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Los médicos de Ceuta denuncian una crisis sanitaria tras la avalancha de mayo

Aumentan los contagios de Covid dos semanas después del asalto y la ciudad reclama la vacunación masiva de la población para evitar una nueva ola

La ciudad autónoma sobrevive con los recursos al límite: con un único hospital, siete camas de UCI y tres intensivistas

Dos semanas después del asalto de la frontera de Ceuta con Marruecos, esta pequeña ciudad de España, enclavada en el norte de África, vive aún en estado de emergencia. El caos inicial y la urgencia social se ha transformado en una crisis sanitaria. Ahora la preocupación es que repunte el Covid cuando el virus parecía aplacado en el territorio. Los últimos datos que maneja la ciudad autónoma estiman que tras la avalancha se han registrado 106 contagios de marroquíes y 30 positivos entre la población local, de los que 20 serían por haber estado en contacto directo con los inmigrantes.

El Ministerio de Sanidad, en su último boletín epidemiológico, solo reconocía 95 casos positivos importados tras la entrada

masiva del 19 de mayo. Y avisa que ninguno de estos contagios se incluyen en los datos con los que se calcula la incidencia acumulada a 14 días, como si no fueran casos reales.

Durmiendo en la calle sin control sanitario

Las autoridades sanitarias llevan días haciendo test a los menores acogidos, pero no todos están controlados. Aún hay irregulares que vagan y duermen por las calles y se escapan a cualquier control sanitario. Tampoco resulta fácil cumplir las medidas de higiene y aislamiento anticovid en los centros improvisados de acogida, como la nave del Tarajal. «El miedo a un repunte de la epidemia es más que evidente. La situación es dramática y la población está asustada», confiesa a ABC Enrique Roviralta, presidente del Colegio de Médicos de Ceuta. Con el 47% de la población inmunizada con una dosis, ha reclamado al Ministerio de Sanidad una vacunación masiva para evitar que se desborde la situación, como hizo el Reino Unido en el Peñón de Gibraltar.

El nuevo brote confirma los peores presagios del Colegio de Médicos de Ceuta y de la Organización Médica Colegial. Fueron los primeros en avisar a Sanidad de que la tragedia social se convertiría en un problema sanitario. Dijeron que las aglomeraciones en lugares cerrados, limitación en las medidas de higiene y ventilación o la falta de uso de mascarillas favorecer la dispersión del virus.

Un solo hospital

Si no se ha puesto nunca el pie en Ceuta, es difícil hacerse una idea del riesgo sanitario que representa para un territorio con 84.000 habitantes y cinco veces más densidad de población que la Comunidad de Madrid la llegada de la noche a la mañana de 10.000 personas. Más aún cuando la sanidad ceutí, dependiente del Ministerio de Sanidad, sobrevive con los recursos al límite: con un único hospital, siete camas de UCI y tres intensivistas.

El primer error fue cerrar el hospital militar. Las instalaciones se clausuraron hace tres años y dejaron a Ceuta sin un colchón para absorber las situaciones más complejas en un territorio que vive al borde siempre del colapso.

El Hospital Universitario de Ceuta es «como un Ferrari sin gasolina», denuncia Roviralta. Fue construido hace diez años y cuenta con instalaciones de última generación, pero sin capital humano y recursos para emergencias como la llegada masiva de una población para la que no está preparado. En la playa, Cruz Roja se encarga de la primera asistencia, la que vemos en televisión. Lo que no muestran las cámaras es cómo se atienden las hipotermias, las heridas o las fracturas en los tres centros de atención primaria y el hospital de Ceuta. Tampoco se ve el goteo permanente de población marroquí que busca en territorio español mejor asistencia sanitaria cuando las fronteras están abiertas.

«Practicamos una medicina de catástrofe en esta zona del país. Faltan sanitarios, faltan recursos y faltan instalaciones»

«Practicamos una medicina de catástrofe en esta zona del país. Faltan sanitarios, faltan recursos y faltan instalaciones. La sanidad de Ceuta tiene un déficit estructural, no es un problema coyuntural. El asalto de mayo solo pone en evidencia las deficiencias de nuestro sistema», se queja el presidente de los médicos de Ceuta.

Su protesta no es nueva y está de forma permanente en la mesa del Ministerio de Sanidad. Ni Ceuta ni Melilla tienen competencias sanitarias. Forman parte del Ingesa, el antiguo Insalud, y las decisiones e inversiones en sanitarias son solo responsabilidad del departamento que dirige Carolina Darias.

Fidelizar médicos

A la ministra le han solicitado, sin éxito, que estos territorios situados en un enclave geográfico tan sensible sea considerada un ‘Área de difícil desempeño médico’. En España hay ya medio centenar con esa calificación que permite a las autoridades captar y fidelizar a su personal sanitario con mejores salarios y formación. Así se premia a los facultativos que se desplazan a zonas rurales, como algunos puntos de las dos Castillas o a Ibiza, donde la carestía de la vida hace casi incompatible el sueldo de un sanitario. «¿Qué zona española puede tener una singularidad mayor que Ceuta y Melilla para conseguir esta declaración?», se pregunta Enrique Roviralta.

Durante la primera ola del nuevo coronavirus, Ceuta apenas tuvo casos mientras Madrid estaba desbordada. Pero el virus pegó con fuerza en una segunda y tercera oleada. El único hospital, el Universitario de Ceuta prácticamente se convirtió en una UCI para atender todos los ingresos hospitalarios. Los médicos dedicados a labores de gerencia y dirección tuvieron que reconvertirse para poder hacer frente a la oleada de casos. Se reforzó con médicos cubanos especializados en cuidados en intensivos.

Ni siquiera ellos aguantaron y a los tres meses se marcharon. Otros profesionales han llegado con contratos de larga duración y al mes han abandonado el puesto. La sangría de profesionales es constante y solo se puede detener con incentivos, reclaman desde el Colegio de Médicos de la ciudad autónoma.

«Ceuta es un lugar bonito y posee un clima maravilloso, pero es una ciudad cara y está muy aislada. Hay que estar mentalmente preparado para estar encerrado entre el mar Mediterráneo y la frontera con Marruecos», justifica.

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