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«Militares de Maduro masacraron a mi familia y luego dijeron que los cadáveres eran de guerrilleros»

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Vecinos de la zona de Venezuela fronteriza con Colombia relatan cómo las fuerzas del régimen chavista asesinó a sus parientes y disfrazaron después los cuerpos como combatientes irregulares

«Yo trabajé 18 años para el gobierno venezolano y el pago que me da es masacrar a mi familia». Una mujer, desgarrada por el dolor y la rabia, cuenta así cómo las fuerzas del régimen de Nicolás Maduro acabaron con varios de sus parientes más cercanos en medio de la espiral de violencia en una zona de Venezuela fronteriza con Colombia en la que se han instalado disidentes de las FARC. Pero a la tragedia de perder a sus familiares, ya brutal de por sí, se une el intento por parte de los autores de la matanza de hacer pasar a las víctimas por guerrilleros, denuncia la mujer.

«Entraron a la casa, la desordenaron, y por el simple hecho

de que mi hermano, mi cuñada, mi sobrino, tenía cédula colombiana, se lo llevaron y dijeron que era guerrilero de las FARC -explica-. Uno de mis hermanos llevaba unas cholas (chancletas), unos chores (pantalón corto) y una franela (camiseta), que si se mira la foto se le ve el chor que está por debajo del pantalón verde, ese asqueroso verde que le pusieron».

El suyo forma parte de una serie de testimonios recogidos para denunciar «el drama sin precedentes» que se vive en esa región, aseguró este jueves en Madrid Tomás Guanipa, el embajador en Colombia nombrado por el gobierno interino de Juan Guaidó.

Según explica Guanipa, desde que Hugo Chávez llegó al poder (1999) y luego más aún con su sucesor, Maduro, «ha habido una relación profundamente estrecha entre la guerrilla colombiana y el régimen venezolano», de manera que el territorio de Venzuela ha sido utilizado por los ‘irregulares’ para «delinquir, armarse, prepararse para la guerra y planificar ataques en Colombia». Hoy la zona fronteriza con el país vecino, especialmente en La Victoria (estado Apure), «está en manos de guerrilleros que controlan el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de personas y la han convertido en una zona de terror».

Otro de los testimonios aportados es el de un joven que perdió a su madre, su padre, su hermano y su tío. «Los llamaba y salía el teléfono apagado -relata-. Como a las ocho de la noche empezaron a circular unas imágenes de unos señores a los que ahbían matado en el barrio Cinco de Julio de La Victoria, que si alguien los conocía. Al ver las fotos, automáticamente sí, los conocía: mi mamá, mi papá, mi hermano, mi tío… Sí, eran ellos». El chico, que se salvó porque huyó con su esposa a la vecina localidad colombiana de Arauquita, juto al otro lado de la frontera. Aunque insistió a sus padres qeu fueran con él, ellos quisieron quedarse en La Victoria a cuidar de lo suyo.

También en este caso denuncia que se trató de disfrazar los asesinatos como un choque con combatientes irregulares. «Los que vivían al frente vieron cómo el Gobierno, el FAES (Fuerzas de Acciones Especiales), los sacaron, los echaron dentro de una tanqueta y se los llevaron. Las fotos las tomaron hacia uan veredea que llaman el Ripial, a veinte minutos de La Victoria. Allá tiraron los cuerpos y dijeron que eran guerrilleros, les montaron fotos, armas, grandas, cables y balas que yo no conozco…». En definitiva, señala, objetos que su padre, una persona humilde, jamás manejó. «Lo que hizo el gobierno fue una traición al mismo pueblo, una injusticia», clama.

Tomás Guanipa censura que «el régimen utilice a las fuerzas armadas venezolanas para involucrarse en el conflicto interno de las disidencias de las FARC», en el que un grupo alternativo se enfrenta al líder Jesús Santrich, sanguinario guerrillero al que ampara Maduro y por el que ha tomado partido, explica el embajador de Guaidó.

En un acto con el representante del gobierno interino en Madrid, Antonio Ecarri, Guanipa aseguró que está denunciando esta situación en la zona fronteriza ante las instituciones españolas y organismos internacionales para llamar la atención sobre una nueva muestra de la violación de derechos humanos y los delitos de lesa humanidad, con «el asesinato de familias enteras que no tienen nada qeu ver con hechos delictivos, que son ajusticiados por los cuerpos de seguridad».

Así mismo, al menos 16 militares venezolanos han muerto en estos enfrentamientos por el control del narcotráfico, aunque hay quien habla de más de 25 asesinados, apunta.

Se calcula que unos 6.000 colombianos han cruzado en la frontera con Colombia como consecuencia de la violencia en esta zona del estado Apure. En el lado colombiano, muchos de ellos se encuentran refugiados en campamentos, y Tomás Guanipa pide la «cooperación internacional ante esta situación tan dramática».

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