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Sánchez cumple tres años de presidente en un mal momento: cuestionado y con las encuestas en contra

Se cumplen 36 meses desde que Sánchez llegase al Palacio de la Moncloa después de ganar la moción de censura presentada contra Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados

Se cumplen tres años de la llegada al Palacio de la Moncloa de Pedro Sánchez, después de salir victorioso de una moción de censura en el Congreso de los Diputados contra Mariano Rajoy que supuso un punto de inflexión en nuestra democracia. El candidato socialista conseguía los apoyos suficientes para derrocar al Partido Popular, después de que el PNV decidiese cambiar de bando y dar el apoyo al partido de la calle Ferraz.

Parecía imposible que Sánchez llegase a la presidencia del Gobierno, después de haberse visto obligado a dejar la Secretaria General de su partido en el año 2016. En aquel mes de octubre, el líder de los socialistas se rendía ante las presiones internas de su partido que le invitaban a no bloquear una investidura de Mariano Rajoy, algo que hubiera llevado de nuevo, por tercera vez en pocos meses, a los españoles ante las urnas.

En este contexto, Sánchez abandonaba el liderazgo de los socialistas para comenzar a forjar su nuevo proyecto, y para ello decidió recorrer miles de kilómetros con el objetivo de conseguir el apoyo de los socialistas de base y disputar, de nuevo, la Secretaria General del PSOE a Susana Díaz, con la que todavía mantiene una cierta relación de tensión y que se está volviendo hacer patente en las primarias del partido en Andalucía.

Con todo ello llegó el Congreso Federal del Partido en el año 2017 y Sánchez regreso a la primera línea política. Desde aquel momento, su papel se centró en atacar de forma directa las políticas del Partido Popular, presentándose como la única alternativa e incluso negando posibles pactos con los que ahora son sus socios prioritarios de Gobierno: en primer lugar Unidas Podemos y con menor peso EH-Bildu.

Una moción de censura a ciegas

En su carrera por alcanzar el sueño de la Moncloa, Sánchez sufrió un pequeño revés el 23 de mayo de 2018, cuando el Partido Popular conseguía sacar adelante sus Presupuestos Generales del Estado, un movimiento que resignaba a Sánchez y a su equipo a esperar la próxima convocatoria ordinaria. Pero, solo un día después, se daba a conocer el fallo judicial del caso Gürtel, una importante sentencia que condenaba al Partido Popular y a varios de sus dirigentes por la financiación irregular del partido.

Esta fue la oportunidad que Sánchez y sus asesores aprovecharon para quitar meses al calendario y reunir a la Ejecutiva Federal del Partido con el objetivo de presentar una alternativa al Gobierno de Rajoy. Tras varias horas de debate, y casi con sentido de urgencia, Sánchez decidió presentar una moción de censura sin saber todavía si tenía los apoyos suficientes para derrocar a Rajoy.

La moción de censura se fijó rápidamente para el 31 de mayo, y el escaso margen para negociaciones fue una gran noticia para el Partido Socialista. Ya en el Congreso, Pedro Sánchez ofreció incluso quitar la moción de censura si el líder de los populares dimitía y convocaba elecciones anticipadas, algo que no ocurrió.

Aquella tarde primaveral en Madrid fue clave para la política de nuestro país, ya que todo dependía de un partido, el PNV, que a última hora de la tarde hacía oficial su apoyo al Partido Socialista y por tanto permitía que Sánchez llegase al Palacio de la Moncloa.

Al día siguiente, el 1 de junio de 2018, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, anunciaba el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno y provocaba un vuelco para la historia política de nuestro país, para el Partido Socialista y también para Pedro Sánchez, que tras dejar por la puerta de atrás la política en el año 2016 alcanzaba aquella mañana de junio la Presidencia del Gobierno.

Un puzzle difícil de encajar

Desde el primer momento todos eran conscientes de que el Partido Socialista gobernaba con una suma ciertamente compleja, con solo 85 diputados. Por tanto, su primera etapa al frente del Gobierno acababa el 15 de febrero del año 2019, cuando el propio Pedro Sánchez ponía fecha a las elecciones del mes de abril, después de que ERC y el PDeCAT no apoyasen sus cuentas.

