Moncloa, nos miramos unos a otros”, explica un funcionario que ha trabajado estos años en Presidencia, “pero él y su equipo más cercano son ejemplo de audacia, saben cómo hacer eso de ‘lo que pasa, conviene’… es un espectáculo”.

Una prueba de ello es la carrera paralela del hoy presidente con Pablo Iglesias. El PSOE huye de paralelismos, pero Sánchez llegó al liderazgo socialista (en las primarias de julio de 2014) a la vez que Iglesias irrumpía en la política (en las europeas de mayo). En Unidas Podemos, de hecho, habita la sensación de que cuando le ha convenido, el presidente ha mostrado una cara más de izquierdas o “antisistema”.

Pero los morados no se fían de él, recuerdan que en cuanto Sánchez regresó se echó en manos de Ciudadanos, para ser “el PSOE de siempre” otra vez. Y que si ahora gobiernan en coalición es porque “no le queda más remedio”. Son conscientes de que terminaría con Unidas Podemos si pudiera.

Por de pronto, los dos socios que se ha buscado el presidente para gobernar ya están fuera de la política. Primero se abrazó a Albert Rivera y luego a Pablo Iglesias. Ya sólo que da él.

Puede que Sánchez haya perdido al enlace con los indepes en el peor momento. Así lo advierte la portavoz de la CUP, Mireia Vehí. “El autodenominado ‘gobierno más progresista de la historia’ ha demostrado ser extremadamente conservador”, critica.

“Sánchez ha seguido favoreciendo a los más ricos, tiene una política de Interior durísima con la población migrante y una de Defensa en línea de lo más ultra del Ejército. Es indulgente con la corrupción de la Monarquía, represor con los derechos civiles y políticos, y sin ninguna solución útil al conflicto en Catalunya”, contesta vía Telegram.

Y es que los cupaires, pocos en Madrid, son clave para lo más inmediato: la mesa de diálogo, los indultos… y los apoyos al Ejecutivo en el Congreso. Sin los votos de Esquerra, Sánchez no podrá ni siquiera convalidar los decretos con los que por ahora está tratando de diluir el control parlamentario.

Pere Aragonès necesita a los antisistema para gobernar Cataluña y Sánchez a él para gobernar España, otra jugada del destino. Pero “estar en el poder juega a mi favor”, repite a todo esto el presidente, según sus allegados.

Quedan dos años y medio para las próximas generales, y tiene en su mano 70.000 millones europeos que repartir. Un señuelo que otro ministro, que prefiere permanecer en el anonimato para este reportaje, considera que “sabremos ir gestionando”. Para modernizar España, y para apuntalar al jefe en el poder.

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