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Sánchez se la juega a una carta y el PSOE apunta a una contienda muy igualada

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Los socialistas preparan el escenario post 4-M con un relato pendiente del equilibrio de fuerzas en la derecha ante la posibilidad de que Vox gobierne

Desde que el Gobierno lograse aprobar a final de año los Presupuestos Generales del Estado la política española vive en un punto de inflexión que no acaba nunca. «La legislatura de verdad empieza ahora», se repite de una forma u otra. Pero el tiempo pasa y primero las elecciones catalanas y luego los repentinos comicios madrileños han abierto un paréntesis, un tiempo de incertidumbre retroalimentado con la falta de acuerdo en Cataluña para armar un nuevo Govern independentista.

Estos escenarios políticos deberán entrelazarse con el fin de la campaña de vacunación. La combinación de todos estos elementos determinará tras el verano si la legislatura tiene visos de prolongarse o si suenan los tambores del adelanto electoral. Y lo que suceda

hoy no es neutral en ese sentido. El Gobierno de Pedro Sánchez afronta este martes como un todo o nada. Trasladando hasta las últimas horas que el vuelco es posible, pero reconociendo en privado y de forma tácita en público que el bloque de la derecha va por delante. No obstante, hasta bien entrada la tarde de ayer el mensaje es que no hay nada decidido y que existen posibilidades de desbancar al PP: «Nuestros números salen bastante igualados», decían en la sala de máquinas del PSOE. Donde se aferran a la idea de un resultado ajustado de difícil pronóstico, dibujando prácticamente un empate técnico que las empresas demoscópicas no detectan y que solo aparece en el CIS.

La campaña del PSOE no ha funcionado, y los sondeos han ido ofreciendo un paulatino desgaste de sus resultados que, salvo sorpresa, los situará hoy en su peor resultado histórico en la Comunidad de Madrid. Pero en el partido recuerdan que en esta nueva realidad fragmentada tanto el PP como el PSOE han gobernado regiones después de cosechar sus peores resultados. Y ponen de ejemplo sin ir más lejos a Díaz Ayuso en los comicios de 2019. Desde algunas federaciones socialistas vienen advirtiendo estos días que un muy mal resultado este martes no debe tomarse como un termómetro real de la salud del partido, sino que debe interpretarse como reflejo del «mal sistémico del partido en Madrid», dice un dirigente. «Pero evidentemente es un mal síntoma», reconoce un presidente autonómico en conversación con este diario.

Estancamiento

La legislatura va a tomar otro cariz pase lo que pase esta noche. Una sorpresa en forma de gobierno de izquierdas se interpretaría como un respaldo a la coalición de Gobierno y complicaría las cosas en la derecha. Si los sondeos se cumplen y el PSOE no es capaz de alcanzar el Gobierno en la Comunidad de Madrid, Pedro Sánchez va a entrar en una fase diferente. Lo cierto es que, a excepción de las elecciones catalanas, tras el ciclo electoral de abril-mayo de 2019 los resultados del PSOE apuntan desde entonces a un estancamiento descendente: así sucedió en la repetición electoral de noviembre de 2019, en las elecciones vascas y gallegas de 2020 y sucederá en estas madrileñas independientemente de la aritmética del conjunto del bloque.

Y, sin embargo, la sensación generalizada ha sido de control absoluto de la acción política por parte del PSOE. Y eso era así porque la situación de sus contrincantes era peor a la suya. Pero el reagrupamiento en la derecha a partir de la absorción de buena parte del escenario de Ciudadanos por parte del PP cambia la partida. La relación con la derecha en su nueva distribución es fundamental para el relato gubernamental. Los socialistas han construido toda su campaña agitando el temor de que Vox pueda entrar en el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Si esa hipótesis tornase en realidad activaría el relato de La Moncloa y de Ferraz donde entienden que ese pacto dificultaría las aspiraciones de Pablo Casado por abrirse al centro del electorado. Los sondeos publicados estas semanas, también el CIS, apuntaban a que este martes decenas de miles de madrileños que votaron al PSOE en las últimas generales optarían ahora por la papeleta del PP. Los socialistas se muestran «sorprendidos» por esos datos que estiman parte de un proceso «muy madrileño». Un dirigente experto en demoscopia consultado al respecto explica que «lo más probable es que se trate de una parte de los votantes que en su momento nos llegaron de Cs, aunque no fueron muchos».

Por eso una de las claves mañana si la derecha suma es cómo puede sumar. El último sondeo de Gad 3 para ABC señalaba que Isabel Díaz Ayuso podría ganar sumando más escaños que las tres fuerzas de izquierdas juntas. Al margen de la mayoría absoluta, ese es el escenario que más le interesa al PP porque a la actual presidenta le bastaría con la abstención de Vox para mantenerse en la Puerta del Sol. Y sería más factible que lo pudiera hacer con un Gobierno monocolor, sin incorporar a Vox. Si eso sucede a la derrota electoral los socialistas tendrían que sumar la pérdida efectiva del comodín de Vox como elemento de activación de sus bases y de presión al PP.

No obstante, tanto dirigentes socialistas como populares consultados se muestran escépticos respecto a que este flujo de Ciudadanos al PP se vaya a repetir con tanta intensidad en el resto de territorios. A eso se aferra el PSOE, pero reconociendo en cualquier caso que «lo que no va a suceder es lo contrario». Se abre un tiempo nuevo en el que lo que suceda hoy, junto a cómo se afronten las negociaciones respecto a las reformas pactadas con Bruselas, que pueden tensionar la coalición, pueden cambiar drásticamente la legislatura.

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