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Los cuatro detenidos por el crimen de Samuel son amigos y no le conocían de nada

Los investigadores llaman a más testigos para aclarar si fue una agresión homófoba

 

 

El goteo de detenciones por la muerte de Samuel Luiz, apaleado en una acera a la salida de una discoteca coruñesa el pasado fin de semana, continúa. A los tres primeros arrestados — dos chicos y una chica— se sumó ayer una cuarta persona integrante del mismo grupo de amigos. A este hombre, de entre 20 y 25 años y residente en el barrio herculino de Palavea, se le acusa de un delito de homicidio y de otro de apropiación indebida, por haberse llevado el teléfono de la víctima de la escena del crimen. Todos ellos pasarán a las 9.30 horas de hoy a disposición de la titular del Juzgado de Instrucción Número 1 de La Coruña. Hasta

el momento, su estrategia de defensa se ha basado en guardar silencio y no declarar, limitándose a decir que la noche de los hechos «iban muy borrachos».

La última detención en el caso Samuel, materializada en plena madrugada, fue posible gracias a los reconocimientos realizados el pasado miércoles en la comisaría de Lonzas, donde los presuntos participantes en las brutal agresión fueron identificados y señalados. Ésta, la de esclarecer el papel que cada uno de ellos jugó en la paliza, es la prioridad de los agentes de la Policía Judicial, que están echando mano no solo de las declaraciones de los que presenciaron el ataque sino de las imágenes grabadas por las cámaras de la Policía Local, las de los comercios de esa calle, muy bien iluminada, y las de algún vídeo ciudadano.

Pero en el aire está también si el homicidio del coruñés fue una agresión homófoba, o no. Para esclarecerlo, los efectivos de la Policía Judicial citaron ayer por la tarde a una de las primeras personas en socorrer a Samuel cuando el grupo de atacantes lo dejó inconsciente en la acera y se dio a la fuga. En su relato ante los agentes, al que tuvo acceso ABC, este testigo aseguró que ninguno de los acompañantes del fallecido comentó, a lo largo de las dos horas y media que permanecieron en el lugar tras la paliza y la intervención de los servicios de emergencia, que lo habían insultado por su condición sexual. Ni una sola referencia, insistió esta persona, a que el desencadenante de la paliza fuese la homosexualidad de la víctima.

Tampoco figura ninguna alusión a este hecho en el atestado policial realizado por los agentes que se desplazaron al lugar y que recabaron las declaraciones de todos los presentes sin que ninguno de ellos abordase, en un primer momento, esta posibilidad. De igual modo niega el delito de odio el abogado de dos de los inculpados, José Ramón Sierra, que en declaraciones a ABC afirmó que «no hubo tal agresión homófoba».

Convencidos de que el grupo que apaleó al coruñés estaba formado por más personas, al menos siete, los agentes dan por hecho que en las próximas horas se producirán nuevas detenciones en relación con la muerte de Samuel, al que atacaron pensando que estaba grabando una discusión de pareja cuando en realidad estaba realizando una videollamada con una amiga. Fue en ese momento cuando uno de los acusados se abalanzó sobre él para golpearlo. La agresión la frenó un joven senegalés que no dudó en interceder y que se fue del lugar poco antes de que un grupo más numeroso regresase para golpear a la víctima hasta la muerte, a lo largo de 250 metros. Ayer, los amigos del chico se reencontraron con este muchacho para agradecer su papel a «la única persona que intentó ayudar a Samuel», confesaron emocionados.

Tendido e inconsciente

A falta de las conclusiones forenses, todo apunta a que el auxiliar de enfermería coruñés perdió la vida por las graves contusiones craneales que le ocasionaron las patadas y los golpes que recibió durante varios minutos, ya tendido en el suelo e inconsciente. Por eso, conocer el rol que cada uno de los señalados tuvo en la paliza, y quien o quienes se ensañaron con él, será crucial para formular la acusación. En la calle, las muestras de indignación se solapan con el dolor de una familia, la de Samuel Luiz, que insiste en pedir que su pérdida no se politice y que «la muerte de nuestro hijo no sea utilizada como bandera de nada».

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