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Ricardo Fernández, exiliado cubano: «Me puse de cara a la pared porque si me mataban no quería verlo»

-Tenía 29 años, cubano, era arquitecto.

-Año 1988.

-No podíamos salir del país pero me permitieron acudir a un evento arquitectónico en Rusia.

-Escala en Irlanda.

-Nos hicieron bajar del avión, nos llevaron a un salón de tránsito con tiendas y mostradores y los agentes del KGB que habían volado con nosotros.

-Un papel en el bolsillo.

-Sí, yo llevaba doblado y escondido un papel en el bolsillo escrito en inglés en el que había escrito que quería asilo político.

-Buscaba a un policía.

-Pero no lo encontraba, y sólo estaban los agentes de la KGB que nos vigilaban. De modo que me fui alejando de ellos, hasta el otro extremo del salón, y me escapé.

-Eran las 3 de

 la madrugada.

-Deambulé por el aeropuerto, asustado, escondiéndome en los baños cuando venía alguien, hasta que al final vi a dos señores de la limpieza.

-Señoras.

-No, señores, y precisamente por la rareza me dieron confianza, les enseñé el papel, les pedí que me llevaran a la Policía y me dijeron que les acompañara.

-Pero no lo vio claro.

-No, porque era muy tarde, más de medianoche, y los únicos policías que había estaban en el salón del que había huido. Me pareció arriesgado volver a entrar, pero era la única solución. De modo que me quedé un poco como apartado mientras los dos hombres buscaban a alguien. Entonces vino un policía irlandés y me preguntó qué quería.

-¿Y qué le dijo?

– «Asilo político», sólo dos palabras, y los señores de la limpieza le dieron mi papelito.

-«Espérese aquí».

-Eso me respondieron, y yo tenía mucho miedo, porque todo el mundo se había dado cuenta de lo que estaba haciendo. Un cubano que sale sin un duro y habla con un policía irlandés es obvio lo que quiere.

-Un rumor en Cuba.

-Circulaba hacía meses, y nunca supe si era cierto o una leyenda para atemorizar, que un cubano trató de quedarse en Madrid y un policía de Fidel le disparó.

-De cara a la pared.

-Así es como me puse, porque si me pegaban o si me mataban no quería verlo. Entonces vino una señora con el uniforme de las aerolíneas irlandesas, me tocó el hombro para que me girara, y me volvió a preguntar qué quería.

-¡Qué agonía!

-Y cuando me volvió a decir que esperara le dije: «Señora, no me deje aquí, que esto va a ser muy peligroso». Me cogió del brazo, me sacó del salón de tránsito, me acompañó a una especie de departamento de inmigración y habló con el oficial.

-4:30 am.

-Y el oficial, que me vio temblando me dijo: «Cálmate, que te vamos a dar el asilo».

-Equipaje.

-Me dijeron que les diera el comprobante de mi equipaje para retirarlo del avión y yo no tenía equipaje.

-¿Por qué? ¡Si iba a Rusia!

-Yo no iba a Rusia, yo sabía perfectamente lo que iba a hacer y antes de marcharme de Cuba regalé mi ropa y todo lo que tenía a mis amigos. Lo hice discretamente, para no llamar la atención.

-Pero precisamente para no llamar la atención, tenía que viajar con una maleta.

-Sí, claro, pero dentro no había nada. La llené de periódicos para que pesara.

-Pero igualmente la fueron a buscar.

-Sí, fue un poco surrealista.

-Estados Unidos.

-Me preguntaron si tenía planes de quedarme en Irlanda y les dije que no, que me instalaría en los Estados Unidos con mi padre.

-Su padre.

-Mi padre y mi abuelo ayudaron a Fidel a tomar el poder, pero cuando empezó a mandar se sintieron engañados y escaparon.

-Guantánamo.

-Mi padre le compró el pase a un trabajador para poder entrar en aquella base naval y pedir exilio.

-¿Y dejó a su familia?

-Mis padres hacía tiempo que se habían separado y yo me había quedado a vivir con mi madre, que no fomentó que mantuviera la relación. Pero cuando le llamaron las autoridades irlandesas, estuvo dispuesto a reclamarme para que me fuera a vivir con él.

-Su madre.

-Antes de escaparme de Cuba, me había marchado de casa de mi madre, porque ella era muy castrista y yo soy homosexual. Te podían echar de la universidad si eras gay, no podías ser maestro, era muy agobiante.

-Vivía con ella en Santiago.

-Y me fui a La Habana, salí del armario, y por ello me expulsaron de las juventudes comunistas, a las que era obligatorio pertenecer si querías hacer cualquier cosa.

-Volvamos a su fuga.

-Me dieron el asilo, la Cruz Roja me llevó a Dublín a una residencia para exiliados políticos.

-Tardó un año en poder ir a los Estados Unidos.

-Pero lo conseguí.

-¿Y qué hizo cuando llegó?

-La historia es muy larga y da para otra entrevista, pero lo que hice fue trabajar. Trabajar duro, aprovechar las oportunidades que me dieron y progresar.

-La libertad.

-Es exactamente lo que los Estados Unidos dan a cualquiera que vaya y lo que el comunismo niega a todos los que lo sufren.

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