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Media docena de expolicías abrieron las puertas del Ibex a Villarejo

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El comisario tejió su red con una generación de mandos reconvertidos en jefes de seguridad de grandes compañías para conseguir contratos

Hubo un tiempo en que entre la Policía era incluso motivo de orgullo que un compañero que había llegado lejos, saltase a la privada a un puesto de responsabilidad para labrarse una jubilación más prometedora que la que ofrece el salario público. Hoy, José Manuel Villarejo mediante, ya no goza de tan buena prensa dirigir la seguridad de una multinacional habiendo sido comisario. La instrucción judicial en la Audiencia Nacional sobre las actividades del polémico mando ha destapado que era en esas personas donde encontraba su puerta de acceso al corazón de las empresas, principal fuente de ingresos de todo el entramado que construyó y que siguió engrasando siendo aún policía en activo. Una red de contactos compuesta

 por toda una generación de mandos que hicieron girar la puerta y ya fuera porque compartieron café y fatigas con Villarejo durante años, ya fuera porque les vino recomendado por alguien que sí fue compañero, acabaron confiando el presupuesto que manejaban, con más o menos conocimiento de sus superiores, al Grupo Cenyt.

Ahora, cuando está en juego un delito de cohecho, todos esos jefes de seguridad investigados han sido cesados de sus puestos o jubilados a tiempo. Los hay que niegan haber sabido que contrataban a un policía en activo y los que directamente, alegan que no conocían que aquellas empresas fuesen suyas. Lo que parece ya contrastado es que era vox populi que Villarejo tenía sus propios negocios. Y ningún cargo policial ni político impidió que así fuera. Le dieron alas, y voló.

El amigo «Kol»

El ejemplo más claro de esa puerta de acceso a las empresas es Julio Corrochano, que pasó de comisario a jefe de seguridad del Grupo BBVA. Interlocutor de Villarejo en los contratos que el banco firmó con Cenyt a lo largo de una década y por importe superior a los 10 millones de euros, hablaba con él de tú a tú, hasta el punto de recomendarle cómo debía hacer su trabajo para ganar en efectividad. «Lo que quiero son los tres o cuatro folios que no tiene que leer nadie, nada más que mi presidente», le decía, insistiendo en que fuese al grano. Los consejos eran bidireccionales. El comisario llegó a invitarle a hacer creer a su jefe que la quema del Windsor fue un «trabajo de clan de troncos» para marcarse un tanto. Ese jefe era Francisco González, que está investigado igualmente en Tándem porque el juez y Anticorrupción ven indicios sólidos de que el entonces presidente del BBVA estaba al tanto de todo.

En el caso de Corrochano, al que Villarejo llamaba «Kol», hay una particularidad no detectada en otros. Consta que una de las empresas del entramado pagó más de 44.000 euros en muebles que fueron enviados a su casa, aunque la documentación de pedidos aportada por la tienda eleva la cifra a 76.000. No obstante, los investigadores analizan cada caso en busca de pagos o dádivas imputables a la labor de interlocución de cada implicado con Villarejo.

La banca y la clientela

BBVA no es la única entidad financiera en el punto de mira. El juez ha imputado al expresidente de CaixaBankIsidro Fainé, por un encargo que empieza con Miguel Ángel Fernández Rancaño, policía de destacada trayectoria que acabó dirigiendo la seguridad de lo que entonces, aún era ‘la Caixa’. Ante el juez, afirmó que pese a sus treinta años en el Cuerpo, no conocía de nada ni a Villarejo ni a sus empresas y el asunto le llegó referido por su homólogo en Repsol, cuyo presidente, Antonio Brufau, también está imputado. Las dos empresas compartían intereses frente al entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero.

Y en Repsol, de nuevo, otro alto mando policial reconvertido en gran jefe de seguridad, Rafael Araujo, quien negó igualmente que supiera que Villarejo estaba en activo. Le conocía, según dijo, de una conmemoración de los Ángeles Custodios, el patrón de la Policía Nacional, y poco más. Concedió, eso sí, que había oído hablar de la supuesta efectividad del Grupo Cenyt por boca de otro comisario, imputado igualmente en la causa –son más de una decena– pero no por colaborar con Villarejo desde dentro de una empresa sino por proporcionarle aquello que distinguía sus trabajos:datos extraídos de bases policiales para las investigaciones.

Sus jefes, también

No obstante, no sólo bebía de ese grifo. El propio Villarejo implicó al que era jefe de Seguridad de Amena (ahora Orange), José Domingo Río. Aseguró que fue él quien le facilitó los tráficos de llamadas que manejó en uno de sus proyectos. ¿Quién era Del Río? Otro policía que se había pasado a la privada tras una larga trayectoria en el Cuerpo. La puerta favorita de Villarejo.

Volviendo a la banca, hay un ejemplo más aunque sin consecuencias en la causa, que es especialmente llamativo, porque la interlocución lo fue con quien había sido jefe de Villarejo.

