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La primera alerta de China a la OMS llegó a un edificio vacío: «Estábamos de vacaciones»

Tedros Adhanom Ghebreyesusha
Tedros Adhanom Ghebreyesusha
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María Teresa Benítez de LugoABC

La Organización Mundial de la Salud justifica un año después por qué tardó en declarar la pandemia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no organizará este jueves ningún evento para celebrar el primer aniversario de la pandemia. Mientras la nueva enfermedad hace estragos en el mundo, la OMS sigue justificando su gestión y evita utilizar este término porque, según el organismo, la verdadera alerta se proclamó el 30 de enero de 2020 al declararse la emergencia sanitaria internacional.

El portavoz del organismo Tarik Jasarevic explicó a ABC que la OMS no declaró entonces ninguna pandemia. «Se declaró emergencia cuando había 98 casos confirmados de Covid-19 y ningún muerto. Lo que ocurrió fue que los países tardaron en reaccionar», se defiende.

Otro de los motivos para no declarar la pandemia es que el término

 no existe jurídicamente en la reglamentación sanitaria internacional. Y que se temía asustar al mundo cuando no cambiaba la evaluación de la amenaza que representaba el virus ni la acción de la OMS o de sus países miembros. «La Organización Mundial de la Salud lo único que hizo fue caracterizar la nueva enfermedad como pandemia», insiste.

En marzo del año pasado había en todo el mundo unos 118.000 casos de infección, repartidos en 114 países, y 4291 víctimas mortales. Actualmente, la pandemia afecta al 99% de los países y ha causado unos dos millones de muertos. Una crisis sanitaria que ha cambiado nuestra forma de vida y que se espera controlar con la llegada de las vacunas.

Un edificio vacío

Más allá del 11 de marzo hay otras fechas que están en el recuerdo de la agencia sanitaria de Naciones Unidas. Desde el momento en el que las autoridades chinas contactaron con la oficina de la OMS en aquel país, el 31 de diciembre de 2019, el papel que ha jugado esta instuición ha sido crucial. La alerta por un caso de infección debido a una neumonía desconocida detectada en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei, tuvo consecuencias inimaginables.

Fue hace más de un año, en Año Nuevo. Ese día llegó la información a la sede del organismo, en Ginebra. Un correo electrónico que entraba en los ordenadores de un edificio vacío ya que los funcionarios estaban ausentes por las fiestas de la San Silvestre. «Estábamos de vacaciones», recuerda el portavoz de la OMS a ABC, sin querer hablar más del tema.

Desde entonces el trabajo de la institución ha gestionar las recomendaciones sanitarias para todos los países, pero también evitar, por todos los medios, las criticas por su gestión. La OMS era consciente de que sus recomendaciones tendrían consecuencias económicas sin precedentes y que no se limitarían al ámbito sanitario -distanciación social, uso de mascarillas, vacunas o tratamientos- sino que acarrearían medidas económicas drásticas como el cierre de las fronteras y los confinamientos.

La pandemia reveló la fragilidad de los sistemas sanitarios y colocó las políticas de salud en el primer plano de las agendas gubernamentales. También, puso en evidencia la falta de preparación de los países frente a este tipo de crisis. No habían suficientes mascarillas como tampoco hay, ahora, bastantes vacunas para inmunizar a la población.

El problema de la escasez de medios de protección frente al virus se repite ahora con las vacunas porque a pesar de la velocidad con la que se han puesto a punto e incluso, los más optimistas no concebían que a principios de 2021 hubieramos avanzado tanto su fabricación es compleja y. por otra parte, los laboratorios farmaceúticos defienden sus patentes.

Acceso a vacunas

Una iniciativa presentada ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), a principios de febrero, apoyada por más de cien países, además de la OMS, fracasó y el acceso universal, a las vacunas contra el coronavirus, se ha convertido en la manzana de la discordia entre países industrializados y países en desarrollo. Algo que la agencia sanitaria de la ONU quería evitar a toda costa para garantizar el acceso univeral a este fármaco.

Escepticismo también sobre su investigación acerca de los orígenes del virus. El pasado mes de enero, los expertos de la OMS lograron viajar a China. Sabían que su labor sería muy complicada, porque ningún país desearía ser acusado de provocar una pandemia internacional, pero regresaron sin conseguir la absoluta cooperación de sus homólogos chinos. En este aspecto el organismo tiene aún mucho camino por recorrer.

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