Esta fue la primera muestra de debilidad de un Gobierno que tenía muchas aristas, pero en el mes de abril Sánchez conseguía ganar las elecciones al sumar 123 diputados, frente a los 66 del Partido Popular. Este movimiento otro golpe de gracia para Pedro Sánchez, que salía reforzado de las urnas. Pero, sus desencuentros con Unidas Podemos provocaron que los Españoles volviesen a las urnas en el mes de noviembre.

Tras esta cita, tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias aceleraron los plazos para sacar adelante el primer Gobierno de coalición de nuestra historia, un ejecutivo formado por los socialistas y la formación morada y además apoyado por diversos partidos nacionalistas e independentistas que no dudan en llamar a la puerta de su despacho para reclamar algunas de sus exigencias, fijadas en los acuerdos de Gobierno.

Un Gobierno de coalición marcado por la pandemia y el debate político

Con el Gobierno de coalición ya en marcha desde enero del año 2020, el mandato de Pedro Sánchez siempre ha estado en el punto de mira, ya sea por algunas de sus reclamaciones o también por las exigencias de sus principales socios de Gobierno. En este sentido, el Ejecutivo de Sánchez no ha vivido una etapa de cierta calma mediática respecto a sus medidas.

Principalmente, la gestión de la pandemia ha sido uno de los talones de Aquiles del Gobierno, ya que hay ciertos aspectos que han generado cierta crispación en la sociedad: las dudas sobre los test, la gestión de la vicepresidencia de Pablo Iglesias, el número real de fallecidos o las rectificaciones sobre algunos debates de carácter sanitario, como el uso de las mascarillas, han generado el descontento de la sociedad española.

Además, la pandemia también tuvo su lado político, ya que el debate se trasladó al Congreso de los Diputados respecto a asuntos como las prórrogas del estado de alarma, que fue usada por EH-Bildu para conseguir el beneplácito del Gobierno de cara a la derogación de la reforma laboral del Partido Popular. Un debate que ha creado cierta crispación incluso dentro del Consejo de Ministros.

Los principales debates que marcan la crónica en Moncloa

A todas las dudas generadas por el Gobierno respecto a la situación sanitaria se abren otros debates de calado meramente político. Por ejemplo, asuntos como la posición del Gobierno respecto a la Reforma del CGPJ, el trato que desde Interior se ha dado a la Guardia Civil tras las ‘purgas’ de Marlaska, el Ministerio de la Verdad impulsado por Iván Redondo y el equipo de comunicación de Sánchez o el papel de dirigentes de Unidas Podemos en el Centro Nacional de Inteligencia.

A todo ello se une ahora un debate que parecía estar aplazado por la pandemia, y que ahora vuelve a la actualidad. El posible indulto a los políticos independentistas en prisión por el referéndum ilegal del 1 de octubre del año 2017 ha vuelto a colocar la situación política de Cataluña en el centro del debate político en nuestro país. Existe cierta división respecto a este asunto, aunque las encuestas realizadas en los últimos días auguran que 6 de cado 10 españoles estarían en contra de otorgar esta medida a los políticos del procès.

Sobre todo, el debate de los indultos ha provocado ciertas dudas sobre el papel que la justicia tiene en el proyecto de Gobierno de Pedro Sánchez, ya que en las últimas jornadas se ha dado la sensación de que la Justicia es una especie de instrumento de venganza que está al servicio de la política.

 

También, en la crónica política de los últimos días, encontramos la crisis diplomática que España está protagonizando con Marruecos, algo que pone también en duda el papel diplomático de nuestro país, que, por otro lado, todavía no se ha puesto en contacto con el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden.

