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Memorial de agravios en el relevo de ministros

Tras la escabechina de destituciones que Pedro Sánchez dio a conocer el sábado, las distintas ceremonias de traspaso de carteras entre ministros entrantes y salientes se convirtió ayer en un curioso proceso de pago de facturas al cobro y en todo un memorial de agravios

Tras la escabechina de destituciones que Pedro Sánchez dio a conocer el sábado, las distintas ceremonias de traspaso de carteras entre ministros entrantes y salientes se convirtió ayer en un curioso proceso de pago de facturas al cobro y en todo un memorial de agravios. Carmen Calvo, que ha dejado de ser la vicepresidenta primera, se despidió sin pena ni gloria y asegurando que se ha limitado a hacer lo que le ordenaba Sánchez, como insinuando que ella habría tomado decisiones diferentes en algunos momentos. Miquel Iceta abandonó el Ministerio de Política Territorial diciendo claramente que no era ese su plan y que le ha molestado. Juan Carlos Campo salió de Justicia sin siquiera citar un mínimo agradecimiento a Sánchez, y a Ábalos, que era un factótum del Ejecutivo y del PSOE, apenas le acompañó nadie de peso en su despedida. Solo Illa. Sánchez continúa gobernando, pero ahora con una atmósfera muy perceptible de creciente tensión interna, de profundo desafecto por parte de algunos ministros relevados, y con un temor interno en el partido a que esta cesarista operación de reinvención del sanchismo termine fracasando. Queda Iván Redondo, quien sale de La Moncloa con demasiada información delicada en sus alforjas. A su declive en los sondeos, el socialismo suma ya un motivo más de preocupación porque los modos y maneras de Sánchez, la forma en que ha fulminado a sus más fieles acompañantes, no ha sentado nada bien a muchos dirigentes del PSOE.

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