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Los indultos rearman al secesionismo en Europa cuando estaba derrotado

Los medios europeos han pasado de seguir a Puigdemont a todas partes a ignorar su encuentro con Junqueras

La medida de gracia contribuye a que en Bruselas se abra paso la idea de que la sentencia por el 1-O fue injusta

Cuando llegó aquí en 2017, cualquier paso que diera en Bruselas Carles Puigdemont tenía una repercusión extraordinaria. Ruedas de prensa multitudinarias, primeras páginas en todos los grandes diarios europeos, cámaras de televisión persiguiéndolo, el expresidente de la Generalitat huido era un auténtico imán para los medios. Sin embargo, el encuentro del miércoles con Oriol Junqueras y el resto de dirigentes independentistas en su casa de Waterloo, al que el entorno del ‘procés’ pretendía otorgar un carácter simbólico, pasó totalmente desapercibido excepto para los medios españoles.

Ni siquiera periodistas belgas, incluyendo los más sensibles al nacionalismo flamenco, se interesaron por el supuesto acontecimiento. La crisis catalana ha desaparecido de la zona de interés en Europa incluso a pesar de que Puigdemont y dos de sus antiguos consejeros, Toni Comin y Clara Ponsatí, también huidos, son eurodiputados y disponen de ciertos mecanismos para hacer oír su voz.

Cambio de rumbo

La parte más inquietante de esta situación ya no es lo que los independentistas puedan hacer en Europa para tratar de encontrar apoyo a sus posiciones, sino el cambio de rumbo que ha decidido el gobierno que preside Pedro Sánchez con el indulto y que en opinión de no pocos expertos ha pulverizado los cimientos de la posición de los que defienden la unidad de España. En efecto, hasta ahora ningún alto funcionario relevante de ninguna institución europea ha recibido a ningún dirigente independentista, ni a los que forman legalmente el actual Gobierno de la Generalitat, ni a Puigdemont que es eurodiputado ni mucho menos a Junqueras y al resto de los indultados. Pero después de los indultos esta situación podría cambiar.

Junqueras, Raul Romeva y otros de los indultados han aprovechado el pleno de esta semana del Parlamento Europeo para acudir a la sede de Estrasburgo, donde por fin ha vuelto a reunirse parcialmente la Eurocámara, teniendo en cuenta que ambos fueron anteriormente miembros y por ello gozan de ciertas prerrogativas, como entrar libremente en las sedes. Sin embargo, su única actividad allí fue la de participar en una reunión del grupo de los Verdes donde militan tanto Esquerra Republicana como Catalunya en Comú, de forma más simbólica que real porque parte de los efectivos del Parlamento (dos tercios) está todavía en modo teletrabajo. No tuvieron más contacto con periodistas que con algún medio español. Ningún representante de la institución ni de ningún otro partido político mayoritario hizo ningún gesto para recibirlos, ni -que se sepa- ellos lo pidieron. El único incidente del pleno fue la vergonzosa intervención de Comín en el debate con el Alto Representante Josep Borrell sobre la situación en Nicaragua. Su mención a la situación en España comparándola con la de la dictadura de Daniel Ortega fue sencillamente rechazada por Borrell como «repugnante» y no obtuvo ningún gesto de apoyo, ni siquiera de los tradicionales aliados del soberanismo, que son los independentistas flamencos.

Fuera del Gobierno

En este sentido, también se ha notado que el mayor aliado de Puigdemont en Bélgica, la Nueva Alianza Flamenca (NVA), ya no forma parte de la coalición de Gobierno en Bruselas. Desde la oposición el partido ya no tiene capacidad de intervenir a favor de los huidos de la Justicia española (lo que no significa que la justicia belga haya cambiado su tradicional reticencia hacia España) y también se percibe un cierto hartazgo en sus relaciones. Para los independentistas flamencos, el intento de forzar una secesión por vías unilaterales en Cataluña fue visto como un hecho precursor que representaba un paso que ellos no han imaginado dar más que en sus fantasías más delirantes. El fracaso de sus émulos catalanes se suma a su propio aislamiento en la política belga, donde la pandemia ha silenciado otra vez el debate de la independencia. Que Puigdemont no hable flamenco tampoco le permite estar en los medios de esta región del país y poco a poco ha desaparecido del panorama en Flandes.

Al expresidente le queda su ‘Casa de la República’ en Waterloo, por donde aún logra que desfilen los distintos responsables independentistas llegados desde Barcelona. Para recibir a Junqueras después del indulto en este escenario, Puigdemont renunció a ir a Estrasburgo, a pesar de que había obtenido del Tribunal Europeo de Luxemburgo una suspensión de la decisión de retirarle la inmunidad parlamentaria por temor a que al entrar en territorio francés fuera interceptado si España reactivaba la orden de detención. Allí dirigió él el ceremonial con gestos evidentes para reflejar su antipatía hacia Junqueras, como no esperarle en la puerta para recibirlo ni comparecer de forma conjunta después. La coreografía de las relaciones entre las dos facciones del independentismo fue un espectáculo exclusivo para una decena de periodistas españoles, retransmitida naturalmente por la autonómica TV3, pero sin relevancia de ningún tipo. Los medios fuera de España no han dado ninguna relevancia a esta reunión.

El problema es si esta política de aislamiento en Europa se sostendrá una vez que el Gobierno ha cambiado sus posiciones. Ahora el presidente Sánchez envía a sus emisarios a explicar su decisión de indultar a los condenados, lo que puede ser entendido fácilmente como un reconocimiento de que el Gobierno español asume que la sentencia fue injusta y que el problema entra en una fase de negociación política, lo que sencillamente aniquila todos los esfuerzos que han hecho hasta ahora en Europa diversas entidades oficiales, diplomáticos, funcionarios europeos o eurodiputados, para demostrar que España es un Estado de derecho y para mantener aislado al independentismo.

En evidencia

Todos esos argumentos quedan ahora en evidencia ante el hecho de que el actual Gobierno ha optado por conceder un indulto, a pesar de su dudosa justificación legal. Cuando los recursos de los soberanistas lleguen al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, la decisión de los jueces estará muy influida por este hecho.

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