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Todo lo que hay detrás del ‘secuestro’ del Ever Given: «Es una cantidad injustificada, una majadería»

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F. J. Calero – ABC

Las autoridades egipcias liberaron a dos de los 25 tripulantes retenidos en el Ever Given

El culebrón de la crisis de Suez continúa. Pese a que hace dos semanas parecía reflotar tanto el Ever Given, el megabuque portacontenedores más famoso del mundo, como la ruta marítima por la que transita el 12% del comercio global, un juzgado de Ismailía ha ordenado esta semana la retención del navío hasta que la compañía propietaria, la japonesa Shoei Kisen, cumpla con el pago de una compensación histórica por valor de 916 millones de dólares (764 millones de euros).

Los daños colaterales no solo afectan a la carga del Ever Given sino a los tripulantes de nacionalidad india, que han sido tomados como ‘rehenes’ de la negociación entre la Autoridad del Canal de Suez (SCA) y los armadores de la embarcación. De los 25 navegantes atrapados inicialmente, dos fueron liberados ayer por las autoridades egipcias por razones de emergencia. La SCA se mantiene en su posición de fuerza asegurando que no escatimará esfuerzos para conseguir sus propósitos en las negociaciones, sin descuidar las necesidades de la tripulación.

La escalada de la crisis, de diferente naturaleza a la de hace tan solo tres semanas, ha provocado todo tipo de críticas por parte de la comunidad de especialistas en derecho marítimo e internacional. «Esto es muy duro. Es una majadería como si quisieran dar el pelotazo de sus vidas. Aquí ha habido una actitud alejada del derecho occidental que es muy difícil de entender», valora Félix Ruiz-Gálvez, socio fundador del bufete homónimo especializado en derecho marítimo.

 

El problema es que Egipto no ha firmado el convenio de embargo preventivo de buques de 1999 por el que tendría que liberar el barco a cambio de una fianza, una garantía financiera. En Egipto no quieren una garantía, quieren el dinero directamente

 

Aunque se cuestiona la neutralidad de la Justicia egipcia, el veredicto del tribunal fundamenta la incautación del Ever Given en los artículos 59 y 60 de la ley de comercio marítimo de Egipto, que determina que el barco permanecerá incautado hasta que se pague la cantidad en su totalidad, y no hasta que se garantice el pago, como recalca Ruiz-Gálvez. «El problema es que Egipto no ha firmado el convenio de embargo preventivo de buques de 1999 (pero sí el de Bruselas de 1952) por el que tendría que liberar el barco a cambio de una fianza, una garantía financiera. Es decir, usted me ha hecho algo y mientras que se decide la sentencia no se escapa sin dejar una fianza. Pero en Egipto no quieren una garantía, quieren el dinero directamente», explica el abogado.

Según estimaciones recogidas por la revista especializada británica Lloyd’s List, el valor de este barco portacontenedores, uno de los más grandes del mundo, de 220.000 toneladas y 400 metros de eslora, no pasa de los 100 millones de dólares, es decir nueve veces menos de la factura que exige la Autoridad del Canal a la propietaria del navío, ahora anclado en el Gran Lago Amargo, para liberarlo con destino Rotterdam. Lloyd’s List cree que la reclamación carece de fundamento: 300 millones corresponden a la pérdida de reputación y otros 300 al salvamento.

Ruiz-Gálvez no ve «solución por el momento» teniendo en cuenta las cantidades que están sobre la mesa. « El armador podría decir “quédate tú con el barco” que ya se encargará el seguropero a la tripulación no la dejan salir. La autoridad del Canal (SCA), que tiene muchos problemas de mantenimiento por el desierto, parece como si tuviera miedo y ha dictado un “aquí no se mueve nadie”. Habría que ver si no ha habido un problema por el que el barco, y no el Canal, podría reclamar una pérdida patrimonial», agrega. En caso de fuerza mayor, es decir un hecho imposible de evitar, cada actor asume sus propias pérdidas porque el hecho no se le puede imputar a nadie por responsabilidad.