Agustín Linares, que fue el máximo uniformado de la Policía entre 1984 y 1994, reconoció ante el juez como testigo que cuando se fue a dirigir la seguridad privada del extinto Banco Central Hispano, pidió en una ocasión ayuda al comisario. Su presidente le había encargado averiguar si un alto directivo jugaba sucio y le autorizó a contratar alguna empresa con medios para averiguarlo. Linares, que de jefe era consciente de que Villarejo tenía un entramado empresarial sin que viese razón para hacer nada al respecto, recurrió a él y se acabó así encargando un informe a Cenyt. Declaró, en todo caso, que no sabía que esa empresa que el comisario le recomendaba, en realidad, le pertenecía. Lo que sí le llegó a constar es que alguien le traicionó: el directivo espiado accedió al informe que la gente de Villarejo había elaborado sobre él para el presidente del Central Hispano.

El ladrillo, claro

En esa treta de investigar y ofrecer servicios al investigado, aparece otro policía en segunda actividad: el que fue jefe de seguridad de la constructora Sacyr, Rodrigo Álvarez Vázquez, que en su día también cambió la placa por lo privado. Su puerta fue la que tocó Villarejo cuando quiso jugar a dos bandas: Caixabank y Repsol estaban investigando a su jefe, Luis del Rivero y él ofrecía labores de contraespionaje. No cuajó.

El mundo del ladrillo no era ajeno al comisario. Otro de los jefes de Villarejo en tiempos, Pedro Díaz Pintado, se pasó al Grupo Dico, que a mediados de los 2000 estaba entre las diez inmobiliarias más potentes del país y sonaba en la trama Púnica. Tal y como contó al juez en calidad de testigo, recurrió al consejo del comisario y en la misma línea que Linares, aceptó su recomendación de acudir a Cenyt sin saber, dijo, que la empresa era suya. Este asunto aún no tiene consecuencias en el juzgado.

Cabe recordar que Díaz Pintado, como su predecesor, dio la cara por Villarejo al inicio de la causa con una carta en la que defendía, básicamente, que era un agente encubierto con un entramado empresarial al servicio del Estado. Él también sabía que tenía sus negocios y tampoco vio razón para hacer nada al respecto. Cuando dos años y medio después de aquella carta hubieron ambos de ratificarla ante el juez, se matizaron tanto que el supuesto espaldarazo inicial quedó desdibujado.

Un caso de «ladrillazo» más. A la vuelta del verano, Villarejo será juzgado por un encargo para la familia Cereceda, dueña del imperio inmobiliario Procisa y célebre por La Finca, urbanización de lujo en Madrid. El contacto, de nuevo, fue su jefe de seguridad, David Fernández Aumente, con hoja de servicios como policía en el PaísVasco.

El enésimo ejemplo de ese camino al corazón de las empresas es Benjamín García Cañón, policía transformado en jefe de seguridad y puerta de Villarejo para contratar con la Mutua Madrileña, según el sumario, por algo más de medio millón de euros. El objetivo era investigar a un expresidente y dos exdirectivos de la aseguradora y el camino, el mismo. Era su interlocutor.

El poder y lo zafio

Pero si hay un policía avenido en jefe de seguridad que ha adquirido renombre por el caso Tándem es Antonio Asenjo, que gobernaba este área en Iberdrola. Su celebridad no es tanto por los contratos, que suman algo más de un millón de euros, sino por los audios que grabó el comisario y en los que deja perlas como que le «saldría más barato matar» al presidente de ACS, Florentino Pérez, que desprestigiarle pagando el plan que proponía el comisario, conforme los audios que desveló El Confidencial. El jefe de seguridad de la eléctrica apostaba por algo «más doméstico» y puso un ejemplo:«O sea, que le han visto con un niño. ‘Qué gilipollez, cómo lo van a ver con un niño’. Ya lo sé que no lo pueden ver, coño, pero a lo mejor se lo pueden poner al lado». Ese era el nivel.

Según consta en la causa, no debían conocerse de antes, porque en las cintas se aprecia cómo el comisario despliega su arsenal para ganarse la confianza de su interlocutor. La referencia a su buena relación con policías situados en puestos clave en grandes empresas formó parte de esa suerte de tarjeta de visita.

Todos los amigos

Las fuentes policiales y jurídicas de dentro y fuera de la investigación consultadas por este diario coinciden al vaticinar que saldrán más nombres de policías que un día se fueron a la empresa privada y que desde allí, abrieron puertas a Villarejo o le proporcionaron información. Se extiende así una mancha de sospecha alimentada por las facturas de las mercantiles del Grupo Cenyt que obran en el sumario aunque aún no hayan generado investigaciones separadas, y por la cantidad de material pendiente de analizar.

El propio comisario ha abonado la idea mencionando empresas que no han aparecido en la causa. Eso sí, siempre en interés general: sostiene que de todo lo que ya consta que hizo y lo que resta por aparecer, extrajo información valiosa para el Estado. Aunque lo facturaba él.

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