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Mossos d’Esquadra: «Es indignante, son compañeros más allá del color del uniforme»

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El desprecio con las vacunas del Govern a Policía y Guardia Civil irrita a los Mossos

Están acostumbrados a que el secesionismo los empuje a ellos al epicentro de los huracanes políticos, por eso los agentes de los Mossos d’Esquadra empatizan con los policías nacionales y los guardias civiles despreciados por el Govern a cuenta de las vacunas. «Es indignante, más allá del color que tenga su uniforme, son compañeros», lamenta en una conversación con ABC un agente de seguridad ciudadana de la Policía autonómica destinado en Gerona. Resume el sentir de los mossos ante el desdén hacia policías y guardias civiles: «Nos quema por dentro».

La Generalitat lleva dos meses y medio remoloneando y dilatando la vacunación de los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que ejercen en suelo catalán. De

los casi 7.000 agentes que estos dos cuerpos tienen en Cataluña, la Generalitat apenas ha vacunado al 15 %.En el caso de los Mossos, en cambio, el porcentaje de quienes a día de hoy han recibido ya los pinchazos ronda el cien por cien. «Es patético que por temas políticos a nosotros nos toque la vacuna y a ellos no». Los tres Cuerpos están incluidos en los grupos de colectivos prioritarios para la vacunación. El Govern, sin embargo, no les ha aplicado a todos el mismo criterio.

«Vemos que, una vez más, las guerras políticas afectan a los trabajadores de la seguridad pública», valora David Miquel, portavoz del sindicato de Mossos SPC, en una charla con este diario. «Si siempre denunciamos la utilización política de los Mossos, ahora también denunciamos el uso partidista de la Policía Nacional y la Guardia Civil», añade Miquel. Yes que, «si los policías forman parte de los colectivos de riesgo, lo serán los agentes de todos los Cuerpos policiales».

Las afrentas hacia los Mossos por parte de la Generalitat han sido continuas en los últimos tiempos. La última, la utilización delCuerpo policial autonómico como moneda de cambio en las negociaciones a tres bandas entre la CUP, ERC y Junts para la formación del próximo Govern. Los antisistema reclaman prohibir a los antidisturbios de los Mossos el uso del ‘foam’ –los proyectiles que usan para dispersar a los violentos–. ERC se había plegado a parte las exigencias de la CUP al pactar la suspensión del ‘foam’ hasta la publicación de su protocolo de su uso, y, finalmente, la Consejería de Interior, en manos de Junts, acabó haciéndolo público, aunque la cúpula policial creía que no era el momento.

Larga lista de afrentas

El ‘foam’ es la última de una larga lista de afrentas a la policía. Como Cuerpo policial, pero también a agentes con nombre propio. Por ejemplo a Imma Alcolea, una excabo de los Mossos suspendida de empleo y sueldo por reivindicar en las redes postulados «constitucionalistas». Preguntada por ABC por la polémica de las vacunas, lo resume con una frase:«Lo que pasa en Cataluña es de juzgado de guardia».

Si el secesionismo mira con desdén a los propios Mossos, qué decir de su desprecio hacia las «fuerzas de ocupación». Un agente de la Arro –una de las unidades antidisturbios de los Mossos– recuerda a ABC la ayuda indispensable de la Policía para frenar a los radicales en lo que el separatismo bautizó como ‘batalla de Urquinaona’, la jornada más violenta de disturbios de la historia reciente de Cataluña, tras la sentencia del ‘procés’: «Trabajaron codo con codo con nosotros, y ahora les desprecian así».

El ninguneo a propósito de las vacunas comenzó ya el 10 de febrero. El Govern anunció entonces que empezaría a administrárselas a los mossos, pero nada dijo de policías y guardias civiles. Ante ese desprecio, la Delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, exigió explicaciones. Ofrecieron personal y medios para agilizar el proceso, pero el Govern siguió dilatando los plazos. Ahora, la Delegación del Gobierno ya trabaja en un plan propio para completar la vacunación de los casi 7.000 agentes.

El Gobierno, pese a esta afrenta de la Generalitat, prefiere mantener un perfil bajo. Ayer, el ministro de Política Territorial, Miquel Iceta, se limitó a pasar de puntillas por el asunto: «Nos dijeron que tenían problemas técnicos, (….) entonces el Gobierno les dijo, (…) no te preocupes, yo me encargo».

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