Olaf Merk, del Foro Internacional de Transporte, entidad asociada a la OCDE, cree que todo responde a que las distintas partes implicadas, en plena investigación del incidente, tratan de eludir la responsabilidad y la carga de los costes generados. «Más allá de este incidente, está claro quién va a tener que asumir más los daños: el sector público que financia los ajustes de infraestructura necesarios para acomodar los megabuques», dice a ABC.

Objetivo: defender el orgullo nacional de Egipto

Los propietarios de la carga y los contenedores del buque Ever Given afrontan un proceso especialmente complejo y delicado para liberar la carga después de que el propietario del buque declarara la avería gruesa. Si se admite la reclamación, se exigirá la parte del coste de reflotamiento. Y si las negociaciones en curso fructificaran, propietarios y armadores deberían contribuir a las pérdidas causadas por el incidente. Sin embargo, la contundencia de las autoridades egipcias, que amagan con no dar su brazo a torcer, aleja cualquier viso de solución rápida y amistosa. «Están vapuleando a un cliente muy importante como es Evergreen (la operadora taiwanesa del buque Ever Given). Una de las partes es muy rígida. Me da la sensación de que en cualquier momento puede aparecer un nuevo actor de la talla de Emiratos al ver que se encarecen los seguros marítimos y pueda esto terminar afectando al negocio petrolero», especula Ruiz-Gálvez sobre los posibles efectos de estrategias tan agresivas como la egipcia.

 

En estos años de gobierno, Al Sisi ha apostado por una comunicación basada en una imagen hiperbólica de que todo lo que construye, ya sean fábricas textiles o bases navales, es siempre lo mejor, lo más grande o lo más avanzado en la región o incluso en el mundo

 

No en vano, para el Gobierno de Abdelfatah al Sisi, en esta crisis no está en juego la estabilidad política ni económica de Egipto, sino el orgullo nacional. En estos años de gobierno, Al Sisi ha apostado por una comunicación basada «en una imagen hiperbólica de que todo lo que construye, ya sean fábricas textiles o bases navales, es siempre lo mejor, lo más grande o lo más avanzado en la región o incluso en el mundo», relata a ABC el analista del Think Tank Carnegie Middle East Center Yezid Sayigh. A su juicio, la crisis de Suez responde a esta «narrativa paranoica de que Egipto está siendo atacado por enemigos externos invisibles que desean destruirlo, negando su importancia y sus logros».

El incidente del canal no ha afectado en gran medida a Egipto ni política ni económicamente, según el analista. Sin embargo, no ha sido óbice para que el orgulloso e hiperbólico Gobierno de Al Sisi creara una situación incómoda. Otras crisis del pasado, en cambio, pasaron de puntillas en su estrategia propagandística. Así, en las dos tragedias aéreas de los aviones de Egyptair, que provocaron cientos de muertos, «los investigadores egipcios se negaron a realizar investigaciones conjuntas e hicieron un gran esfuerzo para promover explicaciones que les convenían políticamente y les asignaron responsabilidades a otros. Lo mismo ocurre con la horrible tortura y asesinato del estudiante de doctorado italiano Giulio Regeni en El Cairo hace cinco años», subraya Sayigh. En este tiempo, las autoridades egipcias se han negado a compartir datos con las italianas, negando en todo momento los hechos.

La de Suez no es una crisis fugaz más de esta vorágine mediática tan propia de nuestros días. Como si se tratara de la segunda temporada de la última serie de moda, el incidente del Ever Given vuelve a nuestras pantallas con giros de guion inesperados. De fondo, las cadenas de suministro entre Asia y Europa se han resentido hasta el punto de perjudicar no solo al sector energético sino hasta los más peregrinos como el de los gnomos de jardín por la escasez de materias primas para confeccionarlos, publicaba ayer la BBC. En esta miniserie entran en juego varios ingredientes que garantizan un éxito de audiencia: tiene suspense, por el futuro del comercio global en plena pandemia, tiene a un régimen en crisis que ‘toma rehenes’ hasta conseguir una compensación millonaria, y tiene incluso víctimas inocentes a miles de kilómetros de distancia: unos inofensivos enanitos de jardín.

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