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Sin chips: ¿Se acerca la próxima sequía tecnológica?

La pandemia ha puesto contra las cuerdas la ciencia

Durante la pandemia hemos visto cómo multitud de aspectos de nuestra sociedad se precipitan como fichas de dominó, unas tras otras. Algunas han sido más previsibles, como el colapso del sistema sanitario o el aumento de las tensiones entre convivientes, pero otros se han hecho esperar un poco más. Vivimos en un mundo complejo y estrechamente interconectado, pretender ser capaces de predecir el futuro con tan solo un puñado de datos no parece tener sentido y, de hecho, falla con frecuencia. Por supuesto que existen modelos predictivos de gran complejidad capaces de anticiparse a estos aparentes caprichos del mundo, pero eso no significa que, cuando llegan, la sociedad los acepte como evidentes. Esto es, a grandes rasgos, lo que ha sucedido con los chips.

Hay algo que tienen en común las patas de una mesa y los chips semiconductores, y es que su demanda se disparó por los aires en cuanto el confinamiento nos forzó a teletrabajar. De repente, todas aquellas personas que habían alquilado un apartamento modesto porque, a fin de cuentas, solo lo iban a pisar para dormir, se vieron obligados a pasar en él las 24 horas del día. La falta de mobiliario que antes no suponía un gran problema se había vuelto un impedimento serio para cumplir con su horario de trabajo. Se compraron sillas y mesas como si no hubiera mañana y, de hecho, muchas grandes superficies agotaron su «stock» durante meses. Las patas de mesa eran un bien escaso y extremadamente difícil de conseguir. Por suerte, aquella escasez es cosa del pasado, pero ha dado paso a una segunda sequía, porque para hacerse un despacho funcional no solo hay que gastar en madera, sino en tecnología.

El ubicuo chip semiconductor

Si bien la pandemia ha afectado al trabajo de numerosas personas, quienes lo han conservado se han encontrado con una situación atípica. Muchos de los gastos a los que normalmente destinarían su salario no eran una opción: las vacaciones, las cenas en restaurantes, etc. Ante la perspectiva de quedarse en casa más horas que nunca, el entretenimiento doméstico ha ganado fuerza, suponiendo esto una mayor compra de televisores inteligentes, videoconsolas, ordenadores y todo tipo de aparatos de domótica. Todos ellos tienen algo en común y es que su capacidad para procesar información depende de chips semiconductores. Dispositivos miniaturizados que permiten la realización de las operaciones lógicas sobre las que se sustenta la computación. Gracias a ella se pueden hacer cálculos complejos, asociar conceptos y en última instancia, de ellas emerge toda la tecnología digital que ahora nos rodea.

Si miramos a nuestro alrededor los encontraremos en lavadoras, asistentes del hogar, termostatos, coches, etc. Los fabricantes han sido incapaces de aumentar la producción de chips semiconductores lo suficiente como para abastecer la demanda y se han hecho interminables listas de espera entorno a determinados dispositivos, como ha sido el caso de la PlayStation 5. La escasez de algunos de los materiales imprescindibles para la fabricación de chips semiconductores se alargará fácilmente hasta otoño o mediados del año que viene, y entendamos que estamos hablando solo de un aspecto del problema, porque sus consecuencias traerán cola incluso cuando hayamos resuelto el problema de las materias primas. Porque claro, esto no supone la totalidad del conflicto que se avecina.

Apagones a traición

El resto del problema se ubica en Taiwán. Concretamente en que, debido a un notable aumento del consumo energético durante los últimos meses, han sufrido un número inusitadamente alto de apagones. Esto, evidentemente, repercute en cualquier sistema de producción mecanizado, como es el de los chips, reduciendo incluso más el rendimiento de la industria. Puede parecer poco relevante pues, a fin de cuentas, Taiwán es uno de los muchos lugares del planeta en los cuales se están creando estos dispositivos. El problema es que la producción de chips de este país supone algo más de la mitad de la producción mundial.

Si a los apagones les sumamos la inoportuna sequía (el agua un aspecto fundamental en la producción de chips) entenderemos que se avecinan verdaderos problemas en el sector. Cierto es que todo empezó con la pandemia, pero como decíamos, las piezas de dominó han ido cayendo y entrelazándose con diversas contingencias. Ahora estamos frente a una confluencia de factores conflictivos y las previsiones no parecen nada halagüeñas. Algunas estimaciones vaticinan que el sector tecnológico no será capaz de remontar durante el presente año y que, posiblemente, estamos a las puertas de una inflación histórica en los productos que requieren chips semiconductores.

Controlar estos factores es prácticamente imposible, se escapan de nuestras manos, sin embargo, junto a ellos se presentan otros mucho más mundanos: complicaciones que casi parece que nos hayamos buscado nosotros mismos, como es el caso de la batalla tecnológica y económica entre Estados Unidos y China, las sanciones de los primeros a la segunda han supuesto otro varapalo para la producción y distribución. Las estimaciones apuntan a que, teniendo en cuenta todos estos aspectos, hablamos de una reducción de la producción de chips del 20%, una cantidad que puede no parecer del todo preocupante, pero que se vuelve amenazador al pensar en términos absolutos, porque un 20% de todos los chips que ahora requerimos en nuestro día a día, sería un número increíblemente grande que traería consecuencias igual de notables.

¿Se espera alguna solución? En otras condiciones podríamos esperar un esfuerzo mayúsculo por parte de la industria para esquivar el bache, pero estamos ante un caso especialmente espinoso, porque no hay forma de evitar el problema. No existe una alternativa realista al uso de chips semiconductores sin que con ello se comprometa enormemente la calidad de los dispositivos. De hecho, tampoco tendría sentido, pues el tiempo necesario para desarrollar una alternativa sobrepasaría con creces la duración prevista para este problema. El único parche viable es tratar de aumentar la producción a toda costa, buscando nuevas fuentes de materias primas.

Algunas empresas han decidido jugar una estrategia ligeramente diferente y es que, ante el problema de abastecimiento de chips de semiconductores, siempre podrían asegurarse un porcentaje mayor dentro de la escasez si los produjeran ellas mismas. Por ese motivo, determinadas marcas han empezado a establecer acuerdos y colaboraciones con empresas productoras de chips semiconductores, con la intención de asegurar un suministro mínimo que reduzca todo lo posible la zozobra económica que están a punto de sufrir.

Profecías autocumplidas

Posiblemente quepa recordar algo más, y es que cuando hablamos de ciencias sociales, la información es verdadero poder, poder para cambiar las condiciones del entorno y decantar el futuro. Estas previsiones que están llegando con tanta fuerza a los medios de comunicación tienen, inevitablemente, un impacto en la ciudadanía. Si exponemos que la tecnología está entrando en un bache cuya duración no parece del todo definida, serán muchos los que quieran anticiparse al problema.

Podríamos decir que, en realidad, es la misma historia que vivimos durante los primeros meses de pandemia con la amenaza del desabastecimiento de los supermercados. El acopio obsesivo de víveres fue el verdadero culpable y no tanto un problema en la distribución.

Si se espera un aumento progresivo de los precios a medida que los materiales escaseen más y más, tal vez merezca la pena saciar todas nuestras necesidades ahora, de forma preventiva. El problema se que, más allá de reponer los aparatos que ahora mismo estén estropeados, puede llevarnos a comprar aquello que no necesitamos y lo que es incluso más preocupante, sincronizar nuestras compras, aumentando excepcionalmente la demanda en un periodo de tiempo relativamente corto, precisamente, cuando la oferta ya está asfixiándose ella sola.

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