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Sánchez queda fuera de juego en el tablero de los ‘lobbies’ de poder en Washington

Países como Italia, Marruecos o Turquía invierten cantidades millonarias en comprar influencia

Cuando Joe Biden se aseguró la victoria en noviembre de 2020, en Washington se declaró una carrera frenética de gobiernos extranjeros para contratar grupos de presión que les ayudaran a congraciarse con el nuevo presidente de la primera economía mundial. En seguida llovieron los millones, de Turquía, Marruecos, Bulgaria, Ecuador o Perú, entre otros, para contratar a lobistas que ayudaran a enmendar relaciones maltrechas o reforzar lazos para sacar ventajas comerciales o estratégicas. Ausente, sin embargo, estuvo España.

Lo cierto es que en una ciudad, como es la capital estadounidense, pasto de ‘lobbies’ de todo tipo, el Gobierno español ha rehusado entrar en ese juego de poder, con la salvedad de dos contratos de 2019 que firmó el embajador español en Washington, Santiago Cabanas, para mejorar la imagen de nuestro país en general por un importe máximo de más de medio millón de eurosLos competidores de España, sin embargo, han pisado con más intensidad y tiempo el acelerador. El que más, Marruecos.

La experiencia de Marruecos

Rabat ya venía de explotar al máximo los beneficios de desembolsar millones para influir en la Casa Blanca y el Capitolio. A los lobistas de JPC Strategies les pagó 75.000 dólares (63.000 euros) al mes durante tres años simplemente para mantener buena sintonía con Donald Trump y los republicanos en el Capitolio y les permitiera avanzar hacia el objetivo ideal de reforzar su soberanía sobre el Sahara Occidental.

La corona alauí sabía muy bien lo que hacía. JPC Strategies lo fundó James Cristoferson, que fue subjefe de gabinete del senador republicano Ted Cruz, uno de los principales aliados del expresidente. Trump aceptó canjear el reconocimiento de la soberanía marroquí en el Sahara por un acuerdo diplomático con Israel, algo que se anunció el 10 de diciembre. Mientras tanto, Marruecos tenía otros contratos que superaban el millón anual simplemente por mantener cualquier avance diplomático de Argelia, otro rival, a raya.

En los pasados tres años, Marruecos ha tenido activos 18 contratos, seis de la empresa pública OCP (uno de los principales exportadores mundiales de ácido fosfórico y fertilizantes de fosfato) y el resto directamente el Gobierno, por medio de sus ministerios, su embajada y hasta su oficina de turismo.

Cuando Trump anunció el apoyo a la soberanía marroquí en el Sahara, el Gobierno de España quedó fuera de juego, al enterarse de la noticia prácticamente a la vez que el resto del mundo, sin un mero aviso de cortesía.

No es Marruecos el único país que ha invertido cantidades millonarias en lobbies en Washington. Turquía ha tenido 27 activos en los pasados tres años, en su mayoría en representación del Gobierno, y otros de sociedades comerciales, aunque hay dos contratos a nombre de un partido de la oposición. El régimen de Recep Tayyip Erdogan es un ejemplo claro de cómo se opera en Washington. En 2019, Trump expulsó a Turquía, socio de la OTAN, del consorcio para fabricar cazas F-35 después de que adquiriera sistemas de misiles rusos. Con la llega de Biden, en febrero Erdogan autorizó el pago de 750.000 dólares al prestigioso bufete de Arnold & Porter, donde trabajan veteranos demócratas retirados, con excelentes lazos con la administración Biden, para volver a ese consorcio. Lo hizo por medio de la subsidiaria pública SSTEK Savunma Sanayi Teknolojiler (Tecnologías de la Industria de Defensa).

Otros aliados y rivales de España se han lanzado en los últimos años a explotar las posibilidades que tiene pagar a un buen lobista en Washington, para redoblar los esfuerzos diplomáticos. Así, Italia cuenta en los pasados tres años con 12 contratos, varios de ellos para promocionar el turismo. Ya en octubre de 2020, la embajada italiana en Washington firmó un contrato con S-3 Group con el objetivo expreso de mejorar la imagen de Italia en EE.UU. en canales digitales. El pago mensual es de 12.500 dólares.

El contrato de Cataluña

El de su imagen es otro ámbito en el que España tiene una dura competencia, pero no desde fuera, sino desde dentro. Registrada como lobby extranjero en Estados Unidos está la representación de la Generalitat de Cataluña en EE.UU., que a todos los efectos funciona como un grupo de presión. Emplea a un equipo que se centra en contactar con funcionarios y cargos electos para «estrechar lazos entre Cataluña y EE.UU.», según una de sus declaraciones ante el departamento de Justicia norteamericano. De acuerdo con sus críticos, en realidad es una oficina de defensa de la independencia en EE.UU., crucial durante el pulso del referendo en los meses previos al 1 de octubre de 2017. Esta delegación fue clausurada por el anterior Gobierno español pero fue reabierta tras la llegada de Pedro Sánchez al poder. Los independentistas además contrataron los servicios de otro prestigioso bufete, SGR, al que le pagaron 20.000 dólares al mes de nuevo por «estrechar lazos entre Cataluña y EE.UU.» justo en el punto culminante del pulso separatista.

Este tipo de transacciones, a las que España no ha entrado, son moneda corriente en Washington. Cualquier lobista que represente a una entidad pública o privada extranjera debe registrarse ante el departamento de Justicia estadounidense. En mayo, México firmó un contrato de 12 millones con Cleary Gottlieb Steen & Hamilton para asegurarse mejores condiciones en las negociaciones por la reestructuración de su deuda. El mes anterior, El Salvador desembolsó 1,2 millones con la firma Arnold & Porter para mejorar la imagen de su presidente, Nayib Bukele, cuando sus relaciones con la Casa de Biden pasan por un momento nefasto, debido a las acusaciones de abuso de poder y autoritarismo. Bukele estuvo en Washington días después de la toma de posesión de Biden, pero no fue recibido en la Casa Blanca. Estos lobbies son expertos en asesorar para cerrar este tipo de visitas en la capital norteamericana.

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