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La última paciente del último hotel-hospital: «Esto no ha acabado»

Más de 2.079 enfermos de Covid-19 fueron tratados en el Hotel Ayre Colón, y 4.500 en otros trece establecimientos

Este fue el primer hotel en abrir y el que más tarde se ha cerrado, tras casi 15 meses de actividad asistencial

Belén Álvarez recoge sus enseres personales y los mete en una mochila. Está a punto de abandonar la habitación del Hotel Ayre Colón donde ha estado encerrada la última semana, aislada por Covid-19. Es la última paciente en abandonar el centro, un auténtico apéndice del Hospital Gregorio Marañón con el que está conectado hasta por los equipos informáticos. Pero la pandemia va perdiendo la partida y el edificio volverá en breve a ser un receptor de turistas con ganas de disfrutar de Madrid. Este fue el primer hotel medicalizado, una novedad en España que nació de un plan presentado el 12 de marzo de 2020 por la necesidad de armarse contra un enemigo común: el coronavirus. Fue el primero

 en abrir y será el último en cerrar, tras casi 15 meses en los que han pasado por sus nueve plantas 2.079 pacientes, sesenta de ellos niños, y 230 sanitarios.

Belén vino aquí porque «en casa no podía mantener la distancia necesaria con mi chico, y él no era positivo». Trabaja en un hotel de Gran Vía, así que cuando le hablaron de esta posibilidad, no se sorprendió. Esta última noche ha sido ya la única paciente, y se notaba: «No se escuchaba ni una tele, ni un ruido». Habla maravillas del personal, que «es espectacular» y «te hacen la vida muy fácil». Todo un mérito, teniendo en cuenta que no podía salir de la habitación en todo el día. «Pero hay una rutina muy marcada, que ayuda». A las ocho, comunicar por teléfono las constantes: fiebre, saturación, pulsaciones…. A las nueve, desayuno. Después, visita de enfermero y medicación. Nuevas tomas de control a las tres de la tarde y a las diez de la noche… Largas jornadas en las que «he podido teletrabajar, y ponerme al día con las series», sonríe. A la hora de su marcha, lanza un mensaje «a los jóvenes: esto no es una broma, es de verdad. Que se cuiden y cuiden a los que tienen cerca. Esto no ha acabado, el virus no se ha ido».

José Luis Escalante es el coordinador asistencial del hotel. Llegó el primer día, el 19 de marzo, y no se ha movido de aquí desde entonces. «Jamás de los jamases nos habíamos encontrado en una situación así», recuerda, al tiempo que sitúa este establecimiento como ejemplo de «la flexibilidad del sistema sanitario madrileño».

«Otra planta» del Marañón

El hotel se medicalizó «en 24 horas. En cada planta hay controles de enfermerías;de hecho, éramos una planta más del Gregorio Marañón». Se han visto pasar enfermos de todas las edades, «desde una señora embarazada que se fue para dar a luz, a otra con un bebé de dos días, o un señor de 95 años». «Familias enteras», confirma Cristina Arias, supervisora de enfermeras.

Alicia, auxiliar: «Al principio venía con mucho miedo; recuerdo que al llegar, me decía ¿pero dónde me estoy metiendo?

El dispositivo se ideó para liberar camas en los hospitales: aquí se derivaban aquellos pacientes en proceso de curación a los que les quedaban aún cinco o seis días de hospitalización; y los que en Atención Primaria veían que necesitaban cumplir cuarentena y no podían hacerlo en casa por falta de medios o por convivir con personas de riesgo. En algunos casos, muy pocos, desde aquí ha habido que trasladarlos al hospital por un empeoramiento. Lo que más han agradecido los más de doscientos sanitarios que han trabajado estos quince meses en el Ayre Colón ha sido «la posibilidad de ser útiles». En plena pandemia, pertenecían a especialidades con menos demanda: profesionales de quirófanos, de maxilofacial, neurofisiólogas, médicos de laboratorio, con la agenda suspendida por la crisis sanitaria… y que vieron de este modo la posibilidad de ayudar.

Enfermeros, auxiliares y médicos, sin distinción –«con la EPI puesta tampoco te distingues»–, visten de rabioso naranja, con las letras «Quirófano» bien visibles en los uniformes. «Necesitábamos contar con un recurso excepcional, que permitiera el cambio diario: lo que más había era esta ropa naranja de la zona de quirófanos, que nadie usaba porque estaban suspendidas las cirugías». Estos jovencísimos equipos han hecho piña estos meses: «Aquí se trabaja como en una familia», aseguran. «El mal nos ha unido», bromean.

Enfermero y paciente

Alicia, auxiliar, estaba en el paro cuando escuchó «en un Telediario que pedían voluntarios para este trabajo». Y se plantó allí. Reconoce que «al principio venía con mucho miedo. Recuerdo que llegando aquí me decía: ‘¿Pero dónde me estoy metiendo?’». Ahora se alegra de haber vivido «una experiencia superenriquecedora».

Como lo ha sido para Miguel Ángel León, enfermero y también paciente del Ayre. «Yo llegué el 23 de marzo, por la noche, y los enfermos ocupaban hasta la cuarta planta; bueno, pues en unos días estaban ya hasta en la novena. Era muy duro, un sin parar. Los pacientes llegaban de veinte en veinte, los pobres no sabían ni dónde venían…». En agosto, «por una PCR casual que me hice para ir a ver a mi madre, me dijeron que era positivo», por lo que pasó allí el aislamiento. Ahora, les han renovado el contrato «hasta el 31 de diciembre», y ayer mismo esperaban nuevo destino.

El personal sanitario ha atendido a personas «en veinte lenguas distintas» –llegan también los positivos procedentes de Barajas–, y ha ayudado a hacer más cómoda la estancia proporcionando ‘tablets’ o libros a los ingresados. Según datos del consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, en el conjunto de los trece hoteles medicalizados en Madrid se han atendido más de 4.500 pacientes, «liberando esas camas de los hospitales». Ahora, quienes necesiten este servicio son traslados al Centro Vitalia Canillejas.

El Ayre Colón también alojó sanitarios que no podían volver a casa durante el temporal Filomena. Y ahora se prepara para retomar su actividad. Su director, Alberto García, explica que tras la desinfección que realizará Sanidad, se abrirá la restauración la próxima semana y uno de los edificios antes de fin de mes. Ya tienen reservas.

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