Estos son algunos de los debates políticos que han marcado los últimos meses del Gobierno de Pedro Sánchez, y que también están llamados a ser trascendentales en las próximas semanas. En este contexto, Moncloa tiene que tener la capacidad de intentar encajar todas las piezas del puzzle, tanto las de su propio proyecto como las de sus socios de Gobierno. Por ejemplo, el PNV también ha llamado a la puerta del despacho de Pedro Sánchez, que es consciente de que si tiene un trato de favor con Cataluña también tendrá que hacer algún gesto al País Vasco, ya sean en materia territorial o en ayudas económicas una vez que lleguen los fondos europeos para la recuperación tras la pandemia.

 

La debilidad interna del Ejecutivo

Todos estos frentes políticos demuestran la cierta debilidad del Gobierno, tanto interna como externa. Por un lado, dentro del propio Consejo de Ministros se ha hecho de notar en los últimos meses la diferencia de enfoque entre miembros del ala de Unidas Podemos y pesos pesados del lado socialista.

Ahora, tras la salida de Pablo Iglesias, estas diferencias parecen haberse rebajado, pero es latente que el modelo de gobernanza ideado por ministros como Margarita Robles o Nadia Calviño es muy distinto al que puede aplicar Yolanda Díaz o Irene Montero. Este clima, unido a las exigencias de todas las fuerzas minoritarias que sostienen los pilares del Ejecutivo, provocan cierta sensación de debilidad que incluso ha sido identificada en varias ocasiones por las autoridades comunitarias de Bruselas.

Sánchez, un líder venido a menos en las encuestas

Este tercer aniversario de Sánchez al frente del Gobierno de España se produce en un momento de inflexión en las encuestas, ya que en las últimas semanas hemos asistido a una caída del líder socialistas como no ocurría en muchos meses. Por un lado, el bloque de centro-derecha ya arrebataría la presidencia del Gobierno a la coalición formada por el PSOE y Unidas Podemos.

Además, la última encuesta de Sociométrica para ‘El Español’ señala que Sánchez obtendría en su tercer aniversario el peor resultado de valoración en toda su trayectoria como presidente del Gobierno, dato motivado por el resultado electoral en Madrid, la crisis migratoria en Ceuta o el posible indulto a los políticos independentistas en prisión.

A estos datos externos se unen también los internos, ya que existen muchas voces disonantes dentro del PSOE con la gestión que está realizando Sánchez al frente del Gobierno y por tanto como máximo representante del Partido Socialista. En los últimos meses hemos visto como históricos socialistas como Felipe González o Alfonso Guerra se han mostrado contrarios a sus acuerdos con Podemos y con partidos nacionalistas e independentistas.

También, a raíz de las elecciones en Madrid, importantes políticos del PSOE con experiencia en política territorial, como Joaquín Leguina o Nicolás Redondo, se han mostrado contrarios a sus políticos, algo que incluso les ha costado un expediente de expulsión tras coincidir con Isabel Díaz Ayuso en el acto de una fundación privada. A todo ello se une ahora también las voces críticas que no ven con buenos ojos que Sánchez permita la salida de prisión de los políticos independentistas, como es el caso de los presidentes Emiliano García-Page y Guillermo Fernández Vara.

La vacunación, el pincipal baluarte de Pedro Sánchez

En todo este contexto, la vacunación se ha convertido en la principal arma del Gobierno en la actualidad. Aunque también ha conseguido scar adelante otras medidas incluidas en su programa, ya sea en materia de digitalización, transición ecológica, igualdad, justicia social, diálogo y entendemiento, medidas que defendieron en su último balance de curso pero que para la mayoría de los españoles siguen siendo muy ambiguas.

Por tanto, el Gobierno se ha jugado su superviviencia a corto y medio plazo en la vacunación, anunciado, día tras día, los plazos que manejan para conseguir la ansiada inmunidad de rebaño: el 70% de la población vacunada a finales del próximo mes de agosto. Por otro lado, Sánchez, en su idea de permanecer en la Moncloa hasta el año 23, tiene por delante otras grandes y exigentes pruebas como la gestión de los fondos europeos, el conflicto interno en su Gobierno o la renovación del Constitucional y del Poder Judicial.

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