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Las mujeres mandan en el mundo del libro

Los grandes grupos editoriales y los sellos independientes están comandados por mujeres. Todas tienen muy claro que el único género que importa es el literario y toman el testigo de pioneras como Esther Tusquets y Beatriz de Moura

Si Sylvia Beach publicó el ‘Ulises’ de James Joyce y Natalia Ginzburg ayudó a fundar Einaudi en la Italia fascista de 1933, España tuvo a Esther TusquetsBeatriz de MouraRosa Regás o Carmen Balcells, nombres esenciales que modernizaron el sector editorial en los años sesenta y setenta del siglo XX. En una sociedad gobernada por un dictador y en la que las mujeres necesitaban autorización del padre o el marido para abrir una cuenta bancaria, su olfato las hizo audaces. Editaron guiadas por la intuición y lo que comenzó de forma casi artesanal acabó convirtiéndose en una de las industrias más sólidas, con una aportación del 0.7% al PIB español.

Cruzaron varios mares para conseguirlo y

no siempre con el viento a favor. Algunas lo hicieron desde América, otras sin moverse de España. No en vano, tanto Beatriz de Moura como Esther Tusquets vivieron en primera línea el llamado ‘Boom Latinoamericano’, un fenómeno que tuvo como principal artífice a la agente literaria Carmen Balcells. Sesenta años más tarde, y aunque sellos como Lumen y Tusquets pasaron a formar parte de grandes grupos, sus catálogos permanecen vivos gracias a una generación profesionalizada que continuó el camino que sus predecesoras habían trazado. Pilar Reyes,María FasceElena Ramírez o Silvia Sessé ocupan puestos de mando, pero se enfrentan a las mismas paradojas de las pioneras: tener el poder de decisión suficiente para impulsar un catálogo solvente y rentable. Para ellas no se trata de literatura femenina, sino de literatura. Y de eso va esta historia.

En España, siete de cada diez editores son mujeres. Las agentes literarias, ‘scouts’ y directoras editoriales más importantes, también. La súperagente, como llamó Vázquez Montalbán a la mítica Balcells, encontró relevo en mujeres como Raquel de la ConchaMercedes CasanovaMaría Lynch o Antonia Kerringan, por sólo mencionar algunas de las principales cazatalentos literarios. A eso se suma un hecho clave. De los tres grupos con mayor peso en el mercado español y latinoamericano, dos están capitaneados por ejecutivas: Nuria Cabutí, máxima responsable de Penguin Random House Grupo Editorial (PRHGE) -la división en español del gigante internacional resultante de la compra que hizo Bertelsmann de Penguin Group y Random House-, y Marta Martínez, consejera delegada de Anaya, empresa que ha pasado a formar parte de Hachette Livre.

Si el 67% de la plantilla de Planeta está integrada por mujeres, la competencia aporta una foto de grupo bastante parecida. De los 19 directores editoriales de PRHGE, 12 son mujeres; un equipo en el que destaca Pilar Reyes, quien desembarcó en la multinacional tras la compra de Alfaguara en 2014. Hoy, Reyes se cotiza como una de las 50 personas más influyentes en el mundo editorial. Por su escritorio pasan los manuscritos de Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, John Banville, Jorge Edwards, Fernando Vallejo, Bernardo Atxaga, Gay Talese, John Berger o Carol Joyce Oates, y gestiona un catálogo en el que conviven José Saramago, Günter Grass, Julio Cortázar o William Faulkner.

En español

Ella encarna la bisagra que define a la literatura en español: llegó desde Alfaguara Colombia en 2009 para asumir las riendas del sello creado por los hermanos Cela y a día de hoy es la responsable editorial de todos los sellos literarios del grupo Penguin Random House. Como ella, otras editoras provienen de ultramar, por ejemplo la argentina María Fasce, creadora de Alfaguara Negra e impulsora de fenómenos editoriales como Joël Dicker o Lucia Berlin. Cuando Pilar Reyes le propuso a Fasce dirigir aquel sello creado por Esther Tusquets, la argentina no lo dudó ni un segundo.

Apasionada y entusiasta, tan perfeccionista como incansable, María Fasce conserva un aire de familia con sus predecesoras, desde la propia Esther Tusquets y su hija Milena Busquets hasta Silvia Querini, cuyo testigo asumió de forma natural. Curtida en la narrativa, el periodismo y la traducción -por sus manos ha pasado la obra de Proust o Modiano-, Fasce rejuveneció el catálogo con nombres como Elena Ferrante y realzó los clásicos del sello como Susan Sontag, Virginia Woolf, Natalia Ginzburg o Elsa Morante hasta los superventas ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco, o la Mafalda de Quino.

