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La imputación de Cospedal abre la vía para investigar el rol que jugó el PP en la operación Kitchen

La causa por el espionaje a Bárcenas cobra nueva dimensión con la antigua cúpula de Interior ya imputada

La decisión del titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, de imputar a la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal y su marido, Ignacio López del Hierro, en la causa que se sigue por la Operación Kitchen, abre una nueva vía en la investigación del espionaje al extesorero Luis Bárcenas para indagar hasta qué punto estuvieron involucrados los dirigentes del partido, una sospecha que planea desde el inicio de las actuaciones. Es, así, un punto de inflexión.

Hasta ahora, la investigación había enfocado al Ministerio del Interior empezando desde abajo: el chófer de Bárcenas que fue principal confidente de la trama, los comisarios involucrados en su captación

y pago con fondos reservados, los mandos que lo consentían y, arriba del todo, el secretario de Estado Francisco Martínez y el propio ministro Jorge Fernández Díaz, a quienes se imputa conocimiento de la operación.

Sin embargo, no se ha llegado a despejar la X y esclarecer, si quiera indiciariamente, de quién partió la idea, como sigue abierta la posibilidad de que hubiera más involucrados. En este contexto, para los investigadores es relevante investigar el papel que jugaron los propios dirigentes del Partido Popular, pero el salto a esta otra rama de la Kitchen, instada por la Fiscalía Anticorrupción en septiembre del año pasado, se ha pospuesto hasta ahora. El juez entendía que los indicios que constaban entonces contra Cospedal eran meras «referencias de terceros» y tocaba empezar por lo que parecía más atado, la responsabilidad en Interior como «centro nuclear» de la trama.

El nuevo material

La situación, sin embargo, ha cambiado bastante desde entonces. Y no sólo porque haya una parte de la investigación que se ha desarrollado bajo secreto y en la que, además de una declaración testifical de Bárcenas, obran los móviles intervenidos al que fue su chófer y espía, pieza clave del puzzle. Sino porque en un giro de los acontecimientos, los investigadores se incautaron el pasado octubre de 13 agendas de Villarejo que son justo de las fechas en que tuvieron lugar estos hechos y están llenas de referencias que ahora, tras tres años de instrucción sobre Kitchen, se han contrastado con lo ya averiguado. Y coincide. Es de esas anotaciones de donde nace la necesidad de llamar a Cospedal.

Villarejo seguía el mismo método en todas sus agendas, libretas en blanco donde él mismo anotaba la fecha. Un nombre o mote en mayúsculas, una línea y guiones con comentarios, ya fuese una reunión, una gestión pendiente o la conclusión, obviamente subjetiva, que extraía de una ya realizada. En esas agendas, como exponía ayer el juez en el auto de imputación, «MD» o «Cospe» es Cospedal, «ILH» es su marido, y «ORTI», José Luis Ortiz Grande, el que fuera su asesor en buena parte de su carrera, que ha sido imputado igualmente por estos hechos. «Barc» o «LB» es Bárcenas y «Chisco», Francisco Martínez, el dos de Interior.

En las nuevas libretas analizadas constan anotaciones previas y posteriores a la operación con tal precisión que permiten, en palabras del juez, «situar temporalmente el nacimiento de la Kitchen». «Comienza con una anotación del 11 de julio de 2013 en la que junto a las siglas CHISCO se lee ‘Plan contra LB. Interv. comunicaciones, registros y citación de mujer e hijo’».

«Es en este momento cuando se detecta una cadena de anotaciones que permiten inferir la participación de Cospedal y López del Hierro en la captación de Sergio Ríos», el chófer confidente, para la operación, dice el instructor. Considera que la intervención de ambos a través de un policía de confianza de la exdirigente popular, Andrés Gómez Gordo, «pudo ser decisiva» para que el conductor, alias «cocinero», «se decidiera a participar» en el espionaje a Bárcenas.

Las coincidencias con lo ya investigado

En el sumario ya consta que el comisario Enrique García Castaño contactó en primer lugar con Ríos, pero este receló y llamó a Gómez Gordo, al que ya conocía. Las agendas coinciden en la secuencia de los hechos y añaden la variable de que el comisario informaba al secretario de Estado de todo. «Problemática por posibles grabaciones de LB», «pendiente conductor LB», son notas de esos días asociadas a Chisco.

Constan a continuación las siglas de Ignacio López del Hierro con un «Aviso contacto Sergio. Él se encarga de hablar con Andrés Gordo», otra relativa a Martínez que reza: «Forzando contacto con chófer LB»; y una más de Cospedal: «Varios contactos y posible cita».

Hay además un apunte que el juez tilda de «sorprendente» del 19 de julio de 2013 vinculado a ese policía: «Espera recibir instrucc. para recoger discos y graba. y todo lo demás». El botín de la Kitchen eran, según el sumario, papeles y audios comprometedores que estarían guardados en unos discos duros, los mismos que buscaban los policías que allanaron un estudio de la mujer de Bárcenas.

No obstante, antes de llegar a ese punto ya había relación entre los salpicados. De las notas se desprende que el primer objetivo era «salvar al tesorero». Era abril de 2012 y Villarejo dejó escrita una supuesta intermediación de José Luis Olivera, comisario principal que fue jefe de la UDEF y después del CITCO y que está al borde de la imputación. El auto, de hecho, le califica de «investigado», aunque formalmente no lo es. «Le piden ayuda para salvar al tesorero», consta en la agenda junto a «Oli». Se añade un «aviso» del tema a López del Hierro y una nota final: «Charla breve. MD agradece aviso Barc.»

De testifical de Bárcenas a la implicación de Martínez

Bárcenas puso contexto a estas notas en su testifical ante el juez: «Tenía la preocupación con que yo no era Luis el Cabrón y que la Policía hiciese un informe, digamos, alternativo». En aquella época, aún contaba con respaldo del partido, que se extinguió cuando en 2013 se descubrieron sus millones en Suiza y sus célebres papeles.

Según afirmó ante el juez, un «interlocutor» le iba informando de cómo estaban los ánimos. Y de interlocutores, en las mismas fechas, Villarejo anotó que Bárcenas los tenía con Interior y con Cospedal. Da nombres.

El juez considera que la exdirigente popular debe explicar si existieron estas maniobras, si facilitó datos como su email a Villarejo, que lo tenía apuntado; y si son ciertas otras notas como la que dice que pegó la «gran bronca» a Francisco Martínez cuando el caso Gürtel se complicó.

Él, Martínez, también volverá a la Audiencia Nacional porque de las agendas se desprende «la importancia» de la Kitchen para él, que recibía información diaria. «Resulta especialmente sorprendente que un secretario de Estado se involucre hasta ese nivel en un asunto de esta naturaleza», dice el juez. Está por ver si mantiene lo declarado, que todo era legal y su jefe lo sabía, o apunta más allá, en busca de la X de Kitchen. Villarejo, citado igualmente, ahora dice que el caso llega hasta Mariano Rajoy.

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