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«Oí un golpe, miré y doce chavales pasaron delante de mí acelerados»

La primera persona que auxilió a Samuel revive la noche del crimen: «Esperábamos que abriese los ojos»

«En ningún momento su amiga nos dijo, ni a nosotros ni a la Policía, que lo atacaran por ser homosexual»

Hace una semana que Begoña y Pablo se encontraron de frente con los presuntos verdugos de Samuel Luiz, al que auxiliaron en plena calle segundos después de que recibiese la última patada. «Íbamos caminando por la acera y escuché un golpe, levanté la cabeza y vi pasar delante de mí a una docena de chicos mulatos, a paso acelerado. Los dejé pasar y cuando acabaron de cruzar, ya vimos un bulto en el suelo», recuerda Pablo en una charla con ABC. Ese cuerpo tendido era el de Samuel, que yacía inconsciente, con la cabeza deformada y sangrado abundantemente. Junto a él, su amiga Lina, con el teléfono en la mano. «Nos agachamos y yo le pregunté qué

había pasado y con quién hablaba, me dijo que con una amiga (Vanesa) así que saqué mi móvil y llamé al 061. Eran las 3.02 minutos, tengo la llamada saliente aún en el teléfono» concreta Begoña, farmacéutica de profesión y primera en socorrer a Samuel después de que fuese apaleado.

En ese momento, el joven coruñés ya tenía el pulso muy débil y estaba «casi en coma», así que lo colocaron en posición de seguridad -de lado- y siguieron las instrucciones que el equipo médico les iba cantando por teléfono. «Le sacamos la lengua y lo pellizcamos, pero ya no reaccionaba a estímulos, tenía la cabeza muy golpeada y ahí nos dimos cuenta de la gravedad de la paliza que le habían dado. Le hicimos un masaje cardiaco, pero no sirvió de nada, estaba totalmente inconsciente» confiesa la pareja, que no se movió del lugar hasta que la ambulancia se llevó a Samuel, con un hilo de vida, una hora después. Dos médicos y varios sanitarios más lucharon para evitar su muerte, incluso «con varias descargas después de las que pensábamos que abriría los ojos, pero nunca llegó a despertar» lamenta Begoña.

Ni ella, ni Pablo, ni el amigo al que acompañaban a recoger su coche presenciaron directamente la paliza mortal que los chavales que se cruzaron le habían dado a Samuel, pero sí lo hicieron otro grupo de veinteañeros que fueron los segundos en llegar a la escena del crimen. «Nos contaron que ellos lo vieron todo de lejos, cómo se inició la persecución desde el paseo marítimo a la calle, y cómo lo golpeaban sin parar, a patadas todos contra uno. No dejaban de decir ‘pobre chico’, ‘pobre chico’, así que les pedimos que se lo explicasen bien a la Policía y fue cuando les tomaron declaración. Menos mal que no se metieron, porque hubiera sido otra desgracia», relata Begoña, que en todo momento estuvo al lado de Lina, la amiga que estaba con Samuel cuando se produjo el ataque grupal.

«La chica estaba muy nerviosa, repetía que había sido un malentendido, que ellos no los estaban grabando y que lo atacaron sin mediar palabra, pero en ningún momento, en la hora y pico que estuvo con nosotros y con la Policía, dijo que lo habían atacado por su condición sexual. Es que ni siquiera comentó lo del insulto» revela Begoña, extrañada por la deriva que el caso tomó al día siguiente. «En todo momento se dijo que la paliza se la habían dado por el móvil, por eso me sorprendió ver en la prensa el día después lo de que lo habían atacado por ser gay; allí nadie habló de eso, ni siquiera cuando otra de sus amigas llegó», remarca Begoña para afirmar que «esta versión no coincide con lo que a nosotros nos contaron allí nada más ocurrir los hechos».

Nuevas declaraciones

Tampoco se comentó este extremo en el tanatorio, al que la pareja acudió para dar el pésame a los padres de la víctima. «El propio padre de Samuel pidió varias veces que el tema no se politice y que no se haga bandera de nada con la muerte de su hijo», reflexiona Begoña acerca de una hipótesis, la de la presunta agresión homófoba, que los investigadores no han confirmado por el momento y por la que en los últimos días han vuelto a tomar declaración a los testigos de la muerte. El objetivo es esclarecer el desencadenante de una espiral de violencia inexplicable que se llevó por delante la vida de un chico de tan solo 24 años y por la que ya hay tres personas entre rejas.

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