Otra de los nombres clave del sector es Elena Ramírez. Tras siete años en el Grupo Planeta, en 2007 se convirtió en responsable de Seix Barral, un sello literario con más de cien años de tradición y del que algunos lectores conservan, melancólicos, las iniciales de Carlos Barral como referencia dorada. «Desde que entré al sector en los años 90 ha aumentado la presencia de mujeres en puestos editoriales. Hasta entonces, si había mujeres en los equipos, normalmente era como secretarias, ayudantes o asistentes», asegura la máxima responsable de Ficción Internacional de Planeta.

Mapa de independientes

A la pregunta sobre cómo ha podido prosperar una industria editorial empujada por mujeres, surgen respuestas que van del escepticismo al realismo. «La presencia de la mujer en el mundo de la edición ha sido enorme y extraordinaria, pero casi siempre en la retaguardia y la trastienda», afirma Sandra Ollo, directora editorial de la prestigiosa Acantilado. Esa pamplonesa afincada en Barcelona y formada en Filosofía, comenzó en aquel sello en 2007.

El catálogo creado por su marido, Jaume Vallcorba, al que ella sustituyó tras su muerte, se parece al logotipo que identifica a Acantilado: posee esa vocación de riesgo y belleza del clavadista que se zambulle en cada faja y lomo de sus libros como si de un mar se tratara. Editados con elegancia e impresos en un papel exquisito, los lectores encuentran en los libros de Acantilado autores como Dante, Montaigne, Tolstoi, Joseph Roth o Natalia Ginzburg, e incluso en tiempos de rabiosa novedad y burbuja editorial, Ollo ha conseguido que ‘El mundo de ayer’, de Zweig, supere la treintena de reimpresiones.

Algo similar le ocurrió a Ofelia Grande, actual directora de Siruela, un sello en el que lleva más de veinte años y que ha publicado libros míticos como ‘El mundo de Sofía’, de Jostein Gaarder, y más recientemente a Irene Vallejo, cuyo ensayo ‘El infinito en un junco’ cuenta ya con casi cuarenta ediciones y más de una veintena de traducciones. Siendo aún muy joven, Ofelia Grande cambió el mundo del derecho por el de los libros. Tenía apenas 30 años cuando sustituyó a Jacobo -Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, pero ya le sobraba criterio tras su paso por Anaya y Alianza, lo cual le permitió mantener la calidad literaria de Siruela a la vez que diversificó un catálogo en el conviven Fred Vargas con María Elvira Roca Barea.

Más de dos décadas después, Ofelia Grande dirige un equipo de 21 personas, de las cuales 18 son mujeres. Como sus colegas, ella es consciente del peso que tuvieron en la industria pioneras como Flora Morata o la valenciana Amparo Soler. «Eran mujeres que llevaban una editorial al mismo tiempo que sacaban adelante sus hijos. Cuentan los mayores del sector que, en una mesa de 25, Amparo Soler era la única mujer», dice Grande al otro lado del teléfono.

Lo mejor de dos mundos

Editoras como Núria Tey confirman la hipótesis de los grandes grupos como aceleradores del fenómeno. En 1977, mucho antes de saltar a la actual Plaza & Janés, Tey comenzó en la editorial Grijalbo, que entonces publicaba los bestseller del momento: Irving Wallace, Jacqueline Susann, ‘El padrino’, de Mario Puzo…. En aquellos comienzos junto a Juan Grijalbo y Ana Dexeus, Nuria Tey perfeccionó un afilado sentido del olfato y desarrolló una intuición como pocas. Fue ella quien publicó ‘Los pilares de la tierra’, de Ken Follet, convirtió ‘La catedral del mar’, de Ildefonso Falcones, en superventas y se atrevió en 2012 con E.L. James y sus ‘Cincuenta sombras’, la saga erótica (el porno para mamás lo llamaron) que dinamizó un mercado machacado por la crisis económica y marcado por la amenaza del libro electrónico frente al papel.

«Cuando me incorporé a Plaza & Janés, que ya pertenecía a Bertelsmann, pasé de una empresa familiar a una multinacional. Allí descubrí un mundo distinto, la mentalidad era más abierta y gocé de una libertad total». Más que carrera en la multinacional, Nuria Tey hizo historia. Tenía a su cargo nueve sellos: Plaza y Janés, Grijalbo, Suma de Letras, Suma Internacional, La Campana, Rosa dels Vents, Aguilar, Conecta y Grijalbo Ilustrados. Su división concentraba casi todos los bestsellers del grupo: desde Isabel Allende y Stephen King a Julia Navarro. «Las empresas pequeñas siguen siendo necesarias en el mundo editorial, pero el modelo de gestión de los grandes grupos te da alas. Tienes que publicar y ofrecer libros para todos los gustos, no puedes personalizar los gustos literarios porque tienes que facturar», explica la veterana editora, quien dice mantener el radar encendido a pesar de haberse jubilado.

