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Los diarios de Villarejo revelan el origen de su relación con el «conseguidor» de la jet set madrileña

Les presentó un tercero y Adrián de la Joya, pendiente de juicio por el caso Lezo, se convirtió en una persona clave en el proyecto más lucrativo del comisario

El principal argumento del empresario y mítico personaje de la jet Adrián de la Joya para desmarcarse ante el juez de los audios que le había grabado durante años el comisario José Manuel Villarejo fue que disfrutaba de su compañía y le seguía la corriente porque le hacían gracia las historias y «fantasías» que contaba. Nada serio, diversión sin más, o, en sus palabras, «un vuelo gallináceo». Era mayo de 2019, acababa de ser detenido por Pit, el proyecto para evitar la extradición de un naviero a Guatemala presupuestado en diez millones de euros y para entonces, en la Audiencia Nacional ya se le consideraba un socio del polémico policía.

Ahora, gracias a las 13 nuevas agendas intervenidas al

comisario, se pone fecha de inicio a esta peculiar relación entre ambos: El 14 de noviembre de 2013 Villarejo dejó anotado que una persona llamada «Domingo Díaz de M» le habla de De la Joya como «su tronco». Apuntó: «Que tiene los comprobantes de pagos. Se los dio LB hace dos años para que los moviera y no lo hizo». (LB ha sido identificado como Luis Bárcenas ya en otra pieza de la causa).

Justo siete días después, quedaron. La primera impresión de Villarejo fue positiva. «Dispuesto a colaborar a tope. Sujeto muy relacionado a tener en cuenta«. Era 21 de noviembre y empezaba una relación que a la luz de los extractos de las nuevas agendas del comisario incorporadas a la causa a los que tuvo acceso ABC, se fortaleció en cuestión de días.

Menudo y delgado, de conversación ágil y palabrotero, este empresario de melena rubia peinada hacia atrás, cuello impecable y reloj de oro, es conocido popularmente como el «conseguidor» de la jet set, fama labrada ya en los noventa y con pasaporte a la alta sociedad desde que se casó con Cristina Fernández Longoria, hija del que fuera embajador de Egipto, Carlos Fernández-Longoria y Pavía.

Investigado durante meses en el caso Lezo, el mismo juez que le imputó en el caso Villarejo, Manuel García Gastellón, le ha sentado ahora en el banquillo junto al expresidente regional Ignacio González. La razón, una comisión millonaria que habría contribuido a gestionar por la adjudicación de una infraestructura en Madrid a OHL.

Pero el 5 de diciembre de 2013 todavía quedaba lejos el procesamiento. Villarejo anotó su nombre, cosa habitual en sus notas para ordenar con quién se ha reunido o hablado o quién le ha contado qué, desde su posición subjetiva. Junto a las siglas «Joy» que utilizaba para referirse al empresario, recoge «Reunión ILH con Domingo D. Mera. Insistió en tener mi teléfono. Además, le di tarjeta«. ILH son las siglas que Asuntos Internos relaciona con el empresario Ignacio López del Hierro.

No había acabado 2013 y el comisario anotó una cita más con De la Joya y otra persona, Enrique Maestre, y no consta que se llegase a celebrar, como tampoco hay ninguna anotación como las que solía recoger Villarejo de sus conclusiones subjetivas de esos encuentros.

No ocurre igual con otro que figura tres semanas después. Es ya 14 de enero y aparecen citados los dos. En relación al primero, Villarejo lo califica como «reunión de varios proyectos». «Sigue muy entusiasmado y dice sentirse muy seguro si yo acompaño«, añade. Del segundo, »muy relacionado con chinos y venezolanos. Muy buena memoria y buen dominio de los productos y estrategias comerciales«.

«Tiene muchos contactos de interés»

Maestre, empresario, también está investigado en esta pieza que se sigue por los 7,4 millones que los navieros Pérez Maura pagaron finalmente a empresas de Villarejo para evitar la entrega de uno de ellos a Guatemala. Es el proyecto más lucrativo -en relación tiempo e ingresos- de cuantos se investigan de Villarejo en la Audiencia Nacional y quizá también el más ambicioso. Pasaba incluso por reemplazar por un aliado al presidente del Gobierno de Guatemala y abarcó reuniones en Nueva York con un asesor de Donald Trump y un reconocido lobbista de las que constan notas y audios.

Siguen pasando los días, los meses y los años y siguen registrándose apuntes sobre De la Joya, de quien Villarejo dejó escrito que «tiene muchos contactos para explotar». Llegó a sentarle a la mesa con su gran amigo, el comisario que fue jefe de la UDEF, José Luis Olivera y al que viene rondando la imputación en Tándem casi desde el inicio de la causa porque aparece en decenas de referencias a lo largo del sumario. «Propenso a ofrecer datos de interés«, decía como conclusión personal de la reunión de »Oli« y »Joy«. Hubo más, como documentan los audios de la causa.

El 20 de abril de 2016 les llegó la que sería la gran oportunidad de forrarse. «Maestre, Enrique. Quiere que ayudemos a un amigo para evitar orden de extradición de Pérez Maura. Quedamos mañana a las 11». Es el germen del proyecto Pit y tiene su reflejo en forma de archivo sonoro, como todas las anotaciones de las agendas de aquellos días que ha recogido Asuntos Internos y que concuerdan con los indicios sobre los que ya venían trabajando.

En esa conversación, De la Joya es taxativo: «Yo quiero morir rico y la única forma de morir rico es con un tema como el que tú tienes entre manos, eso lo tengo yo más claro que la hostia». Venía de quejarse: «Estoy en secano desde hace años (…) Y estoy hasta la polla. O sea, yo quiero volver a forrarme otra vez«.

Domicilio fiscal en Suiza, gimnasio en Madrid

De la Joya tenía en esa época su domicilio fiscal en Suiza y que la justicia española lo descubriese era para él una preocupación, como explicó en otra de las decenas de horas de conversaciones que obran en esta parte de la causa. Cuando le detuvieron por el caso Villarejo, volvía a su piso de lujo en el barrio de Salamanca y de acuerdo a las fuentes de la investigación consultadas por este diario, con las mallas del gimnasio todavía puestas. Pidió acicalarse antes de pasar a disposición judicial.

Fue el 10 de mayo de 2019 y le tocó pasar hasta cerca de las cuatro de la mañana en los sótanos de la Audiencia Nacional en lo que declaraban unos y otros. Salió caminando por la rampa del garaje mientras su abogada intentaba chaqueta en mano protegerle de un puñado de periodistas. Normal, porque como él decía, la clave de que no estuviese ya «muerto» es que nadie hablase de él.

De la Joya siempre ha sostenido que del proyecto Pit no cobró ni «un duro», entre otras cosas, porque Villarejo «no repartía ni con su madre». La pieza sigue en investigación y eso está por ver. Lo que sí consta ya, agendas mediante, es cómo habría empezado todo.

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