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Sánchez se borra de la campaña ante el mal pronóstico para el PSOE

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El presidente cambia de estrategia y limita al máximo los actos con Gabilondo en la recta final. Moncloa busca desligarse ante el histórico batacazo socialista que auguran las encuestas

Isabel Díaz Ayuso se erigió en oposición a Pedro Sánchez durante la gestión de la pandemia, cuestionando sistemáticamente las decisiones que se tomaban por parte del Ejecutivo central.

El presidente del Gobierno ratificó esta estrategia cuando le concedió la condición de igual en la «cumbre de las banderas» en la Puerta del Sol.

Una foto de unidad que apenas se sostuvo unas horas. Con estos mimbres, el proyecto de Ayuso lo es también por oposición a Sánchez y, por extensión, el voto en contradicción a lo que cada uno representa.

El jefe del Ejecutivo irrumpió con fuerza en la campaña madrileña, yendo al choque con la presidenta para intentar relanzar la candidatura «sosa, seria y formal» de Ángel Gabilondo. Hacer de las debilidades virtud no parecía suficiente en el cuartel socialista.

Los mensajes que se trasladan desde la sala de máquinas de Moncloa se resumen en que «hay partido» y que la diferencia entre el bloque de la derecha y el de la izquierda está a «50.000 votos como mucho». Sin embargo, las palabras y los hechos no van en la misma dirección, porque la participación a la que se llama al electorado socialista no la asume en primera persona el propio Sánchez.

El presidente del Gobierno ha virado radicalmente en su estrategia de implicación en la campaña. De la omnipresencia mediática a la desaparición. De llegar a participar en hasta tres actos institucionales por semana, con dos comparecencias nada habituales tras el Consejo de Ministros, para convertir en capital electoral los fondos europeos o el avance de la campaña de vacunación, a borrarse de la escena pública y no querer pronunciarse sobre la contienda en Madrid.

Tras estallar la campaña en el debate de la SER por el cuestionamiento de Vox a las amenazas sufridas por el ministro Fernando Grande-Marlaska; la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, o el líder de Unidas Podemos y candidato, Pablo Iglesias, los socialistas pensaron que esto supondría un revulsivo para la movilización de la izquierda.

Los amenazados capitalizaron los mítines del pasado fin de semana y el líder socialista cambió su discurso, pasó de centrar todos sus ataques en Ayuso a hacerlo en Vox y el influjo que «el partido de extrema derecha» tiene en el «clima de odio» que lo invade todo.

En Moncloa son conscientes de que el choque directo con la presidenta madrileña no les beneficia, es más, les perjudica. La irrupción de Sánchez ha movilizado más a la derecha que a la izquierda y la apuesta por mirar al centro –emulando la campaña en Cataluña-–no ha dado sus frutos.

En este contexto, Sánchez ha decidido marcar distancias. De la campaña y de Gabilondo. La sobreexposición de los primeros compases de la campaña se ha ido difuminando y contrasta con la participación que tuvo el propio líder socialista en la de Salvador Illa, en la que le acompañó en seis actos, cuatro de ellos en la recta final.

Por el contrario, con Gabilondo, el presidente ha espaciado al máximo sus intervenciones, limitándolas a los domingos, a pesar de la cercanía geográfica con su residencia y el centro del poder de Moncloa. Sánchez va a participar solo en un acto en la semana final de campaña y será arropando al candidato socialista en el cierre de mañana en Entrevías. A esto se reduce su visibilidad en los días decisivos, cuyo protagonismo ha preferido delegar en otros ministros.

Lo cierto es que en el Gobierno temen que Sánchez se vea salpicado por un mal resultado del PSOE en estos comicios y han optado por distanciarse.

La vinculación a Sánchez del resultado es inevitable, puesto que la campaña del PSM se ha llevado desde la Moncloa, relegando al máximo al Partido Socialista en las decisiones y los equipos, así como que Ayuso ha buscado la confrontación directa con el presidente del Gobierno, como rival de los comicios, una confrontación que se le concedió durante los primeros compases de la contienda electoral. Iván Redondo salió al rescate de la candidatura socialista en estas elecciones, después del fiasco de la moción de censura en Murcia, que lo desencadenó todo, y el temor que recorre ahora Moncloa es que se les vaya a culpabilizar, si los resultados que arrojan todas las encuestas se materializan.

Según estos estudios demoscópicos, los votantes progresistas no perciben a Gabilondo como una alternativa real a Ayuso y esto provoca que el «voto útil» de la izquierda del que se nutre tradicionalmente el PSOE se esté disgregando y trasvasando a Mónica García.

Sin opciones de vencer a la presidenta madrileña, los votantes optan por la preferencia, en lugar de por la utilidad. Tras el éxito de las elecciones catalanas, las de Madrid podrían convertirse en el primer tropiezo electoral de Sánchez, desde que habita la Moncloa, y –para más inri– en los comicios en los que se contrastaba su modelo de gestión de la pandemia con el de Ayuso.

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