Hubo quienes avanzaron en dirección opuesta. Le ocurrió a Silvia Sessé, que pasó de revolucionar el catálogo de Destino (Planeta) con la saga ‘Millenium’, de Stieg Larssson, y la trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, a dirigir Anagrama, la editorial literaria por excelencia fundada por Jorge Herralde en 1969. De hecho, fue el propio Herralde quien la eligió como sucesora una vez que el sello entró a formar parte del grupo Feltrinelli. Ya entonces Sessé tenía experiencia suficiente para saber dónde se movía y justo por eso es tan clara al momento de evaluar el alcance de determinados cambios.

«Siempre he visto mujeres importantes en la edición, y también editores como Herralde, que han abierto camino a los estudios de género y el ensayo feminista con colecciones como ‘La educación sentimental’, que fue muy activa en los ochenta», asegura sin perder de vista que, además de la incorporación de las mujeres en todos los ámbitos profesionales, toca analizar cuál es su remuneración y si se corresponde con la de los hombres, o si su trabajo tiene facilidades y apoyos parecidos.

Entre veteranas y millenials

La escritora Luna Miguel se muestra tan escéptica y prudente como Silvia Sessé al momento de hablar de una industria editorial femenina, acaso porque ha mamado los libros desde la cuna. Hija de Ana Santos Payán (1972- 2014), la fundadora de Ediciones del Gaviero, Luna Miguel se enfrentó muy pronto a la orfandad y la literatura. Y lo hizo tras la estela navegante de su madre.

Con apenas veinte publicó su primer poemario, ‘Estar enfermo’, en La bella Varsovia, editorial creada por Elena Medel en 2010. Ya entonces trabajaba como periodista en el diario ‘Público’, donde mantuvo una columna y cultivó el binomio entre la literatura y el periodismo. Mucho antes de que existiera algo llamado ‘influencer’, ella usó sus redes sociales no sólo como plataforma expresiva, sino para hacer visible su personaje en construcción.

Tras publicar ocho poemarios, además de ensayo, relatos y una novela, la novísima dio un paso al frente como editora invitada en sello Caballo de Troya, una fórmula que puso en marcha Claudio López Lamadrid tras la jubilación de Constantino Bértolo. Allí, Miguel publicó a jóvenes promesas como Margarita Yakovenko, pero también a autoras ya conocidas como Aixa de la Cruz, cuyos libros habían sido publicados por Salto de página y Lengua de Trapo.

Sobre el predominio femenino o tal cosa como un futuro editorial dominado por mujeres, Luna Miguel insiste en que no se trata del número de mujeres que forman parte de una plantilla, sino de la responsabilidad que pueden asumir en esa estructura. «Lo hablamos dentro de 10 años», dice al respecto la actual editora externa para los sellos literarios de Penguin Random House.

Escepticismos a un lado, resulta evidente la existencia de una cantera en marcha desde hace ya mucho tiempo. Si alguien puede atestiguarlo es Javier Aparicio Maydeu. Después de trabajar durante más de quince años con Carmen Balcells y dedicarse de lleno al mundo académico, este doctor en Filología fundó el Máster Internacional en Edición de la Pompeu Fabra, un programa adscrito al instituto de negocios de la universidad y que desde el comienzo contó con el apoyo de los principales profesionales del libro.

«La presencia de mujeres en el mundo editorial ha sido siempre numerosa; el problema surgía al llegar a los cargos de CEO, casi todos ocupados por hombres, con la excepción de Nuria Cabuti», describe Aparicio Maydeu, también fundador junto con Patrici Tixis y Sergio Vila-Sanjuán del prestigioso Forum Edita, un encuentro internacional realizado de manera conjunta por el Gremio de Editores de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona, la FGEE y el máster de la Pompeu. «Creo que en el sector habrá cada vez habrá más Elenas Ramírez, más Silvias Sessé o Pilares Reyes. Ya no será tan fácil imponerles un consejero delegado».

No lo dice por voluntarismo, sino porque tiene las pruebas en la mano. Valeria Bergalli, alumna de la primera promoción, convirtió su proyecto de grado en la editorial independiente Minúscula, creada en Barcelona en 1999. En la última década de un máster que cumple 25 años, las mujeres han pasado a ocupar el 75 por ciento del alumnado: «Suponen dos tercios de los estudiantes y todas provienen de distintos lugares del mundo: son americanas, colombianas, francesas, españolas… La mayoría acaba desempeñando cargos de responsabilidad o han fundado su propia empresa».

La tarea que comenzaron pioneras como María LejárragaConcha MéndezMarie-Christine del Castillo-Valero o Amparo Soler la continuaron Esther Tusquets y Beatriz de Moura. Fueron ellas quienes sentaron las bases de una industria editorial moderna en español, una lengua que hoy suma casi 500 millones de hablantes. Repartidas a ambos lados del Atlántico, tanto las editoras veteranas como las noveles han navegado las mismas aguas broncas hasta convertirse, ellas también, en capitanas de sus propios barcos.

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