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La OTAN prepara una nueva doctrina para contener a Rusia y a China

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El secretario general propone la financiación colectiva para las misiones de disuasión en los países de la Europa Oriental y el Báltico

La OTANva a aprovechar la llegada de una nueva administración en EE.UU. para revisar su doctrina militar e incluir las amenazas que suponen tanto la política agresiva de Rusia como el incremento de la potencia militar de China, sin olvidar las repercusiones del cambio climático. Una mayor apuesta por mantenerse a la cabeza de los avances tecnológicos que van a tener consecuencias todavía imprevisibles y una nueva financiación conjunta de las operaciones de disuasión en territorio europeo.

Los ministros de Defensa aliados se reunieron ayer por vía telemática por primera vez con la participación del nuevo secretario norteamericano de Defensa, el general retirado Lloyd Austin, para escuchar las propuestas del secretario general, Jens Stoltenberg, sobre la actualización

de las estructuras de la Alianza. La última revisión de la doctrina aliada se produjo en 2010, todavía con la presión de la amenaza terrorista y con la misión en Afganistán en pleno desarrollo. «El entorno de nuestra seguridad ha cambiado mucho desde entonces», dijo ayer Stoltenberg al término de la primera jornada de reuniones, «y no solamente por la aparición de elementos nuevos como la emergencia de China como potencia global, sino porque entonces, por ejemplo, buscábamos una asociación estratégica con Rusia y en este tiempo Moscú ha tenido un comportamiento muy agresivo con sus vecinos y se ha anexionado ilegalmente Crimea. Y este nuevo concepto debe reforzar los lazos entre Europa y EE.UU. Espero que los jefes estén de acuerdo y me confíen la tarea de definir ese concepto estratégico» en la cumbre que tendrá lugar a fines de año.

Los ministros han hablado también de los gastos militares y en este sentido Stoltenberg pidió a los aliados que mantengan los presupuestos de Defensa, sin dejar de recordar que todos los países de la OTAN ya han aumentado el gasto militar en los últimos años, unos 190.000 millones de dólares desde 2014. «Tenemos que hacer más, debemos mantener el impulso actual, pero es bueno que los aliados están cumpliendo con el compromiso que hicieron en 2014», dijo usando una referencia temporal en la que el presidente norteamericano que lo proponía no era Donald Trump, sino su antecesor Barck Obama, «y Joe Biden era su vicepresidente». Entonces los aliados se comprometieron a destinar un 2% del PIB a gasto militar antes de 2024.

Innovaciones tecnológicas

La novedad entre las propuestas del secretario general es la financiación colectiva de las operaciones de disuasión en territorio europeo, que a su juicio sería «una oportunidad inédita para hacer que el lazo transatlántico sea el cimiento de nuestra seguridad después de estos años difíciles». En estos momentos, cuando un país participa en una de estas misiones en Europa Oriental o en los países bálticos corre con sus propios gastos. «Mi propuesta es que una parte de ese coste lo cubra la OTAN, puesto que así se mostraría un mayor apego a la defensa colectiva y sería una distribución más justa de los costes».

En cuanto a las innovaciones tecnológicas, el secretario general es consciente de que cosas como la inteligencia artificial o el reconocimiento facial «van a cambiar el escenario de combate y debemos estar en la primera ola», pero la OTAN «también deberá afrontar también las cuestiones éticas que surgen del uso de estas tecnologías y, aunque no hay respuestas fáciles, habría que diseñar un marco ético mínimo para su uso».

La referencia novedosa al cambio climático está orientada también hacia una mayor integración de la defensa con las inquietudes sociales de los ciudadanos de los países aliados y no se refiere solamente a que los tanques tengan motores de bajas emisiones, sino a tratar de prever los efectos en materia de seguridad de los desequilibrios climáticos, como ya ha sucedido en la situación creada por la pandemia de Covid-19, donde los militares de los distintos países han jugado un papel importante «para evitar que la crisis sanitaria no se convierta en una crisis de seguridad. Nuestra reactividad y nuestra preparación ha de mantenerse como ha sido estos meses, cuando los militares de la OTAN han apoyado a los esfuerzos civiles, con transportes u hospitales de campaña».

Con Finlandia y Suecia

En la reunión han participado además de los ministros de los 30 países miembros, los de Finlandia y Suecia, que no lo son pero cooperan frecuentemente, además del Alto Representante para la política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell.

Hoy está previsto que los titulares de defensa discutan sobre la situación en aquel país y su inminente retirada. En las conversaciones de paz entre el Gobierno afgano y los talibanes se decidió que las tropas aliadas que quedan allí, actualmente unos 10.000 soldados, saldrían el 1 de mayo, pero como explicó Stoltenberg, «ese acuerdo de retirada es condicional y todos los compromisos deben respetarse. Los talibanes deben mantener su parte del acuerdo», poniendo fin a la violencia «de buena fe» y dejando de apoyar a Al Qaida. A pesar de las prisas que dejó Trump, el criterio es que «nos iremos cuando llegue el momento».

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