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Rajoy, sobre Bárcenas: «Haced lo que haga falta para frenarle»

Año y medio después de llegar al Gobierno se activó ya el operativo contra el ex tesorero

El ex tesorero del PP Luis Bárcenas volvió a insistir esta semana ante el juez del «caso Kitchen» que, al salir de prisión, en 2015, se dio cuenta de que habían desaparecido del estudio de su mujer una serie de documentos sobre los supuestos pagos en B y la supuesta grabación que él mantiene, solo de palabra, que le hizo al ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy sobre esa caja B del partido. No aportó ninguna prueba más, y el proceso penal sólo se puede sostener en la validez de las pruebas ofrecidas para validar las declaraciones realizadas.

En el terreno político, el tiempo y la evolución de los procedimientos abiertos está liberando los recuerdos de algunos de los protagonistas de aquella etapa. En el secreto de las decisiones que afectan a la gestión del problema que representaba el ex tesorero del PP había muy pocos dentro de ese triángulo que tenía como vértices Génova, Moncloa y el Ministerio del Interior.

Poco más de un año después de que Rajoy llegara a la Presidencia del Gobierno se filtraron los primeros mensajes que el entonces presidente del Gobierno intercambiaba con su ex tesorero, cuando ya había estallado todo el escándalo sobre la contabilidad B y los sobresueldos.

Ahí, ya en ese momento, es cuando nace la ofensiva contra Bárcenas que ha terminado conociéndose judicialmente como el «caso Kitchen», según confirman dentro del círculo de los «elegidos» para participar de la estrategia. De ese grupo, que estaba entonces en el núcleo de mayor confianza de Rajoy, sale ahora la explicación de que ya entonces el líder popular dio la instrucción a sus subalternos de hacer todo lo que tuvieran que hacer para frenar a Bárcenas. Como dice el refrán, a buen entendedor, con pocas palabras basta. Rajoy constituyó, explican fuentes solventes, una «célula reservada y exclusiva» desde la que gestionar todas las novedades que tuvieran que ver con Bárcenas. Y es en este espacio donde en el ámbito político sitúan la semilla del caso Kitchen, que investiga al ex comisario José Villarejo, al ex número dos de la Policía, el también comisario Eugenio Pino, y al antiguo chofer de Luis Bárcenas, Sergio Ríos, por una supuesta operación del Ministerio del Interior para sustraer información sensible al ex tesorero por miedo a que pudiera perjudicar a altos cargos de esta formación.

Al margen de las consecuencias penales, la información conocida sobre la Kitchen está desgastando la imagen de Rajoy dentro de su organización política. En el partido le señalan como el máximo responsable de las presuntas órdenes que llevaron a implicar a su Gobierno y a su partido en las turbias relaciones con las alcantarillas del Estado para detener a Bárcenas.

La nueva dirección del partido ha levantado un muro de contención con ese pasado que daña su imagen, y hasta quienes insisten en la honorabilidad de Rajoy, en lo que afecta a no enriquecerse con las irregularidades de la financiación del PP, están también convencidos de que nadie actuó sin que la decisión viniera directamente del entonces «número uno».

Al ex presidente del Gobierno le preocupa hoy la situación en la que se encuentra la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal, imputada, al igual que su jefe de Gabinete. Si bien, la información no bajaba ni siquiera a segundos niveles de esta cúpula que dicen que participaba de las decisiones más sensibles para cortocircuitar el avance de la investigación sobre la financiación del PP y proteger a los altos cargos del partido que estaban bajo la espada de la información que podía almacenar Bárcenas de toda su etapa controlando las cuentas populares.

En cuanto a las decisiones del grupo en el que se apoyó Rajoy para gestionar el problema Bárcenas, no estaba establecido como protocolo que siempre hubiera reuniones a tres bandas. Rajoy trataba con cada interlocutor lo que le afectaba directamente, e incluso hasta hablaba personalmente con el «número dos» de Interior Francisco Martínez.

La telaraña judicial del «caso Kitchen» tiene precisamente como gran interrogante para el PP la respuesta a la pregunta de si caerá solo el ex secretario de Estado de Seguridad.

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